Una historia sanjuanina entre el dolor y el recuerdo de AMIA
Recuerdo, dolor y un pedido de justicia latente. Cada año una familia sanjuanina revive ese fatídico día que le quitó los sueños a un joven de 18 años, Jorge Antúnez.
Hace 26 años, el destino quiso que Jorge estuviera en el lugar equivocado. Trabajaba en un café ubicado frente a la AMIA y fue hasta el edificio a entregar un pedido. A las 9:53hs del 18 de julio de 1994, una bomba terminó con su vida y la de 84 personas más.
Jorgito, como lo llamaba su familia, era un chico hiperactivo, cariñoso y con muchos proyectos por delante. Tuvo una infancia muy particular y su muerte marcó a todos sus seres queridos para siempre. “Con Jorge nos criamos juntos en San Martín. Tuve la suerte de vivir con él en Buenos Aires, parábamos en la casa de nuestro tío” relata Gustavo Antúnez, su primo hermano.
Gustavo regresó un año antes de Capital Federal, sin saber que sería la última vez que vería a su primo. “El lunes 18 de julio, yo estaba trabajando y recuerdo que había un revuelo en el café de Ignacio de la Roza y General Acha, uno de mis compañeros fue a preguntar y cuando volvió nos contó del atentado”. Antúnez tuvo una especie de presentimiento y de forma inmediata intentó contactarse con sus familiares de Buenos Aires, sin tener resultado.
Ahí comenzó una semana particular para la familia de Jorge. No tenían noticias del joven y la incertidumbre sobre su paradero era cada vez mayor. La única certeza era que el chico había salido del café y nunca más volvió. A su primo le tocó la difícil tarea de tener que avisarle a su abuela, “lo único que podía decirle era que estaba desaparecido. Mi abuelita me dijo que seguramente ya estaba con Dios”.
El cuerpo de Jorgito fue encontrado el 25 de julio. “Cuando estaban sacando una de las últimas lozas de la planta baja lo encontraron a él y a cinco personas más”. El relato de lo sucedido muestra el dolor de Gustavo. “Fue un calvario para toda la familia, hoy nos queda solamente resignación”.
Pasaron 26 años y el dolor no cede. Jorge le dejó sus mejores momentos no solo a su familia, sino a sus amigos y a la gente que lo rodeaba. Para su primo, es un día especial, como cada año, pero con la diferencia de querer expresar la tristeza que lo invadió durante tanto tiempo. “Va a ser un día muy particular. A él lo voy a recordar con el corazón y pensando siempre en la memoria y la justicia para Jorgito y para el resto de las víctimas del atentado”.
Danisa Páez Oruste/ Vanina Cruz Introini