2025-09-15

Historias

“Me siento como un nene que recién empieza”: Penco, el último “baile” en Minero antes de irse a Chile, su amor por San Martín y el día que casi firma en Sportivo

El delantero se puso la decimoséptima camiseta de una carrera profesional de 23 años. Su decisión de despedirse del fútbol disputando el torneo de la Liga Sanjuanina. El sabor de volver a hacer la clásica “motoneta” en sus goles. Y por qué se quedó en el Verdinegro cuando tenía la posibilidad de pasar al Celta de Vigo.

La red del arco puyutano se movió y él corrió, con la particular sonrisa que un relator emparentó alguna vez con la de Jim Carrey, hacia un costado para encender la clásica “motoneta”. Pero esta vez, a modo de sarcasmo por su ausencia de las canchas durante casi dos años, le dio más “patadas” antes de emular las maniobras de sobrepaso.


Sebastián Ariel Penco tiene casi 42 años (los cumple el lunes 22 de septiembre), pero parece un niño con juguete nuevo. Se ríe con sus compañeros en el entrenamiento y deja que lo “carguen” con que ahora le cuesta darle arranque a la motoneta. Pero a los goles los grita como si fueran los primeros.


En el predio Don López, de Alto de Sierra, los colaboradores de Atlético Minero Argentino dicen que “es piola” y que el resto del plantel “lo deja tranquilo”, sin hacerle tantas preguntas sobre su trayectoria. Hay respeto por el ídolo de San Martín y Sports Boys de Perú que también dejó una buena imagen en Independiente. Pero hay complicidad para los chistes y para disfrutar de un picado previo al día de partido, en donde su aliado es otro exverdinegro, José Femenía, con quién construye paredes escalando hacia el arco rival.


Penco conversa distendido con el “Kili” Miguel Arrieta, un DT muy identificado con Desamparados que también se puso la camiseta de San Martín en el Nacional B. Después de los trabajos de activación y antes del “fulbito” del viernes, el “Motoneta” escucha atentamente la charla motivacional del siempre histriónico profe Mario Oropel.


Apenas fue convencido (a principios de agosto) por los dirigentes de Minero para incorporarse al club, Sebastián les dijo a sus compañeros que él es uno más dentro del plantel que disputa el Torneo Clausura de la Liga Sanjuanina de Fútbol. 
La sencillez de Penco no delata su nutrido currículum de 23 años de carrera. Es el segundo goleador histórico de San Martín en el profesionalismo, con 52 tantos en 154 partidos (detrás del “Pomelo” Pablo Marini, que hizo 67). Dejó una huella imborrable con la camiseta rosada de los peruanos. Y convirtió goles claves tanto para el ascenso del Rojo como en un clásico de Avellaneda en Primera. El nacido en Morón vistió otras 13 camisetas antes de disputar el torneo doméstico de San Juan.


Su último paso había sido por el Nuova Florida de la cuarta división de Italia (en 2023), en donde disputó pocos partidos antes de decidir retornar a la provincia tras haber cumplido con su anhelo de jugar en aquel país. El Motoneta también se puso las casacas de Deportivo Español, Racing, Nueva Chicago, Almagro, Almirante Brown, Skoda Xanthi (Grecia), Everton (de Chile, donde disputó partidos de Copa Libertadores), Once Caldas (Colombia), Aldosivi de Mar del Plata, Atlético de San Luis (México), Murciélagos (México) y Sarmiento de Junín (perdió la final y quedó muy cerca de ascender a Primera).  
En Minero ya hizo dos goles: el primero fue en el triunfo 2-0 ante Desamparados, en su debut (entró desde el banco), y el segundo (de penal), este sábado en el empate 2-2 frente a Peñarol en el estadio San Juan del Bicentenario. 

Como un debutante

“Parece como si fuera un nene de 19 años, como cuando arranqué profesionalmente. Pero esta vez con mucha más experiencia y disfrutándolo, no haciéndolo tan estresante como fue toda mi carrera de futbolista”, le dice el delantero a 0264 Noticias. 
A veces, volver al amateurismo conecta con la esencia del fútbol, donde las luces de la élite no presionan. Allí donde Sebastián dice que volvió a ser feliz en una cancha. Pero sabiendo, a pesar de vivir el día a día, que la etiqueta con la fecha de vencimiento a esta etapa está lista para ser adherida para siempre a ese doloroso día en el que considere que tenga que decir adiós. El día en que guarde en el cajón de los recuerdos la licencia con la que condujo su motoneta por las canchas de seis países.


Con el presidente del club, Marcelo Mena Muñoz, se puso rápidamente de acuerdo. Inmediatamente trabajó para “ordenar la logística familiar” y no entorpecer las tareas diarias de su esposa María Jesús Marín y sus hijas Renata y Agostina. 
“Les dije a los dirigentes que no sabía cuánto iba a durar, porque si en un momento no la pasaba bien le iba a poner un cierre y no iba a ir más. Pero hasta ahora estoy muy contento, disfrutando de cada entrenamiento y cada partido. Los chicos me han recibido de la mejor manera”, asegura.


Algunos de sus compañeros son hinchas de Independiente y ahora se dan el lujo de asistir al goleador que los hizo festejar con los 10 tantos que marcó con la camiseta del Rojo. “Me tienen cariño por ese paso en mi carrera. Así que trato de aportar mi experiencia para que ellos sigan creciendo y traten de dedicarse al fútbol cien por ciento. Yo sé que muchos trabajan y es otra realidad. Pero metiéndole empeño, ganas y un poco de suerte hay muchos chicos que pueden jugar tranquilamente en un Nacional B”, considera el goleador. 

Goles son amores    

Sebastián se reencontró con el gol al ingresar desde el banco en el partido con Desamparados. “No es fácil entrar en  ritmo de partido cuando venís de afuera. Pero el gol llegó rápido. No pensé que habían pasado nada más que cinco minutos. Leí la jugada, fui al rebote y me quedó para empujarla. Es lindo volver a hacer la motoneta. Los chicos se reían porque me decían que tenía que hacerle varios arranques porque hacía mucho que no andaba. El festejo quedó muy lindo”, recuerda con una sonrisa.
“Trato de divertirme, de hacer bromas. Trabajar serio como siempre lo hice, pero cuando hay que divertirse nos divertimos y me siento feliz, como un nene que hoy recién empezó”, repite, sin casete.  


Para el Motoneta todos los goles son importantes. Pero, más allá de haber hecho el último del histórico 6-1 del Verdinegro a Boca en 2013, en San Martín el más recordado es el del ascenso en la promoción ante Gimnasia en La Plata en 2011. 
“Cuando veo que Fede Poggi tiene la pelota, trato de meter la diagonal a la espalda del central. La pelota cayó justa. Pero cuando pica, y no había podido ver el arco, escucho a -Fernando- Monetti que le grita ‘¡mía!’ a -Pablo- Fontanello y, como la vi cerca de mi pie, la tiré por arriba. Vi que entraba y me fui a festejar. Fue un hermoso gol, sobre todo por lo que significó”. Fue a los dos minutos del partido de vuelta (terminó 1-1) de esa llave que ganó el Verdinegro 2-1.


Un golazo que muchos de los hinchas que viajaron las 16 horas hasta la capital bonaerense no pudieron ver pero escucharon por radio en los colectivos. “Me lo han dicho muchos por mensajes, en la calle o por las redes sociales, que los había demorado la Policía en las afueras del estadio y que cuando escucharon el gol tenían una emoción tremenda. Yo nunca me voy a olvidar de la imagen de cuando corrí hacia la tribuna en donde estaban los otros hinchas festejando. Fue un orgullo tremendo”, repasa el jugador.


“Van a pasar 15 años y la gente todavía se va a acordar de ese gol. Un hincha me dijo que van a hacer un mural con mi cara en un barrio. Eso es impagable”, dice orgulloso.


Penco retribuye tantas muestras de agradecimiento con una generosidad pocas veces vista: “He compartido picados con muchos hinchas. Yo sé que para ellos quizás no es normal jugar a la pelota con nosotros, pero trato de desmostrarles mi cariño haciendo partidos con el Negro Roberval (Emison da Conceiçao) y con -Reinaldo Andrés- Alderete. Nos divertimos y ellos cumplen un sueño de jugar con deportistas profesionales”. 


Con el brasileño, con Alderete y con el “Colo” Leonardo Corti, otros de los artífices del ascenso del 2011, se juntan algunas noches en su casa a “recordar, asado de por medio, esas viejas y lindas épocas”.  

Casi juega en Sportivo y en Celta de Vigo 

Penco confiesa que estuvo muy cerca de ponerse la camiseta de Desamparados. “Yo estoy muy vinculado a San Martín, pero para mí el fútbol siempre fue un trabajo. Antes de irme a Perú tuve la posibilidad de venir a San Juan (a jugar en el Federal A), estuve a punto de tomar la decisión. Y justo apareció Sports Boys y me fui. En ese momento lo pensé porque tampoco me podía quedar sin trabajo. Pero mi corazón ya es verdinegro”, cuenta el goleador.


También pudo jugar en España: “Cuando San Martín me compró (en su primera etapa en el club), tuve la chance de ir al Celta de Vigo, que en ese momento estaba en segunda división. Pero yo decía que si me quedaba acá íbamos a ascender e iba a jugar en Primera, que era lo que quería”. La jugada le salió bien y el destino lo hizo ídolo de los hinchas tras ese recordado ascenso.


Cuando tenía 17 años, Penco viajó a Europa para incorporarse al Calcio Padova y aunque no pudo debutar en Primera, esa experiencia lo ayudó a crecer personalmente: “Me tocó ir a Italia, a un país del que no sabía el idioma. No podía hablar con los demás, no sabía desenvolverme. Era muy chico. Ahí es donde uno hace sus primeras armas y se hace hombre”.
“Uno como futbolista deja de lado un montón de cosas: cumpleaños, casamientos, viaje de egresados, vacaciones. El que quiere dedicarse al fútbol tiene que saber que debe pasar por todas esas etapas, y el más inteligente, el más fuerte, es el que llega y el que se mantiene”, repasa con nostalgia.


Sebastián asegura que lo que le faltó a su carrera es haber hecho un gol en la Copa Libertadores y ser campeón en Primera, aunque disfrutó de tres ascensos a la élite.


Cuando volvió a la provincia en 2023 de su breve paso por Italia, tuvo ofertas de otros tres equipos de la serie D. “Pero era muy difícil, porque está el miedo a que no te paguen y uno está solo allá y extraña a la familia”, explica. 

Al único que le pediría una foto

Su ídolo siempre fue el “Fenómeno” Ronaldo Nazário. “Ojalá hubiera jugado el 10 por ciento de lo que jugaba él. Por mi juego nunca fui ni parecido. Como delantero era completísimo, un fuera de serie. De mitad de cancha para arriba él jugaba por todo el frente de ataque, pero también era un definidor letal”. Penco abre su corazón y reconoce: “Me hubiera encantado conocerlo. Creo que es al único que le pediría una foto y un autógrafo”.


El Motoneta dice que en Independiente le dio “vergüenza pedirle una foto y un autógrafo a -Ricardo- Bochini”. “Lo veía, me saludaba y nunca me animé a pedirle una foto. Pude hablar con él sobre fútbol, nos comentaba lo que había visto del partido. Es una persona de pocas palabras. Una gloria del Rojo”, admira el delantero.


También revela su cercanía con un reciente campeón del mundo: “Yo lo conozco a Rodri De Paul, por eso tengo la camiseta suya del Valencia y del Udinese. También tengo la que usaba -Fernando- Belluschi  en el Olympiacos de Grecia. Con De Paul teníamos el mismo representante cuando yo estaba en Independiente y él en Racing. También hemos compartido algún picadito en vacaciones y hemos jugado al truco online en pandemia”.


Además, cuenta que se sigue hablando “hasta el día de hoy con el Pocho -Federico- Insúa y con el Rolfi -Daniel- Montenegro, que fueron jugadores que pisaron la Selección, jugaron en Europa y tienen una humildad tremenda”.  

El adiós a San Juan

“La pasé muy bien acá, es la ciudad en donde más años estuve. Pero hoy tomo otro camino en mi vida, que es ir a Chile a acompañar a mi señora. San Juan siempre va a ser importante, siempre voy a volver. Tengo muchos conocidos acá y el cariño siempre va a estar. Es una provincia que me abrió las puertas, en donde la gente me tomó mucho cariño. Ese cariño es mutuo, así que siempre va a seguir así”, dice Penco a modo de despedida anticipada.


La familia se radicará en diciembre en Viña del Mar, en donde nació “Jechu”. Allí sus hijas podrán compartir diariamente con sus primos y abuelos maternos.


En esa ciudad, Penco tiene planeado seguir trabajando como director técnico especializado en neurociencia aplicada al deporte y también iniciar su carrera como director deportivo, para lo que se capacitó en el último tiempo.


“A mi esposa la conocí por Facebook (cuando jugada en Everton, en 2009). Nos mandábamos mensajes y un mes antes de irme nos juntamos. Ella se fue a estudiar a Estados Unidos y yo viajé a Italia a hacer el pasaporte. Después llegué a San Martín y ella vino para ver si funcionaba lo nuestro, hasta el día de hoy que formamos nuestra familia”, recuerda el futbolista.
Penco se casó con María Jesús (ingeniera comercial) en 2012, después del empate del Verdinegro en la promoción ante Rosario Central que le permitió mantenerse en la élite.


La familia vive en un barrio privado de Rawson. A fin de año dejarán esa casa y cambiarán de país. En ese viaje llevarán también a Luna, la perrita peruana que es su mascota desde antes de la llegada de la pandemia.  


Penco ya se alejó del viñedo que administró -con la ayuda de los consejos del padre de Nicolás Pelaitay- desde 2012, en 9 de Julio. En San Juan también dejará la rutina de estudiar por las mañanas, entrenar por las tardes y después, algunos días, dirigir a las jugadoras de Cuervas Rufrano, a un equipo de abogados o al equipo “de adultos de +52” en el camping de UDAP (Unión Docentes Agremiados Provinciales).


Pero en su nuevo lugar seguirá acompañando a sus hijas en las actividades escolares y en danza, como lo hace en la provincia cuando las lleva y las busca del jardín a la más chica y del Colegio San Pablo a la más grande. 

Junto a su familia

 

El final de una linda carrera

“Fue un camino maravilloso. No cualquiera hace casi 23 años de carrera. Estoy orgulloso, porque haberme cuidado siempre me permite hoy con casi 42 años seguir jugando y compitiéndoles a los chicos de 20 o 25 años. Siempre me exigí en mi carrera para progresar. Pero eso me llevó también al estrés de querer siempre más y no disfrutar en cada lado”, explica Sebastián.
Aunque aclara que ahora tiene un proceso distinto y disfruta “de jugar en Minero, del día a día de los entrenamientos, de los partidos”. “Cuando sienta que esto no da para más y llegue el 15 de diciembre y me tenga que ir, les agradeceré a todos. Por eso quise jugar en San Juan, para ponerle un punto final a mi carrera acá”, dice el goleador, quien reconoce que le hubiera gustado retirarse en el Verdinegro. Sin embargo, deja la puerta abierta para cumplir algún día otro rol. “Sería volver a una provincia y a un club que quiero mucho”.


Renata recuerda lo que generaba él en la puerta del colegio: “Cuando llegué en tercer grado me preguntaban todo el tiempo si mi papá es Sebastián Penco y si jugaba en San Martín. Los chicos de la secundaria le pedían fotos”. Ese es el legado que le deja a sus hijas, que viven de cerca el cariño que se ganó en esta provincia. “En San Martín fui muy feliz, dejé mi huella y eso no lo va a borrar nadie”, subraya Sebastián.


A la motoneta todavía le queda nafta. Los futboleros sanjuaninos pueden verla arrancar cada fin de semana en el torneo doméstico, sabiendo que pronto parará su andar para ser un grato recuerdo. Y aunque después no resida más en la provincia, él quedará como un hijo adoptivo de San Juan, que decidió regalarle las últimas gotas del tanque con el que regó de alegría las canchas. Gritos eufóricos en distintos goles que más de una vez habrán rescatado de la depresión a algún anónimo golpeado por su realidad.

 

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