2025-02-13

Emotiva historia

El guerrero de los “bellos milagros” que le salvaron la vida tras un choque y volvió a ver al Verdinegro en Primera

Lucas Oyola tiene 32 años. En 2018 perdió el control de su auto y se estrelló contra un árbol. Este jueves llegó a la popular para ver el partido ante Talleres. Lo trasladan en silla de ruedas, habla poco y también señala algunas letras para armar otras palabras.

En una milésima de segundo la vida puede cambiar para siempre. A veces el destino es cruel, pero la fuerza interior puede lograr los avances necesarios para que los “bellos milagros” ocurran. Lucas Marcelo Oyola quedó en estado vegetativo por un choque y los médicos dijeron que no iba a salir de ese cuadro. Pero le declaró la guerra al azar y a los malos pronósticos. Hoy, que ya puede pronunciar algunas palabras y también se comunica señalando letras en una lámina, se dio el gusto de volver a la cancha a ver un partido de Primera División junto a su querido Verdinegro.
Al Hilario Sánchez llegó este jueves en silla de ruedas, acompañado por su hermano Juan Manuel y su novia, Evelin Ruiz, que no lo abandonó en su peor momento. Juan esperó que la ola de calor de este verano diera una tregua para llevar a Lucas a disfrutar de un encuentro de élite tras casi siete años.
Para ver a San Martín ante Talleres de Córdoba, el joven de 32 años fue sentado en el auto de su hermano (la silla de ruedas quedó sujetada arriba del vehículo). Después fue colocado al lado de la tela de alambre que separa la Popular Norte del césped en donde se gesta la historia verdinegra.
Desde hace tiempo, cada vez que la hinchada canta “te llevamos dentro del corazón” -como Lucas todavía no puede seguir el ritmo de las letras- se toca el pecho. En sus retinas seguramente tiene grabadas a fuego aquellas tardes y noches en las que siempre “fue de cantar en la popular”, recuerda Juan.
El primer día en que Lucas asistió al estadio de Concepción tras la desgracia fue en 2022, en una derrota ante Riestra por la Primera Nacional. En aquel tiempo no hablaba y solo podía señalar las letras en el abecedario a gran escala que su familia le había diseñado.
“Se puede mover un poco más y hace tiempo empezó a hablar. Por ahí se fatiga mucho, por eso lo hacemos señalar las letras”, le cuenta Juan Manuel a 0264 Noticias. Cada pequeño avance en su salud para Lucas es una gran batalla ganada, porque sus tiempos no son los de los demás. Con paciencia lucha cada día, y el amor de los suyos sumado a la alegría por ver las campañas de sus equipos (San Martín y River) son el combustible para seguir adelante.

UN MAYO PARA EL OLVIDO

Los Oyola recuerdan bien la fecha. Fue un maldito martes 15 de mayo de 2018 que les puso sus vidas patas arriba. Ese día Lucas almorzó y se bañó. Prefirió no ir a trabajar como albañil (también colocaba aires acondicionados con Juan) porque se había doblado la muñeca. Pero salió a la calle en el Chevrolet Corsa que se había comprado hacía un mes y medio gracias a la venta de su Honda Titán más algunos ahorros.
Su intención era llevar algunos artículos que su novia necesitaba para un baby shower en su casa de calle 12 de octubre entre Libertador y 25 Mayo. Pero no llegó.
“Nunca pudimos saber por qué se le fue el auto. En Balcarce y 25 de Mayo -Santa Lucía- se cruzó de carril y se estrelló contra un árbol”, cuenta Juan Manuel.


Por la demora, Evelin empezó a llamarlo por teléfono, pero no había respuesta. Entonces decidió hacer el recorrido que el joven debía transitar hasta su casa y encontró el auto destruido con su novio en estado inconsciente adentro. “En ese momento nos volvimos locos”, recuerda con dolor su hermano.
“Estaba en estado vegetativo. Nos dijeron que iba a quedar así”, dice el hombre. Lucas estuvo un mes en Terapia Intensiva del Hospital Rawson y después lo pasaron a una sala común. Allí permaneció casi tres meses. Después lo trasladaron a la clínica cordobesa Castillo Morales, en donde le realizaron rehabilitación neurológica durante casi dos años.
Entonces ocurrió el primer “milagro”: “Cuando lo llevamos a Córdoba despertó”, dice su hermano. Con el tiempo notaron que el joven no recordaba el choque y que se había olvidado “de algunas cosas de su vida”, pero “se acuerda de todas las personas”.

DE VUELTA A CASA

Tras aquella etapa en la Docta, a Lucas lo llevaron a la vivienda del barrio San Lorenzo que ahora habita junto a su novia y algunos de sus hermanos (son seis en total, contando a quienes ya se fueron del nido familiar) y su mamá, Esther Antonia Vizcaino. Su padre, Oscar Antonio Oyola, falleció el 9 de diciembre de 2011.
En esa casa cercana a la esquina de Colón y San Lorenzo hay un espacio destinado para la rehabilitación kinesiológica de Lucas. Son tareas que él deberá realizar durante toda su vida, gracias a las que ve mejoras en su movilidad.
Juan Manuel dice que su hermano “fue volviendo de a poco”. “En Córdoba se comunicaba con su novia y conmigo. Primero lo hacía con los ojos. Los terapistas no nos creían”. A los años empezó a “mover la mitad derecha del cuerpo y después fue recuperando la parte izquierda”.
El diagnóstico del hombre es TEC (traumatismo encefalocraneano) grave con cuadriplejia espástica. Los médicos le practicaron una traqueostomía y una gastrostomía, para que pudiera respirar y comer.

UNA VIDA EN VERDINEGRO

“Él es el más chico de nosotros, se coló. Yo lo hice hincha de San Martín”, cuenta Juan (10 años más grande), quien lo llevaba a la cancha cuando Lucas todavía era un niño. “Después viajaba a ver los partidos de visitante. Fue a la cancha de San Lorenzo (foto abajo) y a Mendoza”, asegura.


Una de las enfermeras que lo atendió durante su internación domiciliaria se llama Luana Rodríguez y es la hija de Rodolfo Alberto Rodríguez, símbolo de San Martín, hoy ayudante de campo del técnico Raúl Antuña. Ella le contó a su papá sobre la situación del paciente y el “Roly” le envió de regalo un pantalón del Verdinegro.
Oyola está contento porque su hermano ya puede verbalizar algunos de sus pedidos, por más que continúe apoyándose en las letras que les señala para que ellos formen otras palabras que quiere decir.
Lucas también puede leer y todas las semanas se informa sobre su equipo. Su hermano mayor viajó a Córdoba a ver la final frente a Gimnasia de Mendoza y él siguió el partido por televisión, porque no estaba apto para ese viaje. Su felicidad tras el ascenso a Primera fue delatada por los gestos de su cara.
En pocos días también vuelve River a jugar con San Martín en San Juan. Todavía no sabe si irá a la cancha para ver ese partido. Pero al menos pudo estar este jueves ante la T.
Su vida cambió drásticamente en un desgraciado segundo en el que perdió el control de su auto. Pero hay algo que siempre va a estar con él, pase lo que pase: la innegociable pasión por el Verdinegro. Él sabe que por su fuerza de voluntad y constancia para salir adelante ya merece otros “bellos milagros, y ocurrirán”…

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