Análisis
El caos de San Martín: barras dispuestos a parar una final por el descenso, un presidente que entra a la cancha a discutir con la Policía y un equipo sin reacción
San Martín fue un caos en medio de un momento en donde la tranquilidad es lo que debería primar para renacer. Otra vez hundido en el fondo de las dos tablas del descenso, un grupo de barras puso a la “final” contra Instituto al borde de ser suspendida por el árbitro Sebastián Martínez. Sacado, Jorge Miadosqui ingresó a la cancha para discutir con la Policía. Y, en el partido, el equipo dio otra pálida imagen de local cuando el abismo está a escasos cinco partidos en la Liga Profesional de Fútbol.
El Verdinegro vive sus horas más oscuras desde que regresó a Primera. La de este sábado fue una tarde futbolística para el olvido, que hasta le sacó el protagonismo al viento Zonda que había calentado la provincia a más de 36 grados en primavera. Concepción fue un horno, pero por otras causas.
Al borde de la suspensión
Cuando faltaban poco más de cinco minutos para el cierre de la primera etapa unos 17 jóvenes, con las caras tapadas por remeras y arengados por otros que quedaron abajo, treparon al alambrado que separa la Popular Norte del césped del Hilario Sánchez, insinuando que iban a bajar a la cancha. ¿El motivo?: pedirles a los jugadores que “pusieran” un poco más, pero sobre todo parar el partido para que la Policía dejara ingresar a decenas de hinchas de Instituto que habían llegado desde Córdoba y conservan una amistad con los simpatizantes verdinegros, según le contaron a 0264 Noticias. Eso, además, fue mencionado en conferencia de prensa por el DT Leandro Romagnoli, a quien le llegó la misma versión.
Un momento tan insólito como repudiable, porque esos “hinchas” sabían que el viernes había ganado Aldosivi, complicando seriamente al Verdinegro, que estaba obligado a ganar ante la Gloria. Entonces, en esta triste coyuntura no cabía una escena como la que montó aquel grupo minúsculo que casi termina por precipitar el destino que, se supone, ellos no esperan para su club.
Podrían haber sido los verdugos del equipo que fueron a alentar, porque: ¿y si el partido se suspendía y San Martín era sancionado? Ese escándalo hasta hubiera significado la posibilidad de perder la categoría en forma anticipada en caso de que un eventual castigo incluyera la quita de puntos.
Desesperación dirigencial
Para frenar la suspensión del partido, Miadosqui, fiel a su perfil personalista como mandamás del club, ingresó a la cancha (al estilo de Rodolfo D’Onofrio en el día del “gas pimienta” en la Bombonera) pese a que en un partido la máxima autoridad siempre es el árbitro. Discutió con los encargados del operativo ante la mirada del país futbolero y consiguió que los uniformados -que habían mostrado una actitud pasiva ante la amenaza de los barras- fueran en gran cantidad hasta el sector Norte del estadio. También se sumó el capitán Matías Borgogno, quien extrañamente no estuvo acompañado por algunos de sus compañeros.
Tras una charla con los hinchas, que dilató aún más un primer tiempo que duró cerca de una hora por las interrupciones, lograron desactivar la protesta y los caratapadas empezaron a bajar del alambrado.
La “voz del estadio” ya había informado que esas personas van a ser identificadas para aplicarles el derecho de admisión y no permitirles el ingreso al club durante 10 años. Palabras que no deberían quedar solo en promesas, ya que estuvieron cerca de atentar contra el futuro deportivo de una institución que desde hace varios años, bajo esta misma gestión, extrañamente le aplica el derecho de admisión a trabajadores de prensa que son críticos con algunas decisiones dirigenciales o futbolísticas.
Además, el termómetro de la popular este sábado le dio en contra al principal dirigente verdinegro: se escuchó una silbatina casi unánime cuando Miadosqui intentaba retirarse del césped.
Lo mismo pasó con Borgogno, que pasó de “ídolo” del ascenso del 2024 a ser fuertemente repudiado por muchos hinchas que hasta lo acusaron de “hacer tiempo” cuando el equipo está urgido de victorias. Inclusive, cuando se retiró de la cancha tras haber sido entrevistado por la televisión porteña, quiso saludar a los pocos simpatizantes que quedaban todavía en la popular y solo recibió insultos.
El momento más oscuro
Este fin de semana terminó de emerger un clima convulsionado que parece anteceder a un final casi imposible de esquivar. Hoy, con 15 puntos por disputarse y sin una regularidad de juego, al Verdinegro solo lo salvaría un milagro. De local le restan apenas dos encuentros (Independiente y Lanús). Le queda rezar para que lo de Aldosivi no haya sido el principio de una levantada que termine por desplomar los sueños de los sanjuaninos.
Encima, ya ni el técnico puede confirmar su continuidad hasta el final del Torneo Clausura. El “Pipi” conversó algunos minutos con Miadosqui tras el empate en cero y después fue a la conferencia de prensa. Ante la ya recurrente pregunta para saber si tiene “fuerzas para seguir”, esta vez puso en duda su futuro en el club. “Se hace difícil”, respondió primero, y después dijo que “por ahora” sigue en el cargo.
El entrenador también reconoció que al equipo le afectó emocionalmente la victoria del Tiburón marplatense en su visita a Unión de Santa Fe.
Frente a la Gloria cordobesa, San Martín pasó de un primer tiempo en el que intentó ser protagonista, aunque careciendo -como en toda la temporada- de definición, a una segunda parte en la que no tuvo ideas. Con un hombre menos por el sorprendente error de Nicolás Watson que se fue expulsado, el local nunca cambió de ritmo, algo que despertó las críticas de los hinchas.
En números, el Verdinegro volvió a ser el peor equipo de la LPF (0.741 de promedio y 20 puntos en la tabla anual) justo cuando se esperaba una reacción futbolística que por los menos alimente la ilusión por conseguir la permanencia. Hoy el signo de interrogación sobre esa continuidad es mucho más grande.
A ese panorama se le suma la relación rota de los hinchas con los jugadores y una dirigencia que ahora se mostró desbordada por la conflictividad en la tribuna. Un cóctel que oscureció aún más el horizonte de un equipo que, este año, nunca hizo pie en la categoría.