Día de la Madre
Madre, futbolista y fanática: una historia que se juega en familia
El fútbol no es solo un deporte. Para muchas madres, es un sentimiento profundo, una pasión que trasciende las canchas y se convierte en un vínculo familiar que se transmite de generación en generación. Paola Mallea es una de ellas. Hincha de Alianza, además de Boca, es jugadora y mamá de tres hijos que heredaron su amor por la pelota.
“La verdad que desde chica, mi papá jugaba al fútbol, ha jugado acá en Alianza, entonces él nos traía a la cancha. Por ahí veníamos a los entrenamientos y bueno, te vas criando con eso. En mi familia todos son muy futboleros. De hecho, mis hermanos también juegan acá en Alianza. Tengo una hermana gemela, ella ama el fútbol desde siempre”, contó Paola a 0264Noticias.
Cuando nació su primera hija, la Liga Sanjuanina aún no tenía fútbol femenino. “Cuando ella tenía dos años más o menos, ponen el fútbol 11 en la Liga, comienzan a pedirle a los clubes que se sumen y nosotros entramos y nos sumamos con Alianza, y el entrenador (Emison Da Conceicao, más conocido como Emison Roberval), es el papá de Guadalupe (hija de Pali y Roberval), entonces yo tenía que llevarla, ir con ella a los entrenamientos, a los partidos. Se fue criando en ese mismo entorno y, obviamente, también con una pelota en los pies. Le encanta jugar, está actualmente en la sub14 de Alianza y lo hace muy bien. Bueno, es mi hija, ¿qué te voy a decir?”, dice entre risas.
Con el paso del tiempo, la familia creció y el fútbol siguió siendo el centro de sus días. “En pandemia me quedé embarazada de mi segundo hijo, Felipe. Él nació en diciembre de 2020. Tenía dos meses cuando volvieron las actividades deportivas y me lo llevaba a los entrenamientos, a la cancha. El enano ahora tiene cuatro años, va a cumplir cinco y también le encanta el fútbol, gateaba con la pelota en la mano, imaginate”, recuerda Paola.
Su casa respira fútbol. Marcia, la hija mayor de su pareja, también juega en Alianza. “Estamos todos acá metidos, todos jugando. Felipe juega con sus hermanas, para que te des una idea lo que juega. Si con cuatro años está jugando con nenas de diez, de once… Nuestros fines de semana son de cancha en cancha, partido en partido. Salimos de un partido, de una cancha a la otra, y así. Pero todos disfrutamos, porque a todos nos apasiona el fútbol. Es muy lindo compartirlo con ellos. A mí me emociona poder transmitírselo y ver que lo disfrutan”, confiesa.
Uno de los recuerdos más emotivos de Paola está ligado a una cancha especial. “La primera vez que jugamos en el Bicentenario llegamos con Alianza a la final de la Copa de Plata. Guadalupe y Marcia fueron pasapelotas y Felipe estaba escondido en el banco, porque no se permitían niños tan chiquitos. Ganamos, y tengo fotos con ellos y la copa. Fue muy emocionante. Después me tocó a mí mirarla a ella jugar ahí, en el Bicentenario, cuando se armaron las inferiores. Era como devolverle un poco de todo lo que ellos me han bancado”, relató.
Su familia es sinónimo de fútbol. “Mi hermana juega acá con nosotros, que es la madrina de mis hijos; la pareja de mi hermana también juega; mis hermanos juegan acá. Con mis primos hacemos mixtos, jugamos fútbol 5 en cualquier cancha. Somos todos futboleros. Somos fanáticos de Boca y de Alianza. Mi hijo, con cuatro años, cuando ve los partidos, dice ‘corner’ o ‘tiro de esquina’, y cuando Alianza gana, dice ‘si ganan les pago un asado’”, cuenta entre risas.
Sobre lo que el fútbol le dejó, Paola no duda: “Lo más lindo son las personas que conocí, un grupo de amigas espectacular. Las amo. Hice amigas muy amigas jugando a la pelota. Es lo mejor que me ha dado el fútbol”. Aunque también atravesó momentos difíciles. “Tuve una lesión grande el primer año: me quebré la tibia y el peroné con luxación del pie. Estuve meses sin poder caminar. Eso fue lo más duro que me tocó vivir. Pero después, más allá de las derrotas o victorias, todo se disfruta”.
Cuando se le pide que defina al fútbol en una sola palabra, responde sin pensar: “Pasión”.
Y deja un mensaje especial para otras mamás: “Que se animen, que lo hagan, que si les gusta jugar lo practiquen más allá de ser buenas o malas, grandes o jóvenes. Que no se dejen llevar por los prejuicios. Si no te gusta jugar y a tu hija sí, acompañala. Es preferible que esté jugando a la pelota y no con el celular. Para mí una tiene que tener su espacio, hacer lo que le gusta, lo que le genera pasión, para poder estar fuerte y transmitir eso a los hijos. Disfrutar de verlos en la cancha, acompañarlos y ayudarlos a manejar las frustraciones”.
Paola trabaja en el Poder Judicial y, aun con una rutina cargada, siempre encuentra tiempo para su otra gran pasión. “Trabajo todas las mañanas y, cuando salgo, me vengo al club. Entreno con mi hermana y la pareja de mi hermana a las más chiquitas. Paso más tiempo en Alianza que en casa, pero es mi lugar en el mundo”, dice con orgullo.
La familia Mallea-Roberval tiene el fútbol en la sangre. Su padre, 'Roquiño' Mallea, fue jugador y presidente del club. Sus hermanos Facundo, Nicolás, Santiago, Juan Pablo y su gemela Yanina también siguieron ese camino. “Muchas veces pasamos más tiempo en el club que en casa”, aseguran. Y no hay dudas: en esa familia, el fútbol no solo se juega, se vive.