DÍA DEL MAESTRO
Javier, el docente rural que recorre de Valle Fértil a Iglesia para dar clases a 3.000 metros de altura
La docencia siempre ha sido una profesión dinámica. Ser maestro no solo implica sentarse frente a un escritorio o pararse delante de un pizarrón para dar clases. Es algo que va más allá. Es la responsabilidad no solo de formar a las nuevas generaciones, sino de acompañar y velar por el desarrollo educativo de niños y jóvenes. Y cuando se trata de desandar los caminos a través de campos abiertos, rutas, ríos y montañas, la responsabilidad es el doble, porque implica llevar educación a los lugares donde, hasta hace algunos años, ni siquiera llegaban los servicios esenciales. Ese es el caso de Javier Ortiz, docente con varios años de trayectoria y que actualmente dirige la escuela albergue Miguel Cané, en la localidad de Bauchaceta, departamento Iglesia.
Ortiz, de 56 años, es oriundo de Valle Fértil, donde reside actualmente con su familia y donde desarrolló sus primeros años de profesión. Con los años llegó a convertirse en director interino de la Escuela Albergue Rural “Marcos Gómez Narváez”, ubicada en Sierras de Elizondo, a más de 250 kilómetros de la villa cabecera del departamento.
Para llegar a ese establecimiento educativo, Ortiz tenía que recorrer los caminos durante ocho horas a lomo de mula o caballo, atravesando senderos de tierra, ríos y montañas, con el objetivo y el deber de llevar la educación a esa comunidad alejada. Allí pasaba 10 días ejerciendo su trabajo y luego, regresaba a su hogar, emprendiendo nuevamente el viaje de ocho horas en mula.
Con el tiempo se inscribió en un concurso de ascenso, el cual aprobó, pero no tuvo la posibilidad de elegir escuela en ese momento. Fue allí que surgió la posibilidad de ocupar el cargo de director en una escuela rural albergue en Iglesia, que quedó vacante tras la jubilación del directivo anterior. Tomó la decisión y se embarcó en una nueva odisea educativa con la misma dedicación y responsabilidad.
“Surgió la posibilidad de ir a Bauchaceta. En ese momento la directora se había jubilado, así que me fui, conocí el lugar y me encantó. Es una postal muy bonita, que recomiendo a todo aquel que pueda, lo conozca, porque la verdad que es un lugar paradisíaco”, dijo Javier a 0264Noticias.
Ahora, llegar a su lugar de trabajo es un poco más accesible. De ocho horas a lomo de caballo, a casi cuatro horas de viaje en auto, desde Valle Fértil a Iglesia, por la Ruta 150 que va desde Ischigualasto al departamento del noroeste provincial, es un cambio sustancial.
“Me considero un docente muy viajero. Con la docencia he podido conocer casi todo San Juan”, expresa el profesor.
“La escuela del cielo”
Su nuevo destino: la escuela albergue Miguel Cané, ubicada en la localidad de Bauchaceta, casi a 3.000 metros sobre el nivel del mar, en plena cordillera iglesiana. No por nada la llaman “la escuela del cielo” o la “escuela de la montaña”.
La escuela se creó en la década de los ’70 y cuenta con energía eléctrica que es provista por paneles solares y tiene hasta wi-fi y televisión satelital. Los períodos de trabajo del cuerpo docente y no docente; y el período de cursado de los chicos, es de 10x5. Esto quiere decir que viven en el establecimiento durante diez días y 5 días de descanso, oportunidad en la que vuelven a sus casas.
Uno de los aspectos más interesantes del lugar es la biblioteca, que alberga más de 500 libros. Para las docentes, este es un tesoro muy preciado que cuidan con gran dedicación.
La realidad de las escuelas rurales
A la escuela Miguel Cané asisten 11 chicos de los distintos niveles, tanto de nivel primario como de nivel secundario. Estos chicos provienen de comunidades aisladas del departamento, con realidad complejas.
“Hay historias de vida muy fuerte. He tenido distintos estudiantes en todos estos años. Algunos de comunidades muy alejadas, en zonas rurales y también otros que viven en zonas más urbanas de Bauchaceta. La mayoría de los chicos que asisten a esta escuela, llegan con distintas problemáticas sociales o económicas e historias de vida muy complicadas”, contó.
El rol del maestro más allá de la docencia
Atendiendo a las realidades sociales de cada alumno, en el que muchos de ellos padecen carencias, el rol del docente se amplía en estos casos, yendo más allá del hecho de ser el profesor de la escuela.
“Ante estas historias de vida complicadas, nosotros, como personal de la escuela, a veces debemos convertirnos, además de maestros, en amigos, hermanos, madres, padres, psicólogos. A veces nos pone tristes conocer estas historias, por eso uno prefiere que el niño sea feliz en la escuela, que no sufra carencias, que acceda a todas las comidas diarias, que duerma en un lugar calentito y que tenga una buena educación. Por eso en mis actas aconsejo que a los alumnos de nuestra escuela los tratemos como si fueran nuestros hijos, con todo el amor y el cariño”, explica Ortiz.
Cuando se cumple la tarea
Javier además de ser el director, es el único maestro de la escuela Miguel Cané, ya que se trata de un establecimiento de cargo único. Lo acompañan dos celadores y el personal de mantenimiento. Y para él como docente, el objetivo no se cumple cuando termina un ciclo lectivo anual. Va mucho más allá.
“Cuando logramos que el chico que asiste a nuestra escuela puede adoptar todas las herramientas que uno trata de inculcarle, ya sea para defenderse en la vida o para seguir estudios superiores, ahí uno ve que la tarea está sacada, porque quizás termina un año y en el año hay chicos que no han logrado superarse. Entonces uno se pone como meta ‘el año que viene tengo este objetivo, a este chico lo voy a manejar de otra manera, voy a buscar la estrategia para que pueda lograrlo’. Y ahí es cuando se consigue sacar la tarea adelante. Es algo complejo porque la educación no se logra esto de un día para otro. Es de un año para otro. Lleva su tiempo", destacó
La docencia, como forma de vida
Más allá de la vocación de enseñanza y las ganas de trabajar -requisitos que Ortiz considera fundamentales para desarrollar la profesión- la docencia tiene que adoptarse como una forma de vida.
"Ser docente es una forma de vida, porque uno no solo es docente donde da clases, sino en todos los lugares. Yo en el pueblo soy 'el maestro' y me gusta ser el maestro", cierra el profesor Ortiz.
Esa última frase resume todo lo que significa ser maestro: quizá la profesión más trascendental de todas, la que forma hombres y mujeres y sienta las bases de la sociedad generacional. Y con ese pequeño gesto de llamarlos "el maestro o la maestra", como reconocimiento (hoy tan disminuido) hacia su tarea, es la caricia al alma que tanto necesitan, lo que los motiva a desempeñar su tarea de la mejor manera.