TRas una nueva derrota
Vaccari renunció a su cargo como entrenador de Independiente
La tarde de sol primaveral partía crispada y con probabilidad de transformarse en tormentosa en el Bochini. Lo anticipaban los hinchas durante la lenta caminata rumbo al estadio; lo respondían sin dejar dudas cuando se les preguntaba por el ánimo con el que acudían a ver a su equipo por primera vez desde la triste y traumática noche de Copa Sudamericana ante Universidad de Chile, con todas las consecuencias conocidas.
Salir del laberinto dependía de la respuesta que pudiera dar un equipo que acumulaba nueve partidos sin triunfos, y el conjunto que dirigiría por última vez Julio Vaccari no hizo más que tirarle un poco más de nafta al incendio. Banfield lo derrotó por 1 a 0, obligando al técnico a una renuncia que no sonó sorpresiva y dibujando un sinfín de incógnitas sobre el futuro del Rojo.
“Vengo a alentar, pero también a cantar contra [Néstor] Grindetti”, decía Camila, una juvenil simpatizante de ojos claros. “Ya está todo dicho, hay que pasar página, aunque hay gente muy indignada con esta directiva y con todo el fútbol argentino. Nos dejaron solos”, opinaba Omar, de 62 años. “Todo es vergonzoso, la actuación de los dirigentes, el fallo de Conmebol, la falta de apoyo de la AFA”, se quejaba Graciela. “Yo vengo a la cancha con mi viejo, tres semanas antes del partido con los chilenos le dije lo que podía pasar, ¿los dirigentes no lo sabían?”, se cuestionaba Federico, con su barbita candado. “Si se ganan un par de partidos nos olvidamos de todo. Funciona así. Pero además, si estos se van, ¿quién va a agarrar? Independiente está un poco como el país”, concluían los amigos Alejandro y Santiago.
No extrañó entonces que 45 minutos antes de que la pelota comience a rodar el primer canto que bajara de la todavía semidespoblada tribuna apuntara de manera directa a la comisión directiva; el segundo, a Claudio Chiqui Tapia; el tercero a la Conmebol, y el cuarto, de manera individual al presidente del Rojo. Sobre el final, cuando la derrota ya se vislumbraba insalvable, su sumó el dedicado al muy pobre rendimiento de los jugadores. Nadie quedó impune en la bronca de la gente, que incluso con el partido terminado siguieron atronando el espacio con el pedido de “que se vayan todos” desde el playón que se abre detrás de la tribuna oficial.
El luminoso horizonte futbolístico que alumbró al Rojo en el torneo Apertura se nubló tras el receso y no encuentra el modo de disipar la grisura que lo invade. En la previa, Vaccari había planteado una única novedad táctica. Recuperó a Iván Marcone para que sea el encargado de la salida desde el fondo, con sus marcadores centrales abiertos y con permiso para sumarse a la zona de volantes. El resto fueron cambio de nombres: buscó movilidad en el centro del ataque incorporando a Ignacio Pussetto en lugar de Gabriel Ávalos; más intensidad que control colocando a Lautaro Millán por Luciano Cabral y mayor velocidad con Walter Mazzantti, pero sin modificar el pretendido funcionamiento de fondo.