2025-12-24

HISTORIAS

Tras la barba y el traje rojo: la historia de magia y esperanza de dos "Papá Noel" sanjuaninos

Se trata de Daniel Muruaga quien lleva 34 años interpretando al icónico personaje, y Carlos Jorquera, quien después de 37 años decidió colgar el traje de Papá Noel y poner punto final a una de las historias solidarias más conmovedoras de la provincia.
Por Redacción 0264Noticias

Cada Navidad, cientos de familias esperan con ilusión la llegada de Papá Noel. Detrás de la barba blanca, el traje rojo y los cascabeles, hay años de dedicación, preparación y una pasión genuina por generar alegría en los más pequeños. En esta oportunidad, dos historias sanjuaninas permiten conocer el lado humano y profundo de quienes, año tras año, sostienen o sostuvieron viva la magia navideña.

Daniel Muruaga lleva 34 años interpretando al icónico personaje. Hoy, con 54 años, recuerda que su vocación nació muy joven. “A los 20 empezamos con animaciones y cotillón en familia. Con el tiempo surgió la posibilidad de interpretar a Papá Noel en alguna fiesta. Antes de ser Papá Noel fui Rey Mago”, contó a 0264Noticias.

Su primera Navidad como Papá Noel estuvo llena de expectativa y magia, no solo para los niños sino también para los adultos. “Todo tiene que ver con la magia de lo que creemos como seres humanos. Yo siempre digo que no es solo para niños, sino para todo el que cree. Interpretas un personaje y la persona que te mira con entusiasmo, que cree, te habla como si fueras eso. Eso para mí es lo más importante: el cariño, el afecto y la ilusión que percibís de la gente, sin importar la edad”, relató.

Con el paso de los años, Daniel notó cambios en la reacción de la gente, sobre todo después de la pandemia. “La gente se acercaba con más intensidad, buscando afecto, abrazos, fotos o videos. Fue un vuelco muy fuerte, sentí que necesitaban contacto humano de verdad”, explicó. Además, agregó: “Eso fue muy muy fuerte para mí. Igual siempre estamos en diferentes lugares, y encontrarnos con gente que quiere escuchar una palabra amable, abrazarte, besarte, llevarse un recuerdo, una foto, nos piden vídeos”. 

Entre los recuerdos más especiales, mencionó la importancia de no ser identificado por los niños o familiares cercanos, un desafío que combina con su formación actoral. “Modificar la voz, la expresión, la forma, para que el niño no sepa quién soy realmente, es un plus importante. Una vez, una amiga de mi hermana no me reconoció y eso me hizo sentir que estaba cumpliendo correctamente mi rol”, recordó.

Para Daniel, representar a Papá Noel es mucho más que un disfraz. “Es un camino de cariño, respeto y esperanza. Se trata de dar un mensaje de amor y paciencia a los niños, ayudando a que comprendan la importancia de portarse bien y respetar a sus padres, más allá de entregar un regalo. Eso trasciende año a año. Entonces trato de dar un mensaje de amor, paz, y tranquilidad”, reflexionó.

La preparación para cada Navidad comienza con semanas de anticipación, revisando el traje, las botas, la peluca y el maquillaje. “Hay que convertirse en toda una ficción para que la persona crea en eso. Es físico y espiritual: pararse, agacharse, interactuar con los más chicos, darles tiempo y atención, para que sientan que ese abuelito está escuchándolos. Lo disfruto mucho, me gusta, soy feliz haciendo esto que hago”, explicó.

Daniel concluye que la esencia de su labor es transmitir alegría y magia: “No importa el calor ni el cansancio, lo que vale es ver la sonrisa de los niños y sentir que estás contribuyendo a que tengan un momento especial. Esa es la verdadera magia de la Navidad”.

La otra historia es la de Carlos Jorquera, quien después de 37 años decidió colgar el traje de Papá Noel y poner punto final a una de las historias solidarias más conmovedoras de la provincia. El retiro llega por motivos de salud, y por el paso del tiempo, que ya no le permite continuar con la intensa tarea que realizaba cada Nochebuena.

La historia comenzó hace casi cuatro décadas, cuando fue invitado a participar de un programa llamado “Milagro de Nochebuena”. Allí interpretó por primera vez a Papá Noel junto a su hija mayor, que tenía apenas seis años. Aquella breve obra teatral, cargada de emoción y mensaje, sembró la semilla de lo que luego sería una misión de vida: vivir una Navidad diferente. 

Tras aquella experiencia, Carlos y su esposa decidieron que la Nochebuena ya no sería solo familiar. “Entonces esa Navidad diferente fue de ir y regalar cosas al hospital de niños. A partir de esa fecha, nosotros el día 24, precisamente a las 00 horas del 25, entrábamos al Hospital de Niños, llevando regalos, golosinas, revistas y, sobre todo, compañía. Con el correr de los años, la recorrida se amplió a sectores como Terapia Intensiva, Neonatología, Maternidad y Casa Cuna. Desde allí nació el hecho de tener una Navidad diferente”, contó en diálogo con 0264Noticias.

Lejos de hacerlo en soledad, Carlos destaca que nada hubiera sido posible sin la colaboración de una multitud de personas que, a lo largo de los años, aportaron juguetes, dinero y ayuda desinteresada. “Si me preguntás cuánto se invirtió en 37 años, no lo sé, pero fueron millones”, reconoce, aclarando que todo lo recibido fue entregado íntegramente a los niños.

La familia fue un pilar fundamental. Sus hijos y su esposa lo acompañaron siempre, incluso resignando celebraciones tradicionales. “A partir de esa Navidad ya nunca más estuvimos en la casa. A las cero horas entrábamos al hospital, estábamos hasta las tres o cuatro de la mañana —a veces un poco más, según la cantidad de chicos— y luego íbamos a saludar a los bomberos. Mientras yo los saludaba, mi señora con los chicos preparaban una mesita en la plaza Gertrudis Funes. Recién ahí cenábamos y después volvíamos a descansar”.

Con el tiempo, también se sumaron parientes, porque la tarea creció tanto que, como él mismo dice, “no nos daban los brazos”. A lo largo de estas décadas, Carlos no solo fue Papá Noel en hospitales. Escuelas, jardines de infantes e instituciones lo convocaron para actos de fin de año, y muchas de esas actividades también servían para reunir donaciones. Además, destacó el respeto recibido por parte de jóvenes, adultos y niños, y el cariño constante de la comunidad, incluso en su propio barrio. “Nos aceptaron con mucho cariño y nos sentimos felices, por eso”, cuenta.

Además, relató: “Mis vecinos fueron visitados. Era la primera visita que hacíamos antes de ir al hospital. Hoy tenemos niños que saludamos hace muchos años, que ya son papás, y que nos traen a sus hijos para que también los saludemos en Nochebuena”.

El personaje tuvo para él un profundo significado espiritual. Aunque asegura que hubiera querido representar a Jesús, encontró en Papá Noel una forma de transmitir amor, fe y esperanza. “Yo hubiera querido representar a Jesús porque él sanaba, hacía milagros, y yo no tenía ese poder. Pero a lo largo de estos 37 años pudimos brindar momentos bonitos. Muchos nos pidieron oración por sus enfermitos y sentimos la alegría de ver que sus seres queridos se mejoraban”.

Entre las historias que más lo marcaron, recuerda el día en que una familia lo buscó tras la pérdida de su hijo. “Usted fue la última persona que lo vio”, le dijeron. La única foto que tenían del niño a esa edad era una imagen junto a Papá Noel. Gracias a un fotógrafo amigo, pudieron ampliarla y entregársela. “Eso nos marcó mucho. Sentimos que pudimos ayudar a esa familia en un momento muy duro”, recordó.

Otro recuerdo imborrable ocurrió en la terapia intensiva del antiguo Hospital de Niños, “una señora se abalanzó llorando y me pidió que orara por la salud de su nieto. Años después, ese niño —ya adulto— volvió para presentarle a sus hijos. Hoy tiene 34 años, es un toro”, cuenta con emoción.

La preparación para cada Navidad comenzaba el 26 de diciembre del año anterior, cuando ya terminaba de entregar los regalos y hacer los recorridos. Durante todo el año, Carlos realizaba trabajos y ayudas solidarias, pidiendo que lo que quisieran pagarle lo reservaran para Navidad. Así, la colecta no se hacía en diciembre, sino a lo largo de los doce meses. Incluso se dejaba crecer la barba desde marzo, tras su cumpleaños.

Incluso durante la pandemia, cuando no pudieron ingresar a los hospitales, la misión continuó mediante videos, llamadas y saludos especiales, adaptándose a las circunstancias sin perder el espíritu solidario.

Este año, por primera vez en 37, Carlos no continuará con la tarea. “Ahora nos sentimos raros. El traje está colgado, el cinto, los cascabeles… Mi hija menor no sabe lo que es pasar la Navidad en casa; este será el primer año y ya tiene 31 años”, contó. Aun así, la solidaridad sigue presente en pequeños gestos cotidianos y en el espíritu familiar.

Hoy, con el traje colgado, los cascabeles guardados y la casa más silenciosa, Carlos vive esta Navidad con nostalgia, pero también con paz. “Lo que más me emociona de la Navidad es recordar que nació Jesús. Siempre tuvimos eso en mente. Vimos la mano de Dios en cada actividad y sentimos que fuimos bendecidos”, afirmó.

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