ÚLTIMA DICTADURA MILITAR
San Juan, a 50 años del golpe: el desafío de la historia para combatir la desinformación joven
A 50 años del golpe de Estado de 1976, es necesario que reconstruir la memoria local se vuelva urgente. Para la historiadora Lía Borcosque, docente de la Universidad Nacional de San Juan y del Colegio Central Universitario, existe una historia regional que aún permanece en las sombras para muchos, especialmente sobre lo ocurrido en las horas previas a la toma formal del poder por parte de los militares.
El 24 de marzo de 1976 comenzó la última dictadura cívico-militar en Argentina (1976-1983), que se autodenominó "Proceso de Reorganización Nacional". El terrorismo de Estado sistemático dejó un saldo de 30.000 desaparecidos, 22 de ellos en San Juan. A lo largo y a lo ancho del país se registraron secuestros, torturas y más de 600 centros clandestinos de detención, los más conocidos en nuestra provincia: La Marquesita y el edificio de la Ex Legislatura provincial.
El "23 de marzo" sanjuanino: la antesala del horror
Mientras el país esperaba con incertidumbre el desenlace político nacional, en San Juan la maquinaria represiva se adelantó. Según relata a 0264Noticias Borcosque, el 23 de marzo de 1976 se produjo un atentado en Rawson contra el jefe de Policía Federal, comisario Ernesto Máximo Patetta, lo que desató una respuesta inmediata de las fuerzas conjuntas. De todos modos ya se habían registrado algunos casos de detenciones en San Juan previas, como el del odontólogo Abraham Videla, de Albardón, en 1975.
Esa misma jornada, antes de que se anunciara la Junta Militar, ya se realizaron allanamientos y detenciones de estudiantes universitarios, quienes fueron trasladados para ser interrogados y torturados. "La jornada del golpe en San Juan comenzaría un día antes", afirma la historiadora, señalando que el 24 de marzo solo formalizó la intervención de todas las instituciones públicas, desde el Poder Ejecutivo hasta la Universidad.
El peligro de la "memoria de redes" y los nuevos discursos
Uno de los puntos más alarmantes señalados por la especialista en Historia es el creciente desconocimiento y desinformación en las nuevas generaciones. En un contexto político donde vuelven a circular conceptos como la "Teoría de los Dos Demonios" o el pedido de una "Memoria Completa", Borcosque advierte que estos discursos no tienen sustento documental.
La tecnología juega un papel fundamental en esta pelea ideológica. Los jóvenes, según la docente, son "muy permeables" a discursos de odio y miradas revisionistas que circulan por redes sociales en formatos de mensajes breves y sin rigor histórico. "Estos mensajes son tomados por los jóvenes como verdades absolutas", lamenta Borcosque, subrayando la dificultad de los investigadores para competir contra el mundo de la información digital.
Desarmar la "Historia Completa"
Frente a la narrativa que intenta equiparar la violencia estatal con el accionar de organizaciones políticas, la historiadora es tajante: la documentación existente —aquella que sobrevivió a la destrucción y al pacto de silencio de los responsables— no permite sostener esos argumentos bajo el paradigma de los Derechos Humanos.
El concepto de "subversivo" en San Juan fue tan amplio que incluyó a docentes, periodistas, jueces y abogados defensores, convirtiendo a cualquier opositor en un "enemigo interno". Esta política no se limitó a la Capital, sino que se extendió a departamentos como Rawson y Jáchal, mediante detenciones clandestinas, torturas y desapariciones forzadas. En los departamentos alejados de la ciudad capital, es aún más difícil encontrar testimonios o documentos que cuenten cómo se vivió la última dictadura militar y cuán atravesados estuvieron por la situación nacional y provincial.
La justicia como fuente de verdad
Para Borcosque, los juicios de lesa humanidad en San Juan no solo han traído alivio a los familiares, sino que han funcionado como una cantera de pruebas contundentes para reconstruir la historia que no está en los libros.
A 50 años de los hechos, la reflexión de la historiadora pasa por el desafío docente que va más allá de transmitir fechas; se trata de formar "ciudadanos críticos" que puedan distinguir entre un eslogan de redes sociales y la verdad histórica documentada, entendiendo que la democracia es el único sistema que garantiza que ese pasado oscuro no se repita.