Los gobernadores del PJ quedaron en el centro de la disputa electoral
Daniel Scioli recibió en su teléfono el llamado de tres gobernadores del PJ con un mensaje de “apoyo” para que siga adelante. Esto fue confirmado por el entorno del referente político y, además, fue un rato después de confirmar a Victoria Tolosa Paz como su precandidata a gobernadora.
El embajador en Brasil está muy movedizo, a pesar de los intentos de un sector de la coalición por menospreciarlo: “Es él solo con un WhatsApp”, dijo alguien. En verdad, es mucho más que eso. Lo cierto es que Scioli va al frente. No fueron solo tres gobernadores: en el interior del país aseguran que el ex gobernador ya se ocupó de hablar en los últimos días con muchos de sus ex colegas para avisarles que, por ahora, no tiene pensado dar un paso al costado. Que quiere el apoyo de ellos o que, al menos, existan reglas claras.
Será parte del menú de la discusión que el próximo miércoles mantendrán los gobernadores del PJ y aliados en el edificio de San Martín y Tres Sargentos -se debate, en la previa, un documento alusivo-, en el Retiro porteño, en el Consejo Federal de Inversiones que encabeza Ignacio Lamothe, un funcionario del riñón de Eduardo “Wado” de Pedro, el otro precandidato que trabaja a tiempo completo para la instalación de su figura a la espera de que Cristina Kirchner defina si es o no el elegido. En las oficinas del ministro trabajan como si la decisión ya se hubiera tomado.
Los gobernadores están inquietos. Algunos, como en aquella película de Pedro Almodóvar de fines de los ‘80, protagonizada por Carmen Maura, incluso al borde de un ataque de nervios, por un contexto particular que en los últimos meses bajó a muchos de ellos al terreno de los mortales: nunca antes se vieron tan amenazados. En este caso, por una Corte Suprema que todavía promete novedades.
A Juan Manzur y a Sergio Uñac, por ejemplo, el máximo tribunal les impidió con un fallo buscar la reelección -en el caso del tucumano, debajo de Osvaldo Jaldo-. El caso Tucumán está plagado de trascendidos. El más osado da cuenta de negociaciones previas entre el gobernador y un sector del tribunal que alguien incumplió. Más allá de las versiones, Manzur esperaba un triunfo holgado para proyectarse a nivel nacional.
Eterno, Gildo Insfrán ahora espera desafiante: no vaya a ser que a la Corte también se le ocurra impedirle competir tras la presentación que llegó desde Formosa al tribunal. El formoseño es habilidoso, y sus abogados en Buenos Aires son muy pragmáticos. Puede dar fe el expediente Ciccone-The Old Found.
En Entre Ríos, Gustavo Bordet tuvo que unificar los comicios ante la única posibilidad de que el PRO, de la mano de Rogelio Frigerio, no termine con el reinado del peronismo: con una ayuda de los votos de Javier Milei.
En Santa Fe, con Omar Perotti impedido de buscar la reelección -así lo establece la constitución provincial-, el PJ corre muy serios riesgos de ser derrotado en manos del frente de frentes del PRO, la UCR y el socialismo. Para colmo, el cierre de listas del oficialismo -el gobernador y el kirchnerismo-La Cámpora van separados- dejó heridas sin saldar.
Jorge Capitanich está ansioso y expectante. Hay quienes creen que también está cansado. “Siempre tuvo un objetivo nacional”, explican desde el Chaco. Muy cercano a Axel Kicillof, cerca de “Coqui” resaltan que el gobernador espera una señal de Buenos Aires desde hace más de una década. El 20 de octubre del 2010, siete días antes de morir, en su último acto público, Néstor Kirchner lo señaló como “uno de los grandes políticos de la Argentina”. Desde ese momento, el gobernador aguarda una bendición que por ahora no llegó. El próximo domingo 18 buscará la reelección provincial, en unas PASO que llevan, por separado, sin internas, cuatro listas del peronismo. Capitanich todavía espera un triunfo que lo posicione en el sprint final del cronograma de cierre de listas, antes del 24, como un actor de peso en la mesa de negociaciones. Su participación el próximo miércoles en el CFI aún no está definida justamente por los comicios locales.
El caso de Alberto Rodríguez Saá, de San Luis, es más que llamativo: de un día para el otro, después de defender en la puerta del CFI reiteradas veces en estos años al kirchnerismo y posicionarse como uno de los voceros de la pelea con la Corte, bajó el perfil y se abrió de esa liga de gobernadores.