De los cielos al escenario
Enrique Piñeyro: el hombre que quiso volar y terminó cambiando realidades
Enrique Piñeyro es muchas cosas. Y todas, al mismo tiempo. Médico de formación, comandante de avión por vocación, actor por curiosidad y activista por convicción. El próximo 7 de junio estará en San Juan presentando su espectáculo “Volar es humano, aterrizar es divino”, una experiencia que fusiona humor, reflexión y aeronáutica.
“Quienes vayan al evento se van a encontrar con una versión actualizada y diferente a la del año pasado, porque todos los años vamos cambiando”, anticipó Enrique Piñeyro en diálogo con 0264 Noticias.
El show nació casi por accidente, o, mejor dicho, como una consecuencia natural de su vínculo con el cine y la aviación. Tras filmar Whisky Romeo Zulu, la película basada en el accidente de LAPA, Piñeyro notó que las conversaciones con el público después de cada función eran lo que más disfrutaba. “Me pregunté cómo hago para seguir haciendo esto sin tener que hacer una película, porque hacerla implica estar dos años con la cabeza puesta en eso. Entonces me cayó la ficha de hacer eso mismo, pero sin películas. Y ahí nació la idea del show”.
El espectáculo propone, con humor e ironía, un paralelismo entre los procedimientos estrictos de la aviación y el caos de la vida cotidiana. “Se hace una comparación de las cosas que pasan en los aviones y que hacemos en tierra. Se vuelve gracioso ver cómo en los aviones se hacen cosas que, si las aplicáramos en tierra, tendríamos un mundo mucho más amable, preocupado por la vida, más punitivo… El objetivo del show es bajar algunas cosas que suceden en los aviones a la vida cotidiana”, explica.
Pero más allá del escenario, Piñeyro también vuela con un propósito solidario. A través de su fundación Solidaire, utiliza su propio avión y un buque de rescate para llevar ayuda humanitaria a las regiones más necesitadas del planeta. “Siempre traté de entender qué hacer en una sociedad que te enseña a acumular. Pensé en cómo hacer con el dinero una especie de capitalismo disruptivo. Y decidí transformar mis herramientas en la transformación de otras realidades”.
Sus múltiples intereses nacieron en la infancia. “Desde los 6 años hago lo que hago ahora. Tenía 3 y ya era piloto, sabía todo de aviones. A los 6 hice mi primer huevo frito, con lo cual cocinar era algo que me atraía. Jugaba a las guerras, entonces actuaba. Hoy siento que sigo haciendo lo mismo, me fui metiendo en mis juguetes y ahí quedé”.
La aviación, sin embargo, ocupa un lugar especial entre sus pasiones. “Es algo que siempre quise hacer. En mi familia nadie se había dedicado a ese rubro. Me dio una forma de pensar la seguridad, de trabajar en equipo, de gestionar y ejercer liderazgo. En aviación eso está muy garantizado porque el precio de que las cosas salgan mal es tan alto que hay que tener mucho cuidado”.
Aunque hoy se considera un “ex cineasta”, asegura que la actuación sigue interesándole, pero no así la realización. “Actuar me gusta, pero no haría una película por ahora porque es un trabajo muy arduo”. Hoy, Piñeyro prefiere volar, literal y metafóricamente, hacia donde pueda dejar una huella.