2026-02-01

historias

Las mujeres que le ponen el pecho al ciclismo sanjuanino, domingo tras domingo

Con cámara, micrófono o celular en mano, Yanina, Rosana, Melisa y Carina recorren rutas, se meten en carrera y cuentan la pasión más popular de San Juan. En entrevistas con 0264Noticias, relataron sus comienzos, los obstáculos y el amor incondicional por el ciclismo.

Cada domingo, mientras el pelotón avanza por las rutas sanjuaninas y el público se agolpa al costado del camino, hay mujeres que también corren la carrera. No lo hacen sobre la bicicleta, pero sí con micrófono, cámara o celular en mano. Son las que transmiten, encuadran, relatan y muestran el ciclismo sanjuanino durante toda la temporada, con frío, lluvia o más de 40 grados de calor. Yanina, Roxana, Melisa y Carina son protagonistas silenciosas de ese detrás de escena que sostiene una de las pasiones más profundas de la provincia.

En entrevistas con 0264Noticias, las cuatro repasaron sus historias personales y profesionales, marcadas por la perseverancia, el sacrificio y la lucha por ganarse un lugar dentro de un ambiente históricamente dominado por hombres.

Yanina Olivera llegó al ciclismo siendo apenas una adolescente. “Llegué al ciclismo a los 13 años mirando a la orilla de la calle, junto a mi tío Mariano. Lo primero que vi fue a Óscar Villalobo y me enamoré ahí”, recordó entre risas. Desde ese momento, la bicicleta comenzó a formar parte de su vida cotidiana, acompañando vueltas, carreras y caravanas familiares.

A los 16 años se puso de novia con un ciclista y empezó a vivir el ciclismo desde adentro. “Empecé a ir a las caravanas, a hacer abastecimiento. Me gustaba esa adrenalina de ir rápido, de ayudar, de meterme”, contó. Aunque luego se alejó del ambiente al casarse y formar una familia —tuvo cuatro hijos en pocos años—, el ciclismo volvió a aparecer en su camino casi como una necesidad.

“Después de un tiempo, no sé bien por qué, llegué al SEP cuando recién se estaba formando el equipo. Ayudaba con la comida, con la ropa, con el abastecimiento”, relató. Allí comenzó a involucrarse cada vez más, hasta dar el salto a la fotografía. “Empecé sacando fotos con un celular Core 2. Me tiraba en las cunetas y sacaba fotos como podía”, recordó entre risas.

Ese fue el inicio de un camino que la llevó a la televisión y la radio. “Huguito Cárdenas me ofreció hacer solo ciclismo en un programa de Canal 34 y Radio de la Paz. Acepté y ahí empecé a tomar contacto con el periodismo”, explicó. Subirse a la moto, hacer entrevistas y salir al aire fue un gran desafío. “Me daba vergüenza, estaba nerviosa, pero cuando salí al aire me di cuenta de que este era mi lugar”.

El recorrido no estuvo exento de situaciones difíciles. “Era la única mujer dentro del pelotón y había mucho machismo. Me retaban, me trataban mal. Una vez me gritaron: ‘Andá a lavar los platos’. Llegué a mi casa llorando”, contó. Lejos de rendirse, decidió crear su propio espacio. “Cuando todo se cayó, me dijeron: ‘Seguí filmando, hacete una página’. Así nació Pasión Ciclismo”. Ese proyecto se transformó en su sostén emocional. “El ciclismo me salvó. Pasé por una depresión muy grande y esto fue lo que me sostuvo. Hoy sigo con lo que tengo, porque la gente me acompaña y eso para mí es lo más importante”, afirmó a 0264Noticias.

Rosana Mangue, conocida como Roxi, tiene una historia ligada al micrófono desde la infancia. “Siempre fui intrusa del micrófono desde muy pequeñita. Los actos en la primaria y la secundaria eran míos, las misas, todo lo que tuviera micrófono”, contó. Su recorrido profesional comenzó en Radio Viva, donde durante nueve años hizo de todo: locución, operación técnica, conducción y producción.

En 2006 llegó su primer acercamiento al ciclismo en los medios. “Hicimos ciclismo libre. Yo hacía los controles, la locución y la operación técnica desde el estudio, y mi hermano hacía el móvil en la calle”, recordó. Tras una breve pausa por la llegada de su hijo, retomó rápidamente su actividad. “Mi hijo nació en diciembre de 2008 y en 2009 arranqué con Juan Beragua. Hice central, que es algo que me encanta”.

Luego llegaron nuevas experiencias en distintos medios. “Después estuve en Radio Sarmiento, y más tarde hice off en Canal 8 durante dos años con el Pata Corona. Lo hacía sola: el off y las imágenes nada más. Terminando esa etapa, me crucé con Claudio Bonomo, que en ese entonces el estaba con Ibarra en una competencia en Rodeo, y yo estaba en un momento personal complicado porque había fallecido el hermano de Sergio (su pareja y también ciclista)”, relató. Ese encuentro marcó una nueva etapa ligada de lleno al ciclismo. “Ahí arranqué con Claudio, a empezar a aventurarse con los Libres, y ahí empezamos con Radio Moto… El año pasado hice solo dos etapas en motocicleta porque me había lesionado la rodilla, y el resto lo hice desde el móvil”, detalló. Al hacer un repaso general, Roxi resumió: “En 2013 arranqué con radio, moto o móvil según dónde hiciera falta. Estuve muchos años en Radio Sport y en distintas radios. Pero el ciclismo fue el arranque periodístico, en realidad”.

Su vínculo con la bicicleta, sin embargo, viene desde mucho antes. “Mi hermano arrancó en el ciclismo desde muy pequeñito y yo también hice algo cuando tenía ocho años, más o menos. Hice alrededor de dos años de ciclismo infantil. En ese momento, el Tito Marzano era el presidente del infanto-juvenil. En una carrera en La Rioja se me rompió la bicicleta y Tito me prestó una. Tenía entre 8 y 10 años y corrí varios nacionales”, recordó. Las dificultades económicas hicieron que dejara de competir. “Como pasa muchas veces, la situación económica era complicada y dejé para que mi hermano pudiera seguir. En los infantiles estuve un tiempo y después continuó él”, explicó.

La historia familiar siguió siempre ligada al ciclismo. “Después de eso, mi hermano siguió corriendo en juveniles. En ese momento, cuando pasa a juveniles —que antes eran quinta y sexta—, se hace amigo de Sergio, que hoy es mi marido. A Sergio lo convocan al Argentino y lo acompaña mi papá, junto con mi hermano. Ahí nos empezamos a conocer”, cuenta.

Ese legado continuó en sus hijas. “Maribel arrancó desde los cuatro años y hasta el día de hoy sigue involucrada en la disciplina. Ludmila empezó con patín carrera; después quiso correr en bicicleta (ellas correrán la Vuelta Femenina). Sergio nunca quiso que corrieran, pero ellas quisieron. Mari terminó corriendo porque mi mamá deseaba tanto que tuviera su bicicleta que le dije: ‘Déjala, para que mi mamá en algún momento la pueda ver”, contó con emoción.

Hoy, Rosana es la voz oficial de la Vuelta a San Juan, un rol que refleja años de experiencia, constancia y profesionalismo dentro de un ambiente que conoce como pocos.

En tanto, Melisa Micheli es quien se encarga de capturar cada momento de la pasada de los ciclistas en la ruta, inmortalizando llegadas, gestos, caídas y festejos desde adentro del pelotón. “Hace alrededor de seis años que me dedico a la fotografía en ciclismo. Esto empezó antes de la pandemia. En realidad, el ciclismo siempre me entusiasmó. Desde muy chica salía a la calle a ver pasar las carreras con mi mamá y mi abuelo, siempre escuchando la radio. Me llamaba muchísimo la atención”, recordó. Ese amor por las carreras la llevó a empezar de manera casi espontánea. “De tanto ir a las competencias, sacaba fotos con el teléfono y tenía un montón. Entonces pensé: ¿por qué no publicarlas para compartirlas y no tenerlas solo yo? En 2019 creé las redes sociales con el nombre Ciclismo Sanjuanino y empecé a subir las fotos que sacaba con el celular. En Instagram y Facebook se hicieron bastante conocidas y eso me dio todavía más entusiasmo”, explicó.

Con el tiempo, esa iniciativa amateur se transformó en un proyecto cada vez más profesional. “Ahí me di cuenta de que estaba uniendo dos pasiones: la fotografía y el ciclismo. Estuve aproximadamente un año sacando fotos solo con el celular. Hoy las veo y digo ‘guau, qué horribles’, pero en ese momento iba siempre a las carreras, sacaba fotos, las editaba, las subía. En la última Vuelta Internacional que se hizo antes de la pandemia, las imágenes se viralizaban bastante; los corredores las compartían, los etiquetaba y todo empezó a crecer”, relató.

Ese fue el empujón para dar un paso más. “Vi la posibilidad de decir: esto me gusta, lo estoy disfrutando, voy por una cámara para hacerlo un poco más profesional. No tenía ni idea de cómo manejar una cámara, pero me compré una Nikon básica, que es la que tengo hasta hoy. Está bastante gastada, en malas condiciones, pero hago magia con lo que tengo. Lo importante está detrás del lente: el ojo, las ganas de capturar el movimiento. El deporte me apasiona, hice deporte toda mi vida, entonces voy por ese lado”, expresó.

La pandemia marcó un antes y un después en su recorrido. “En la última Vuelta Internacional, ya en pandemia, había que acreditarse para entrar a la burbuja. Me animé, me acredité. En ese momento la prensa tenía que hisoparse para ver si estabas apta. Cuando entré pensé: “¿Qué hago acá?”, no conocía a nadie y nadie me conocía a mí”, recordó.

Su ingreso al ambiente no fue sencillo. “Me costó mucho llegar y hacer contacto con quienes hoy son mis colegas. Es un ambiente donde la mayoría son hombres y, siendo mujer joven, cuesta que presten atención a tu trabajo. Fueron pocas las personas que me dieron una mano, pero hasta el día de hoy las agradezco, las quiero y las admiro. Con el tiempo, con carisma y respeto, me fui ganando mi lugar”, afirmó.

Con los años, Meli fue sumando experiencia y confianza. “Me fui animando a subirme a una motocicleta, a ir dentro del pelotón, a estar todos los fines de semana. Los sábados hay carreras de libres y máster, los domingos de élite. Llegué a ir a la Vuelta a Mendoza, a San Luis y así me fui expandiendo de a poco”, contó.

Hoy, su presencia ya es parte del paisaje habitual de las competencias. “Es un ambiente donde me siento cómoda, feliz, haciendo lo que me gusta. Me encanta combinar estas dos pasiones y poder vivirlas desde adentro del pelotón”, destacó.

Entre las competencias que más la marcaron, hay una que ocupa un lugar especial. “La carrera más linda para mí, la que no me pierdo nunca desde hace seis años, es la clásica Doble Difunta Correa. Tiene algo especial: el calor, la gente, cómo alientan, cómo todos quieren ser protagonistas. En esa carrera se vive una pasión increíble que me encanta”, dijo. También mencionó otra prueba que la conmueve profundamente. “La etapa al Cristo Redentor de la Vuelta a Mendoza es otra que trato de no perderme. Por los paisajes, por lo dura que es para los ciclistas, por la emoción con la que llegan arriba. Como deportista, valoro muchísimo lo que hace el ciclista: lo que sufre, lo que aguanta, cómo se levanta después de una caída. Eso es admirable”, señaló.

Finalmente, Meli reflexionó sobre su presente y sus sueños. “A pesar de llevar seis años haciendo esto, todavía me siento muy novata. Tengo muchas cosas por aprender y muchos sueños por cumplir. La fotografía social no me gusta, el paisaje más o menos, pero el deporte —y sobre todo el ciclismo de ruta— es lo que realmente me apasiona. Es esto lo que quiero seguir haciendo”, concluyó.

Carina Lucero lleva más de 30 años ligada al ciclismo. “Primero acompañando a mis hermanos Willy y Franco; hoy acompaño a mi hijo, a mis sobrinos, entre ellos a Leo Cobarrubia”, contó a 0264Noticias.

Hace seis años empezó a involucrarse del lado periodístico, cuando se acreditó como prensa durante el Panamericano de San Juan y desde entonces cubre de lleno el ciclismo con su página.

“He cubierto campeonatos argentinos de menores, elite, damas y tándem. Durante años viajé encargada de acompañar a las damas”, explicó. También cubrió la Vuelta a Mendoza, la Vuelta a San Juan, competencias binacionales y aclaró: “Nadie me paga ni me costea los viajes. Todo lo hago por mis propios medios”.

“El ciclismo corre por nuestras venas. Llevo más de la mitad de mi vida acompañando a mi familia en este deporte. Vamos a seguir apoyando, acompañando y tratando siempre de mejorar”, afirmó.

Historias distintas, un mismo amor por el ciclismo. Yanina, Roxana, Melisa y Carina son mujeres que se metieron en el pelotón, rompieron barreras y hoy son parte indispensable del ciclismo sanjuanino. Con su trabajo, no solo muestran carreras: cuentan historias, emociones y sostienen viva una pasión que se renueva cada domingo en las rutas de San Juan.

Te puede interesar