2026-04-12

historias en primera persona

Crónica de una misa que no le teme al lunes

Cada domingo, un boliche de calle Libertador se transforma en un templo de fe cuartetera. Acompañamos a los hermanos Flores, de Omega, y a sus "fieles" en una noche donde el baile es religión. Te mostramos el detrás de escena que sostiene el rito que ya es marca registrada de San Juan.

No es religión, aunque para algunos, estar los domingos allí es “religioso”. No es un rito, pero tiene fieles que los siguen y que cumplen con las reglas de cada domingo: bailar y disfrutar. No, no es la iglesia, pero para otros, el boliche de calle Libertador, es una especie de templo. Se trata de la “Misa cuartetera” que domingo tras domingo los Omega celebran en el local de Ladran Sancho.

La palabra "Missa" proviene de missio, raíz de la palabra «misión». busco en el diccionario para entender un poco más de qué trata esta liturgia popular. Para Alejandro Flores, uno de los hermanos fundadores de la banda que tiene casi 20 años recorriendo escenarios en la provincia y el país, la misión es dar trabajo y alegría. “La misa es el sostén que tenemos para laburar en todo el país porque con esto se banca lo que hacemos en otras provincias, y todo sale de acá”. Es que cada domingo pasada la medianoche se abren las puertas del boliche y llegan quienes lograron hacerse de entradas gratis durante la semana en las redes sociales de Omega. Otros que consiguieron anticipadas y hay quienes se deciden en el momento y cuando va terminando la sobremesa del domingo, WhatsApp de por medio, y hay salida. Lo cierto es que cada domingo el boliche logra prácticamente llegar al número que dicta el cartel de capacidad que les dieron, un poco más de 300 personas, que reza la habilitación.

Pero por qué misa, sin faltar el respeto a la liturgia católica. “A ese nombre se lo dio un fan que nos dijo: ´Che, esta noche nos vemos en la misa´ y le agradecemos porque quedó para siempre y la gente se acostumbró que el domingo es de misa (cuartetera)” me dice Alejandro que recibió a este equipo de 0264Noticias en la previa del último encuentro antes de las vacaciones del grupo y sus familias. 

Hay lugares en los que salir a bailar o escuchar música un domingo, casi madrugada de lunes, es común. Pero para los Omega y sus seguidores, el domingo “es una pasión”. “Me gusta ver cómo lo disfruta la gente, es como la pasión que tiene cada uno, que algunos irán a la cancha, otros a la montaña y nosotros lo sentimos así, como una pasión” me responde entre una sonrisa, al tiempo que comparte lo que ven desde el escenario: gente que llega con ganas de cantar, saltar. “Termino los domingos contagiado de esa energía” asegura.

Trabajar en la misa

“Se lo cuido doña”, me dijo uno de los cinco cuidacoches que alcancé a contar al bajar del auto. Eran las 12 de la noche y ya el cielo daba señales de lluvia o al menos de esa llovizna chiquita, de invierno, esa que humedece la ropa si te descuidás. 

Lo primero que me sorprendió al ingresar al boliche fue ver la cantidad de personas que son parte de ese engranaje. En calidad de espectadora silenciosa, lo primero que observé al llegar, fue al personal de seguridad y al ingresar, a quienes trabajan detrás de la barra. A medida que avanzaba por la pista del boliche miraba a djs, sonidistas, a quienes daban los últimos retoques de la limpieza en los baños. 

El DJ uno de los miembros del engranaje de más de 70 personas que trabajan en "La misa"

Alrededor de 70 personas moviliza la noche de “La Misa” puertas adentro con el trabajo. “Ojo esto no es exclusivo nuestro, cualquier grupo que haga bailes genera ese movimiento de laburo”, me explica Alejandro. 

A pesar de estar con un pie en el avión junto a su familia por sus vacaciones, Alejandro cuenta que ya piensan en la vuelta: “Porque la situación para todos no es igual, somos responsables de un montón de gente y no podemos estar deambulando y los que te hacen el aguante todo el año, se quedan sin laburo. Nosotros con Hugo (Flores, cantante de Omega) creemos que tenemos que volver pronto”, me apunta. Y es que será un par de domingos sin misa o quizá uno, pero no más.

Mientras aprovechaba para mirar todo desde la puerta del boliche, charlaba con esa gente que Alejandro Flores señala como los que le “hacen el aguante”. Walter, uno de los jefes de seguridad, no dudó cuando le pregunté y sólo habló del “orgullo de trabajar en la misa y la responsabilidad que me da el Hugo porque además de la responsabilidad de cuidar a la gente, yo estoy atento para que la pase bien y se divierta”.

La sonrisa de Mayra, una de las barwoman, seguro fue la mejor recepción para esa noche fría, porque es lo primero que vieron al ingresar al boliche. “Me encanta trabajar los domingos, y vengo con alegría” me respondió cuando le dije que me sorprendía su sonrisa. “El personal es súper lindo y sabemos que todos los domingos habrá gente”, decía para aclarar que lo que también disfruta es el ambiente. “Sí, es cuartetero y aquí vemos a muchos venir a disfrutar en familia”.

Ya adentro, la música sonaba y era ella poniendo los primeros sonidos a la noche. Micaela Molina, hace la previa e invita al karaoke. “Que ellos me escuchen (los hermanos Flores) para mí es un montón, siempre emocionada y nerviosa porque para mí eso es lo que significa formar parte de la última misa de Omega”.

Los “fieles”

Mientras hablaba con Alejandro, uno de los integrantes de la banda se acercó para decirle a dónde llegaba la fila de gente que esperaba para entrar. “Abrí las puertas y apenas entren que salga la pizza, no podemos hacer que estén pasando frío”, ordenó.

Era domingo de Pascua, la recepción era con huevos de chocolate y adentro, pizza libre hasta que arrancara la música. Así que antes de que empezara el show, tenía que saber que movilizaba a esos fieles seguidores y a los que como yo, estaban curiosos y con ganas de conocer. 

“La misa es única” dijo él y ella lo confirmó con un contundente “la misa es la misa”. Esa parejita de novios que llegó primera a encabezar la fila, esperaba acurrucada en un rincón, hasta la apertura de las puertas. Salir a bailar un domingo y cómo se arranca la semana después de terminarla en un boliche era una de mis consultas. “Hay un poco de flojera pero nos gusta y cada vez que podemos, venimos”. 

"La misa es la misa", una de las primeras en llegar a Ladran Sancho

A lo lejos había un grupo heterogéneo en edades pero todos estaban juntos: “Venimos en familia”, me dijo la joven estudiante universitaria que señalaba así al grupo. Eran tíos, sobrinos y cuñados que desde Villa Flora, habían decidido estar una vez más. No era la primera vez y la salida es prácticamente espontánea: “Nos coordinamos por WhatsApp un par de horas antes y no damos muchas vueltas” dijo uno de los tíos con una sonrisa al tiempo que aclaró que tratan de “estar siempre en donde están los chicos de Omega y siempre tratamos de hacer el aguante”.

Jazmín, Paula, Jose, William, Federico, algunos de los integrantes de la familia que se organiza por WhatsApp para salir los domingos.

Pero no todos allí tienen experiencia en “La Misa”. También había ojos que miraban con la misma curiosidad mía y voces que cuchicheaban mientras esperaban la apertura del boliche. “Yo escuché hablar de la misa, me gusta Omega y hace mucho queríamos venir y hoy pudimos, no importa que mañana sea lunes”, dijo una de tres amigas, que querían saber qué era “La Misa”. “Creo que voy a empezar la semana de otra manera, no va a importar el cansancio”, completó la segunda mujer y la tercera se alejó entre risas, cómplice asintiendo con la cabeza, dando la razón a sus amigas.

Vivir la experiencia por primera vez: tres amigas y una salida que, según ellas, será para empezar distinto la semana.

 

La liturgia de la música popular

De a poco los músicos subían al escenario: probaban sonido y empezaban a tomar ubicación frente a la pista. Los que entraron primero se quedan allí cerca, bailan y hasta se animan al karaoke. Vuelven a su lugar y de a poco el espacio se va llenando, las luces de colores pasan del rojo al azul y al verde para volver al rojo. Justo al frente del micrófono en donde cantará Hugo Flores se queda una mujer de pelo entrecano, la imagino abuela de nietos adolescentes. No se mueve de allí. A la izquierda del escenario, la familia que llegó junta, sigue así, bailando y cantando. Y al centro de la pista, puedo ver a las tres amigas que ya están viviendo la experiencia de la que habían escuchado hablar. 

Las luces se apagan y ahora sí, suena la banda y Hugo sube al escenario. “¿A dónde están los que quieren divertirse?” pregunta estirando la segunda i y todos gritan y levantan las manos como dando el presente.  Empieza a cantar y yo a un costado del escenario, pensando en pasar por detrás sin molestar cuando pare entre canción y canción. Ilusa. La música arrancó y ya no paró. Fue una ráfaga de canciones pegadas, una tras otra. Me quedo mirando rostros y mar de manos en alto, para ver de qué va “La Misa” .



La abuela de pelo entrecano no canta, pero mira embelesada al cantante. Hugo de vez se encuentra en sus ojos, le sonríe y la señala. Miro un poco más a la derecha y veo a una mujer que canta levantando la cabeza y cerrando los ojos mientras baila sola en el lugar. En una especie de trance cuartetero. Disfrute a pleno.

Finalmente pude pasar al otro lado del escenario mientras la música y las canciones seguían. De fondo escuchaba “el agite”: los solteros, las solteras, los que quieren bailar, los que quieren cantar, los que quieren tomar, y hasta hacer el amor. Así, como pasando lista Hugo agita a los fieles seguidores y a los que seguro de allí, saldrán conversos. 

A un costado de la banda, el sector VIP también canta y baila, porque en la misa, se escuchan las canciones bailando y cantando pero en el lugar.

Ya abajo del escenario, rodeo la pista, para seguir observando ya desde lejos y para ver en otros rostros, labios que cantan y acompañan cada canción, manos alzadas y esos pasos cortitos en el lugar.

Salgo a la calle y todavía hay gente que quiere entrar al boliche. La fiesta recién arrancaba, me voy temprano. Un móvil policial en la puerta, y alguien comprando en el kiosco de al lado, que se mantiene abierto hasta que termina la fiesta porque aprovechan para vender, es lo segundo que veo al salir. Sigo caminando, cierro un poco la campera, subo los hombros porque la llovizna finita está sobre mi cabeza.

“¿Me podrá pagar la cuidada?”, escucho decir antes de subir al auto y tras dictar el alias me pregunta si la pasé bien. Le digo que sí. 

Pongo primera y me voy entendiendo un poco a esos fieles que ven en “La Misa” la energía para arrancar el lunes. En unas horas será otro día de trabajo para todos, pero en esa pista, bajo las luces de colores, la "misión" de los Flores creo que se cumplió: la alegría le ganó, por un rato, a la rutina del calendario.

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