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Putin refuerza su seguridad ante el temor a un posible atentado
En medio de la guerra en Ucrania, el presidente ruso Vladimir Putin ha reforzado significativamente sus medidas de seguridad personal y reducido sus apariciones públicas, en un contexto marcado por crecientes amenazas internas y externas. Según un informe del Financial Times, desde comienzos de 2024 el mandatario ha limitado sus desplazamientos y centralizado gran parte de la conducción militar desde instalaciones subterráneas. Esta dinámica respondería tanto a temores por su integridad física como a un progresivo distanciamiento de los asuntos civiles del país.
El temor a posibles atentados —en particular mediante drones— se intensificó tras operaciones ucranianas contra infraestructura militar rusa, lo que elevó la preocupación dentro del Kremlin por eventuales intentos de magnicidio o desestabilización interna.
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En este marco, las rutinas del presidente también cambiaron. Putin y su entorno más cercano han reducido el uso de residencias habituales en zonas como Moscú y Valdai, priorizando estadías en complejos altamente protegidos. Además, se han endurecido los protocolos para el personal que lo rodea, incluyendo restricciones en el uso de dispositivos electrónicos y transporte.
El operativo de seguridad incluye patrullajes especializados, controles en áreas estratégicas como el río Moscova y medidas tecnológicas orientadas a prevenir ataques. Incluso interrupciones en el servicio de internet en Moscú estarían vinculadas, en parte, a estos mecanismos de protección.
En paralelo, el mandatario ha concentrado su agenda en el conflicto bélico. Fuentes citadas indican que dedica cerca del 70% de su tiempo a la conducción de operaciones militares, relegando cuestiones internas y relaciones bilaterales.
Este giro también se refleja en su actividad pública. Mientras que en 2024 sus apariciones presenciales fueron escasas, en 2025 retomó una agenda más activa, con visitas a instalaciones militares y regiones cercanas al frente.
Dentro del aparato estatal, las preocupaciones por la seguridad se profundizaron tras ataques y muertes de altos mandos militares. En este contexto, figuras como Alexander Bortnikov y Viktor Zolotov han protagonizado debates internos sobre la responsabilidad en la protección de funcionarios.
El esquema de seguridad fue reforzado con la intervención del Servicio Federal de Protección (FSO), al que se le encomendó la custodia de altos mandos militares, incluyendo colaboradores cercanos del jefe del Estado Mayor, Valery Gerasimov.
Este contexto de aislamiento también tiene impacto en la percepción pública. Encuestas citadas por el Financial Times señalan una caída en los niveles de aprobación del presidente, en un escenario donde crecen las críticas en redes sociales por restricciones digitales y dificultades económicas.
Entre las voces más visibles aparece Viktoria Bonya, quien cuestionó públicamente al mandatario en un video que alcanzó amplia repercusión. Tras ello, Putin abordó el tema de la censura digital y pidió a sus funcionarios mejorar la comunicación con la ciudadanía.
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Analistas como Farida Rustamova y Tatiana Stanovaya advierten que la distancia entre el gobierno y la sociedad podría ampliarse, en un contexto donde el descontento social comienza a manifestarse con mayor frecuencia.