¿Está “maldito”?
El edificio de la radio en donde ven fantasmas, está arruinado y nadie lo quiere comprar: pertenece a dos familias tradicionales de San Juan y está en pleno centro
“Imaginá empezar una tarde de trabajo a finales de la década del 90. Llegar a la radio, preparar el material con el cual vas a salir al aire. Pero caminar por los pasillos hacia la parte antigua de los estudios de la AM y sentir que alguien va al lado tuyo. Escuchar una puerta que se abre o se cierra y ver que no hay nadie, solo vos y un montón de CDs y casetes de tanda publicitaria. Estás solo con tu alma y otra vez sentís que alguien, una cosa o vaya a saber qué, te observa”. El escalofriante relato surge del recuerdo de una trabajadora que supo transitar durante décadas los pasillos de Radio Sarmiento.
LV5 fue escuela de comunicadores, en un edificio construido exclusivamente para la actividad radial. Allí trabajaron grandes figuras como Rony Vargas y Mario Pereyra (ya fallecido), fundadores de Cadena 3 Argentina. Hoy permanecen nombres que son sello de calidad informativa, como Patricia Moreno y Juan Pereyra, quien conduce uno de los noticieros más completos de la provincia.
Pero hay un lado B poco conocido de aquel edificio de dos pisos que hoy aparece “descuidado” y “venido a menos”, confían algunas de las ocho fuentes consultadas por 0264 Noticias que optaron por reservar su identidad.
Las historias de terror son contadas con detalles por quienes detectaron algunas “presencias” o escucharon ruidos en pasillos llenos de ausencias. Y están los otros relatos, que son más terrenales y cargados de resignación: “La nueva radio de toda la vida” parece haber perdido varios rounds contra la amarga sensación que imprime el “dejar de ser”.
En medio de un profundo cambio de contexto con la llegada de los canales de streamings, LV5 soplará 100 velitas este jueves 11 de septiembre sin despegarse del formato tradicional. Aunque hay quienes explican que deberían ser 102, si no fuera por los dos años que se habrían perdido en ese largo camino por un “error”.
Será un cumpleaños cargado de nostalgia por una radio que supo liderar audiencias. Pero que, en paralelo, tuvo tantos intentos de venta como frustraciones por una especie de “cláusula” que también ahuyentó a los pretendientes.
Fantasmas en la radio
Sombras que acechan a primera hora, repentinos golpes en los cristales de los estudios, niños que lloran y escalofriantes gritos de gente que no existe. La actividad paranormal no cesa ni cuando se encienden los micrófonos.
Mientras el sonido viaja por el aire a 343 metros por segundo, desde fines del siglo XIX las ondas radiales logran que se multiplique su alcance. Y aquellos contadores de historias para un público masivo a menudo viven inmersos en relatos de no ficción de los que a veces prefieren no hablar.
La intensa actividad que tuvo en otros tiempos la centenaria radio sanjuanina parece haber dejado alguna carga energética que derivó en sorprendentes experiencias paranormales a lo largo de su rica historia.
“Imaginá caminar una noche hacia el pasillo que conduce a los estudios A y B de la AM y escuchar un ruido. Seguir caminando y a lo lejos, cerca de la puerta que lleva al ingreso del pasillo central que comunica con el auditorio, observar una silueta que no podía ser obra de la imaginación porque tres personas vivimos esa experiencia. Fue la primera vez que lo vi: era como un hombre alto y con sombrero que deambulaba por los pasillos y los estudios”. Esa imagen fue capturada por una cámara fotográfica, pero las fuentes aseguran que la instantánea fue borrada “porque en esos casos se debe hacer eso”.
En el auditorio Islas Malvinas, que en un tiempo fue orgullo y hoy es olvido doliente tras sus puertas cerradas, hay quienes vieron caminar una figura blanca en las noches. Otros mantienen el recuerdo latente del sonido del piano que tocaba solo y que a veces ni siquiera con encender las luces lograban disipar esa terrorífica manifestación. En aquellas noches parecía que había conciertos, pero era un supuesto fantasma que tomaba posesión del instrumento, en una sala sin pianista ni invitados.
“Me quedaba conversando con el guardia de seguridad y se nos hacían las dos o tres de la mañana. Él me hizo escuchar en algunas ocasiones los ruidos en el fondo del auditorio. Sonaban las teclas de los pianos. Encendíamos las luces, íbamos a mirar y no había nada, pero lo mismo seguían sonando”, dice un trabajador.
“En cada rincón de los edificios antiguos se dice que vagan almas, que se sienten ruidos inexplicables. Algunos se acostumbran, otros dejan de ir a esos lugares. ¿Pero cómo se hace cuando es tu lugar de trabajo?”, plantea una mujer.
En esa emisora también cuentan que los auriculares y otras pertenencias cambian de oficina sin que nadie las traslade.
Edificio sin compradores
La radio debería cumplir 102 años, apuntan algunos trabajadores. Inclusive, una comunicadora dice que el error habría surgido cuando una periodista que ya no está en esa empresa contó mal los años en un aniversario y la emisora lanzó una propaganda en distintos medios con la equivocación. A partir de ahí se habría modificado la celebración.
“Teóricamente sí, serían 102 años”, refuerza otra fuente.
Mientras que una locutora cuenta que primero hubo una “señal de prueba de la radio, que se emitió durante dos años” y que después de ese tiempo “pasó por varios nombres (Radio La Merced, Radio González y Radio Los Andes) hasta llegar al actual LV5 Radio Sarmiento”.
El edificio de Mendoza entre Santa Fe y Córdoba fue diseñado a imagen y semejanza de Radio El Mundo y está cerca de cumplir también el centenario, asegura una periodista.
Ahora tanto FM Líder como LV5 ocupan los estudios que dan hacia la calle Mendoza, en la planta alta y planta baja respectivamente. Durante muchos años, las emisoras que son propiedad de la sociedad Montes-Bravo son conducidas por Emilio Ventura y su antecesor fue Enrique Albaladejo (a través de la firma Mercedario Tele).
El auditorio (su mejor época fue en los ‘70, con los programas en vivo) y el viejo estudio estarían cerrados y sin uso. El edificio tiene hasta un canal de televisión que nunca despegó, además de una sala de grabación.
“Desde hace 30 años escucho que quieren alquilar o vender y hacer en toda esa cuadra un centro comercial en la planta baja y arriba un emprendimiento inmobiliario”, explica un trabajador.
Las fuentes aseguran que en algún momento Gastón Gioja, el propietario de Telesol, consultó por un eventual alquiler o venta y hubo empleados que hasta lo vieron en el edificio.
“Hubo varias gestiones con PAMI, pero se enfrió”, cuenta un periodista. Extraoficialmente calculan que el costo del edificio superaría el “millón de dólares”. Una de las fuentes dice que a los posibles compradores siempre les pareció caro el precio.
También “hubo gestiones para que el Banco Macro se instale ahí” y hasta el Grupo América (dueño de Canal 8) “se interesó” por el lugar. “Le bajaron el precio varias veces y no lo pudieron vender”, aclaran.
Pero el principal condicionante que tienen los propietarios es que “habría una cláusula” que indicaría que solo se puede traspasar para que funcione otra radio. Además, en ese paquete también debería entrar la enorme antena ubicada en Mendoza y República del Líbano, en Rawson.
“El edificio no se puede enajenar, porque fue una concesión del Estado para que trabaje como radio, como medio de comunicación”, subraya uno de los empleados.
“Una vez quisieron comprar el terreno donde está la antena para hacer un barrio cerca de la Escuela Hogar”, cuenta una trabajadora. Ella también recuerda que hace varios años hubo una posibilidad de fusionar Radio Cólon con Radio Sarmiento. Pero tampoco prosperó.
Golpes y apariciones
“A un locutor casi le da un ataque, porque le golpeaban la puerta como queriendo abrirla y del otro lado no había nadie”. Algunos operadores aseguran que, en los tiempos en los que el estudio principal de la radio estaba en el fondo del gran edificio, alguien les pegaba a los vidrios que los separaban de la mesa informativa.
Un extrabajador abunda en detalles: “Una vez, cuando estaba La Popu -una radio que tenía ese grupo- en el fondo, yo trabajaba hasta la medianoche. Me acuerdo de que estabas en silencio y sentías que te golpeaban el vidrio grande de atrás, el del control de AM. Le pegaban como si alguien pidiera apurado que le abrieran. Pero miraba y no había nadie”.
“Algunos periodistas estaban adentro del estudio y por los vidrios veían sombras que pasaban”, continúa.
En la sala de producción periodística no fueron pocas las veces en las que vieron que las puertas se abrían y cerraban solas. Algunos testigos también describieron, con el tono de resignación que aparece ante las situaciones inevitables, que había espectros que arrastraban los pies. “Me quedaba redactando y sentía que me tocaban el hombro, y se escuchaba como que una persona caminaba”, describe una periodista.
“Cuando era el momento de leer el boletín de noticias, ponían la cortina al aire y yo observaba que detrás del vidrio del estudio B, en el primer piso, había una imagen que no se quitaba”, agrega una locutora.
Además, hay quienes rememoran que en el sótano había ruidos y preferían no bajar a ver qué pasaba. Y un técnico escuchó llorar a un niño que nunca vio.
Un equipo periodístico que hizo noche en la radio para abrir una transmisión a las seis de la mañana de un domingo no se olvida nunca más de la “película” de terror que vivió en la madrugada. “A las dos o tres de la mañana del domingo escuchamos un griterío, como si le estuvieran pegando a alguien. Salimos a mirar hacia la zona del auditorio con las dos linternas a pilas que había en la radio, pero no encontramos nada”.
Un espacio “muy descuidado”
“La radio está muy descuidada”, el edificio “está destruido”. Las fuentes señalan que la planta alta “está bastante decaída” y “el auditorio está hecho pelota”.
Estas personas dicen que hay poco “mantenimiento” a un edificio que fue el primero que se construyó exclusivamente para que funcionen las radios. También cuentan que “han dejado abandonada la planta (donde está la antena) y los olivos se han secado”, a pesar de que hay “un cuidador”.
“El edificio es una pena. Está completamente venido a menos, abandonadísimo. Muy sucio”, critica un periodista que reconoce que, sin embargo, “hay estudios que son tremendos y un mobiliario hermoso”.
“En el auditorio el piano está lleno de tierra. No hay recambio de cosas ni limpieza. Recién ahora al estudio le han metido unos mangos, pero es algo mínimo. Muy pobre de presupuesto me parece”, aclara el profesional.
Otro periodista detalla que “el edificio está claramente abandonado. Hay zonas quedadas en el tiempo, como los baños, por ejemplo, cuya pintura debe tener no menos de 20 años. La infraestructura es antigua y no tuvo el acompañamiento necesario con el paso de los años”.
“En la sala de estar, entre el control, el estudio y la parte comercial, hay un solo sillón que está partido en el medio. Entonces la gente se tiene que sentar en una mitad para no hundirse. Las cajas o consolas de la electricidad son antiguas, con muchas cosas de metal vieja, no hay renovación en eso tampoco”, repasa.
Otra persona coincide con que hay “mucho cablerío viejo que no fue cambiado, prácticamente”.
Además, “recién en el último tiempo a los baños les han cambiado la cañería, pero queda la grifería vieja. El techo está deteriorado y el agua se filtra en la parte del pasillo central cuando hay lluvia”, explica el hombre.
El miedo de los guardias
En las madrugadas, los antiguos guardias de seguridad también escuchaban pasos en los pasillos. Ahora los cuidadores fueron reemplazados por alarmas, según cuenta una fuente.
Antes, las “presencias” eran tan nítidas que hasta un guardia estuvo algunos días buscando a la supuesta persona que ingresaba de noche a la radio. Pero esa investigación fue en vano: las visitas eran de otro plano.
“Un sereno entró a trabajar muy contento porque tenía esa fantasía que tienen algunos con los medios, pero casi se vuelve loco. Una vez nos dijo que alguien se había metido en la noche y recorrió la radio. Decía ‘yo he visto que ha pasado alguien, se veía una sombra’. Se pasó toda la noche recorriendo la radio, le dijimos que a veces había una presencia, pero insistía con que alguien se había metido”, relata una comunicadora.
Ese hombre después empezó a leer la Biblia y a rezar mientras trabajaba, y al tiempo se fue de la empresa porque “sentía que alguien caminaba al lado suyo”.
En una época, el personal de seguridad rotaba los espejos que había en los pasillos. Los hombres se cansaban de ver el reflejo de sombras en una zona solitaria y en silencio. A veces escuchaban cómo se abrían solas las canillas de un sanitario a las tres de la mañana.
Como si fuera una historia de narración intermitente en Netflix, hay quienes juran que estos fenómenos tienen sus temporadas. Entonces aquellas extrañas actividades devienen en un péndulo que no siempre está en movimiento. Las manifestaciones más duras movilizan a sus receptores, generalmente, en Semana Santa. “El viernes santo era más difícil”, recuerda una locutora que trabajó en los feriados católicos.
Entonces, cuando llegaban los tiempos en los que empezaban a escucharse ruidos de sillas y mesas en la planta alta, en donde aclaran que tal tarea es imposible porque en el estudio los muebles están fijos, algunos empleados se las ingeniaban para llevar un sacerdote. Entonces el agua bendita chocaba contra las paredes del viejo edificio. Era una “protección” contra cierta energía que derivaba en sonidos y voces extrañas en pleno horario laboral.
“Con los años te acostumbrás. Decimos en voz alta que nos vamos a portar bien y rezamos. Tratamos de buscar una bendición. Al final del día un portero nos decía ‘apenas se vayan yo me voy’, porque le tenía miedo a los fantasmas. Y muchos de los serenos que se han ido de la radio lo hicieron por miedo”.