Historias
Los relatos de miedo en el edificio 9 de Julio: desde una máquina de escribir que funciona sola hasta la risa de una mujer y fantasmas que corren por la obra
Cruces de sal, el ruido constante de una máquina de escribir, palomas y gatos muertos. Escenas escalofriantes que parecían ser obra de brujerías. Con eso se encontraban los albañiles al ingresar al edificio 9 de Julio, en Capital. Ocurría en los primeros días de trabajo de la remodelación del histórico espacio que ahora será ocupado por el Poder Judicial.
Hoy hay obreros que aseguran que en el primer piso de ese gran monstruo de cemento, cuando están por entrar, a veces se escuchan pasos y corridas. Pero después van a ver si quedó alguien adentro durante la noche y no encuentran a nadie.
Desde la risa de una mujer hasta la absurda caída de un martillo o un guante de obrero. Las experiencias paranormales conviven con ellos en el edificio céntrico que no está ocupado desde hace 17 años.
“Cuando los chicos entraban veían cruces de sal y empezamos a levantar los cuerpos de palomas y gatos. Antes esto estaba abandonado”, dice un experimentado albañil que trabaja en la obra desde hace tres años. “Vas al primer piso y sentís como que caminan, pero no hay nadie. Los andamios tienen un hueco en la punta, nosotros les metíamos un martillo y después se caía solo”, continúa.
Fantasmas a toda hora
Otros trabajadores bajaban al subsuelo o estaban en la planta baja y “sentían que alguien los miraba”. “Yo estuve hasta las tres de la mañana y es impresionante el ruido que se escucha de gente que camina y corre. A veces se siente una presencia, como si pasara alguien por detrás y se siente un escalofrío en la espalda”, le relata el trabajador a 0264 Noticias.
Esas citas indeseables con lo paranormal no solamente ocurren de noche, sino que los ruidos, pasos, risas y corridas en algún rincón vacío pueden escucharse a plena luz del día en aquellos espacios en donde la carga energética no es baja. Eso genera la desconfianza de los trabajadores, que evitan los pasillos deshabitados y piensan más de una vez antes de bajar hasta el subsuelo, en donde a veces perciben esa extraña actividad que parece venir desde otro plano.
Cuando se quedaban hasta las cinco de la mañana en el edificio, algunos obreros no querían usar los baños químicos que estaban afuera, porque escuchaban constantes ruidos. Un experimentado asegura que a veces siente “recelo” y cuando saca el candado a primera hora del día es como si los fantasmas se alteraran y corrieran a esconderse. Por aquellos sonidos, los trabajadores tratan de no quedarse solos en algunos de los pisos de esa mole de cemento compuesta por el subsuelo; planta baja; primero, segundo, tercero y cuarto piso; y la azotea.
Ese edificio fue inaugurado en 1957 y fue la casa de varias reparticiones del Estado provincial hasta 2008, cuando los empleados fueron trasladados al Centro Cívico. Ahora es remodelado para que lo ocupen con oficinas de la Justicia local.
La máquina que escribe sola
En ese edificio hasta los policías sucumbieron a las tétricas situaciones que debían soportar en antiguas guardias nocturnas. Cuentan que a veces los asustaban en el tercer piso y otras tantas en la planta baja.
Hace algunos años había un sereno que cuidaba en la noche y también enviaban a policías de la Comisaría 1ra. un uniformado cuenta que a un colega suyo que custodiaba el tercer piso lo molestaron los fantasmas durante la madrugada. “Había una máquina de escribir en ese tiempo y él escuchó que escribía sola. También golpeaban -muy fuerte- la puerta de la pieza en donde los policías se metían a dormir”. Entre los efectivos corrió la versión de que en otra época había fallecido una persona ahí. Esa es la explicación más terrenal que encontraron para entender el origen de aquellos episodios sobrenaturales.
Dice que se escuchaba que escribían y cuando la máquina llegaba al tope -el rodillo- volvía al principio del renglón. Él le dijo -al fantasma- ‘hermano, mirá, no sé qué te habrá pasado a vos o quién serás, pero mañana estoy recargado y paso de largo. Necesito descansar’. Desde ahí no se sintió más el ruido”, relata el policía.
La carga negativa que parece haber quedado en algunos sectores de ese lugar puede estar relacionada con la última dictadura cívico-militar. Antiguos empleados estatales a menudo se refieren a las versiones que indican que durante los años de plomo allí habrían ocurrido serios atropellos contra los derechos humanos.
“A un funcionario que no quiso entregar las llaves de su oficina, una mañana lo bajaron por las escaleras a las patadas y lo mataron. Eso lo vio un familiar mío, que era un obrero que había ido a cobrar”, asegura una empleada pública que está cercana a la jubilación.
“Acá dicen que funcionaba un centro de tortura en la dictadura. ¿Cómo puede haber tanta maldad?”, dice un hombre. “Se comenta que durante los años de plomo en la zona del subsuelo se supo torturar a personas y desde allí las transportaban hacia otro lugar”, agrega una empleada estatal. Y un joven obrero que espera para entrar al edificio aclara, entre risas: “Con eso que cuentan yo no pienso bajar al subsuelo”.
Otras “presencias”
Un joven albañil asegura que le contaron que en el edificio “anda un pelado caminando. Creían que era un trabajador y cuando iban a ver dónde estaba no había nada”. Hace cuatro meses pasó algo similar con una mujer que sacaron del edificio cuando llegaron a trabajar. Aunque hay versiones cruzadas: algunos juran que cuando cruzó hasta la vereda que da hacia la avenida Ignacio de la Roza ya no la vieron más, como si se hubiera evaporado; pero otros aseguran haberla visto caminar por la calle.
“En las madrugadas se escuchaba un grito y el ruido de las chapas que están afuera. También se escucha gente que conversa a lo lejos”, aclaran los obreros que llegan antes de las 8 y se preparan para comenzar con la jornada.
Otro dice que un día llegó con un compañero a la misma hora de siempre (todavía era de noche) y cuando estaba en el sector del edificio que da a Ignacio de la Roza y Jujuy “cayó de arriba un guante de laburo, de obrero”.
“Un mediodía fuimos a limpiar los baños al cuarto piso y escuché la risa de una mujer. Era una risa normal, como si le hubieran contado algo y le causó gracia. Pero no había nadie ahí”, agrega el hombre mirando a los ojos a su interlocutor.
Miedo en otros espacios públicos
En el viejo espacio que tenía la Subsecretaría de Trabajo de la provincia que era compartido con el Ministerio de Trabajo de la Nación también un alma en pena asustó a los trabajadores.
“Durante la administración de -Jorge- Escobar, la Subsecretaría se trasladó al edificio de la calle Santa Fe 77 Oeste. Posterior a ese traslado se generó la versión de que en el primer piso existía una presencia. Decían que se aparecía en horario nocturno o muy temprano en la mañana, cuando todavía no amanecía. En ese piso hay un pasillo que comunica a tres oficinas más. Decían que el fantasma que aparecía ahí podía ser el alma de un compañero que murió en 2002. Era inspector y ocupaba una de esas oficinas”, describe una mujer.
Hace pocos años, cuando esa repartición fue trasladada al nuevo lugar que tiene el Registro Civil empezó a correr “el rumor de que en el cuarto piso también se percibía una presencia, que relacionan con algún infausto accidente que pasó durante la construcción del edificio”.
La misma persona cuenta que en la zona donde está el monumento al deporte, en el Parque de Mayo, funcionaba durante los años ‘70 y ‘80 el Boletín Oficial y atrás estaba el depósito de movilidades de la Dirección de Agricultura y Ganadería. “En ese lugar se quitó la vida una persona en situación de calle alrededor de los años 73 o 75. Después de eso se decía que su alma vagaba por ahí”, explica la trabajadora. Y asegura que después de la “Guerra de Malvinas (en 1982) fue depósito de algunas movilidades que trajeron desde el Sur y también surgieron versiones de almas y presencias que estaban en ese lugar”.
Un experimentado albañil relata que en la obra de reacondicionamiento del Centro Cívico él se quedaba “en las noches y se veía por las cámaras de seguridad que las puertas se abrían solas”.
Además, un compañero suyo recuerda que le tocó trabajar en el acueducto de Iglesia y cuando trataba de dormir en uno de los departamentos que les alquilaban en Rodeo le pasó algo que lo asustó mucho. “Estaba descansando en la parte de abajo de una cucheta y me agarraron de las patas, pero no había nadie, el que dormía arriba ni se había movido”.
Otro relato urbano describe que en la Legislatura provincial se aparecía el fantasma de una novia con su ampuloso vestido de la década del cincuenta. La misteriosa mujer caminaba por la escalera que comunica la planta baja con el primer piso. En los años ochenta esa imagen transparente, casi un holograma aterrador, asustaba a los policías que custodiaban el palacio
sanjuanino de las leyes durante la madrugada.
Según la leyenda, en un hotel que funcionaba ahí ocurrió un femicidio en tiempos en los que esos crímenes no llevaban ese nombre: en la noche de bodas, un novio mató a su flamante esposa. Entonces, cuando la Cámara de Diputados fue trasladada hasta la esquina de Libertador y Las Heras ciertas vibraciones tenebrosas habrían quedado adheridas a ese espacio tras aquel crimen.
“Mis colegas estaban en la planta baja y empezaban a ver sombras, hasta que se aparecía la imagen de una novia”, narra un policía veterano. Hoy, los empleados de la Legislatura aseguran que ya no ocurre esa aparición. Pero algunos se animan a contar que los ascensores que dan hacia calle Las Heras se mueven solos y que, más allá de la explicación técnica que alguna vez les dieron, eso les sigue generando temor. “Creer o reventar”…