2025-04-04

UN PRIVILEGIADO

El sanjuanino que jugó en San Lorenzo y Maradona le regaló una camiseta histórica

Héctor Arnáez fue titular en inferiores y en la reserva del Ciclón. En un club de baby fútbol se hizo amigo de Diego, que le regaló la casaca del Napoli. Además, jugó amistosos contra la Selección Argentina que después ganó el Mundial de México.

Hay historias futboleras que quedan en las sombras porque su protagonista no llegó a Primera y el bajo perfil diluyó la masividad de esos recuerdos de oro. El relato había quedado casi en el anonimato por más que en escena apareciera nada menos que Diego Armando Maradona. El exfutbolista sanjuanino que tuvo semejante privilegio de forjar una amistad con el “Pelusa” formó parte de San Lorenzo de Almagro, un grande que este viernes es rival de San Martín.

Héctor Arnáez (58) lo cuenta como si fueran anécdotas cotidianas que no merecieran sobresalir en algún cuadro del living de su casa. El sanjuanino no solo compartió una emblemática cancha de fútbol 5 porteña con Diego, sino que también lo enfrentó en amistosos entre juveniles del Ciclón y la Selección Argentina.

Arnáez es entrenador y hoy conduce su propia escuelita de fútbol, llamada La Nazionale, en Santa Lucía. Su último club como jugador fue Atlético de la Juventud Alianza. 

San Lorenzo

Héctor se destacaba en las inferiores de Sportivo Desamparados y 1983 debutó en primera, disputando el torneo local. En ese tiempo surgió la posibilidad de probarse en equipos de Buenos Aires y su vida dio un vuelco.

“El peluquero de River, que era sanjuanino, tenía contacto con Argentinos Juniors y me llevó a hacer una prueba. Me vio José Pékerman y quedé. El 20 de enero (de 1984) me tenía que presentar”, recuerda el hombre.

Pero poco antes de la fecha estipulada hubo una decisión que lo hizo cambiar La Paternal por el Ciclón. “En diciembre, Ernesto Picot (exdelantero azulgrana que estaba radicado en San Juan) me llevó a probarme a San Lorenzo. Viajé con mis amigos de Desamparados y quedamos todos, así que no fui a Argentinos”, cuenta.

Pero en Puyuta les pusieron un precio “muy alto” a los pases y los juveniles regresaron a la provincia. Aunque Arnáez tomó otro camino: “Yo me quedé trabajando, porque primero había ido a trabajar. Tenía 15 años, había dejado la escuela y mi viejo me dijo que tenía que hacer algo”.

Además, se hizo amigo de otros chicos del Cuervo y entrenó todo el año sin poder jugar. “A fines del 84 mi viejo le compró el pase a Desamparados y en el 85 ya jugaba en las inferiores. Estuve cinco años ahí, hasta los 20. A esa edad firmás contrato como profesional o te vas”, explica el exfutbolista que tenía como su suplente al “Chino” Flavio Zandoná.

“Yo era marcador central y siempre fui titular, inclusive en la reserva (debutó en la cancha de Ferro ante Chacarita). Era vago para entrenar. No tomaba ni fumaba, pero me gustaba mucho la noche”, repasa -con un dejo de reproche hacia ese pasado- las razones por las que no llegó a la máxima categoría. Por eso a los niños hoy los aconseja sobre la “conducta deportiva” necesaria para cumplir los objetivos.  

Diego Maradona

Jugando en el Ciclón, el sanjuanino se hizo amigo de Silvio Rudman (de Argentinos Juniors) en Villa del Parque. “Él me llevó al Club Parque, que en nuestra época era de baby fútbol: una canchita de fútbol 5, de mosaicos, con un tradicional bar. De ahí salieron muchos jugadores de la Selección Argentina, como –Fernando- Redondo, -Carlos- Tévez, -Juan Román- Riquelme, -Sergio- Batista, Maradona, -Leonel- Pipa Gancedo, -Esteban- Cambiasso”. En esa institución hay un salón que tiene distintos cuadros con camisetas de equipos europeos de quienes iban a distenderse a las canchitas.

“Diego era parte de ahí. Cuando lo conocí ya estaba en el Napoli. Llegaba y nos regalaba de todo: pantalones, camisetas, zapatillas, botines. Yo no era de sus amigos íntimos pero era del grupo de amigos. Con los muchachos hemos compartido muchas cosas. En Parque nos juntábamos todas las tardes (en sus clubes entrenaban por la mañana). Era la cita que teníamos a los 16 años”, dice el actual técnico.

Así, terminó haciendo amistad con el “Checho” Batista y Raúl “Lalo” Maradona. También conoció a Carlos Mac Allister (foto abajo), Redondo y Diego Latorre (por entonces jugaba en un country). “Cuando iba Diego Maradona era un problema, porque la gente estaba alborotada afuera. Pero no dejaba de ir, él siempre fue muy amigo de sus amigos”, destaca.

El exDesamparados se dio otro gusto que no olvidará jamás: “Cuando estaba en San Lorenzo jugamos cuatro partidos amistosos con la Selección Argentina que después salió campeona del mundo en el 86. Contra nosotros jugó Maradona, y yo marcaba al Flaco –Ricardo- Gareca. También estaban –Oscar- Ruggeri, -Nery- Pumpido, -Jorge- Burruchaga, -Jorge- Valdano”.

Camiseta histórica

“Diego me regaló dos camisetas: la de la Selección y la del Napoli. En Buenos Aires yo vivía con mi hermano en Villa Pueyrredón. Era una casa grande y a veces nos juntábamos ahí con los muchachos. Alguno habrá manoteado un cajón y me sacó la camiseta de la Selección”, lamenta. Aunque interpreta que se la llevaron por una confusión, porque siempre se prestaban esas prendas.

Héctor dice que tuvo camisetas del Inter, Juventus, Deportivo de La Coruña (regalo de José “Turu” Flores), Osasuna (obsequio de Gancedo). “Las regalé a casi todas. Yo me quedaba con las vivencias”, admite.

Así fue como a la del “Gli Azzurri” se la llevó a Facundo Della Motta cuando era un niño, en agradecimiento porque los padres del piloto de automovilismo ayudaron a su familia en un momento muy delicado. Pero a los pocos años Facundo lo llamó para devolvérsela, entendiendo que el exjugador le daba a esa camiseta el valor que se merecía.

Sin embargo, esa prenda histórica del Napoli no estuvo mucho tiempo en la casa del DT, porque otra vez decidió regalarla: fue cuando el “Chula” Fabricio Marimont jugaba en Europa y falleció su papá. “Estaba tan triste que le pedí a su madre que le pusiera un paquete como regalo de Reyes. No le dije qué tenía: adentro iba la camiseta”, recuerda. Desde entonces el hockista la guarda como un tesoro.

Tras su paso por San Lorenzo, diez años después de haber iniciado su vida en Capital Federal, Arnáez pidió el pase a La Bancaria de San Juan (en la gran urbe fue cadete, recepcionista y administrativo). “Yo siempre me quise venir, nunca me acostumbré a Buenos Aires. Acá también empecé a jugar en Alianza, pero como hobby, en cuarta división: dije que era 9 y terminé siendo goleador y campeón”.

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