2025-01-19

OPINIÓN

“Sensatez y sentimientos” en la política exterior de Trump

En la novela de Jane Austen “Sensatez y sentimientos” (Sense and sensibility), publicada en 1911, la autora juega con una cierta tensión entre una de las personajes, Elinor Dashwood -que encarna la razón, la moderación y la sensatez- y Marianne Dashwood -gobernada por sus emociones, por ser sincera, visceral y expresar libremente sus sentimientos-. A Elinor la sensatez le permite transitar por el laberinto del complejo entramado social en el que se desempeña, a Marianne las emociones y la sinceridad en la expresión de sus sentimientos la expone a decepciones y golpes, al tiempo que la muestran más vulnerable.

Esta tensión no solo se ha expresado en la literatura, en el cine también ha rendido sus frutos. Una película ya clásica, como “Fuerte Apache” (Fort Apache, 1948), una de las primeras que trató con respeto a las culturas americanas e inició un revisionismo histórico en ese sentido, lo muestra. Un joven John Wayne interpreta al capitán Kirby York, un oficial juicioso y equilibrado que conoce el terreno y parcialmente a los pueblos nativos con los que prefiere buscar la paz empeñando su palabra para lograrlo. Su contraparte no es el jefe apache Cochise, sino su superior, el Teniente coronel Owen Thursday, interpretado por Henry Fonda, que representa la ambición, la precipitación, la jactancia y cierto orgullo de clase, aunque también el valor extremo, el sentido de mando y la camaradería hasta lo indecible.

Sería extremadamente largo, tedioso y olvidaría infinidad de casos si me propusiera enumerar este juego expresado tanto en la literatura como en el cine, estos ejemplos ya son más que elocuentes; pero veamos algunos casos reales a lo largo de la historia.

Hay hombres de Estado que han encarnado, o pretendido hacerlo, cierta sensatez. El príncipe Bernhard von Bülow, canciller del Imperio Alemán entre 1900 y 1909, en su obra “La política Alemana”, publicada en castellano en 1915, hace referencia a un discurso pronunciado en 1906 en el que sostuvo: “La tarea encomendada a nuestra generación consiste en conservar nuestra situación continental, fundamento sólido de nuestra situación universal, y en cultivar nuestros intereses ultramarinos, siguiendo una política mundial prudente, discreta, razonablemente limitada, de tal manera que no ponga en peligro la seguridad del pueblo alemán ni cause detrimento alguno al porvenir de la nación.” Sin duda el autocontrol y la sensatez están presentes en sus declaraciones aunque luego la historia teutona tomara otro camino.

Por otra parte, han habido presidentes de Estados Unidos, contemporáneos a von Bülow, que han expresado la realización de los sentimientos y la búsqueda de cierta utopía en política interna e internacional, son los casos del republicano Theodore -“Teddy”- Rossevelt y del demócrata Woodrow Wilson.

“Teddy” Roosevelt (1901-1909) fue la expresión de una política exterior dura desde la perspectiva del “Realismo” en las relaciones internacionales, antes incluso de que existiera la teoría Realista. Con él nació la concepción de la política del “Gran Garrote” -Big Stick- y el primer esbozo de intervencionismo internacional -ajeno a los reales intereses tradicionales estadounidenses- al participar de las soluciones de las competencias imperialistas entre Francia y el Imperio Alemán por Marruecos, o entre Rusia y Japón por Manchuria y Corea. Pero también le corresponde haber incentivado la finalización del Canal de Panamá o haber realizado profundas transformaciones internas, tan necesarias como imposibles antes de su llegada a la presidencia.

Y es que, de la mano de una nueva corriente de pensamiento económico llamada “Institucionalismo”, Roosevelt implementó políticas para proteger a los consumidores -particularmente a los sectores obreros y medios bajos- al tiempo que regulaba y controlaba a las grandes empresas alimenticias, industriales y farmacéuticas. Fue el primero en aplicar con total dureza la “Ley Sherman” que combatía los monopolios, enfrentándose con empresas petroquímicas y ferroviarias y disolviendo o penalizando a grandes compañías consideradas intocables. En el marco de su enorme obra, también creó los primeros grandes parques nacionales y se mostró como un verdadero cruzado contra la corrupción.   

Con respecto a Woodrow Wilson (1913-1921), mantuvo y profundizó el intervencionismo estadounidense llevando a su país a participar activamente, a partir de 1917, de la Primera Guerra Mundial, como así también mantener un fuerte intervencionismo en el continente americano. Sin embargo, esa participación activa luego trocó en propuestas entonces utópicas reflejadas en el “Plan de paz de los catorce puntos”, destinados a pacificar Europa y el Mundo, y en propiciar la creación de la, a la postre fracasada, Sociedad de Naciones.

Esta doctrina calificada de pacifista, conocida como “wilsoniana”, buscaba la propagación de la democracia como sistema político, mantener el intervencionismo internacional de los Estados Unidos y luchar por la libre determinación de los pueblos y grupos étnicos. Era una doctrina que en el fondo pretendía promover la democracia en los rivales europeos de los Estados Unidos, pero, en la prosecución de estas nuevas democracias, se podían impulsar más guerras e intervenciones, justamente el efecto contrario al proclamado.

Ahora, ¿qué sucedería si es un mismo personaje, el hombre más poderoso del mundo, el que encierra en sí mismo la sensatez y el sentimiento? Al menos esto se ha visto en las declaraciones de Donald Trump tras haber ganado las elecciones presidenciales. Por un lado, en el marco de cierta sensatez y pragmatismo para mantener la vigencia de los Estados Unidos como líder del mundo libre, ya durante su campaña presidencial, advirtió que iba a retomar su lucha contra la penetración económica china -subiendo aranceles por ejemplo- a los efectos de no sucumbir en el marco de la competencia internacional que existe desde hace décadas entre ambos países.

Tampoco parecen descabelladas sus ideas acerca de que Europa asuma sus compromisos económicos contraídos en el contexto de su defensa militar, o en exigirle a México un mayor empeño en limitar la inmigración ilegal, en su lucha contra los carteles narcos y en combatir el tráfico de fentanilo hacia los Estados Unidos.

Lo que a priori si parece “insensato” o desmesurado, aunque toda visión se puede modificar de acuerdo a los cambios de contextos o de época, es hablar de la recuperación del Canal de Panamá, de invitar a Canadá a convertirse en un Estado de los Estados Unidos, o declarar terroristas a los grupos narcos mexicanos, abriendo la puerta a una potencial intervención militar en ese país.

Vamos punto por punto. Si bien Trump declaró que la Autoridad del Canal de Panamá cobra cifras “exorbitantes” a los barcos estadounidenses que pretenden circular por él, violando los tratados alcanzados por Torrijos y Carter y considerando que fueron los propios Estados Unidos los que lo construyeron -asumiendo un costo económico y en vidas humanas extremadamente altos- hacen que la realidad sea más compleja. Con sus declaraciones probablemente Trump busca no solo disminuir los costos comerciales o favorecer las empresas navieras de su país, sino evitar cualquier nueva penetración china que ponga en riesgo la navegación por el Canal.

En segundo lugar, también ha retomado su idea, ya expresada durante su gestión anterior, de comprarle Groenlandia a Dinamarca, aunque el primer ministro de Groenlandia, Múte Egede, ha declarado que no está en venta, la isla es en extremo estratégica para los Estados Unidos que siempre poseyó alguna base militar en el lugar. La isla es clave en cuanto a reducir las distancias entre los Estados Unidos y Europa, en cuanto a riquezas minerales y sobre todo en el marco de la “carrera por el Ártico”, desatada entre Rusia, Estados Unidos y Europa.

Si bien, y siguiendo los actos del propio Trump en su anterior presidencia, es más que probable que sus declaraciones sean solo eso, “declaraciones”, es decir que la Casa Blanca hará poco o nada por pretender asumir el control de estas regiones, pero lo cierto es que encierran una serie de preocupaciones y necesidades básicas para los Estados Unidos. Por el lado de las preocupaciones, lo que se busca es denunciar y limitar -a partir de estas pomposas afirmaciones- las penetraciones chinas y rusas a los espacios considerados vitales para Washington que puedan poner en riesgo la seguridad nacional; mientras que, por el lado de las necesidades, está la de lograr beneficios comerciales y limitar el tráfico de inmigrantes y estupefacientes.

¿Prevalecerá la sensatez y el juicio o los sentimientos y la ambición? A simple vista se le adjudicarían los dos primeros adjetivos a las características que todo buen político debería poseer, pero, en esencia, ninguno de los adjetivos es bueno o malo en sí mismo, todo depende de los escenarios, las necesidades de la política y de la suerte. La ambición está en el ADN de un estadista y ser visceral es una característica que les rinde y mucho a algunos de los políticos del presente.

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