2026-05-24

25 DE MAYO

Día Mundial de la Tiroides: alertan sobre una enfermedad ocular que puede causar pérdida de visión

Especialistas del Hospital Universitario Austral advirtieron sobre la Oftalmopatía Tiroidea, una complicación asociada a la enfermedad de Graves que afecta la órbita ocular y puede provocar desde visión doble hasta daños severos en el nervio óptico.

Cada 25 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Tiroides, una fecha que busca generar conciencia sobre las enfermedades asociadas a esta glándula, que afectan a millones de personas en todo el mundo. En ese marco, especialistas del Hospital Universitario Austral alertaron sobre una de las complicaciones menos conocidas, pero potencialmente graves: la Oftalmopatía Tiroidea, también llamada Orbitopatía de Graves.

Se trata de una enfermedad inflamatoria que afecta la órbita ocular y que suele aparecer en pacientes con enfermedad de Graves, un trastorno autoinmune relacionado con el hipertiroidismo.

Según datos del Grupo Europeo sobre Orbitopatía de Graves (EUGOGO), entre el 25% y el 50% de las personas con esta patología desarrollará algún grado de compromiso ocular. Aunque la mayoría de los cuadros son leves, entre un 3% y un 5% pueden evolucionar hacia formas severas con riesgo de pérdida visual.

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El doctor Rodolfo Vigo, jefe de Oftalmología del Hospital Universitario Austral y especialista en oculoplástica, órbita y vías lagrimales, explicó en 0264 Noticias que la enfermedad se produce por una respuesta autoinmune que no solo afecta a la tiroides. “Existe una autoinmunidad dirigida contra el receptor de TSH que no sólo se expresa en la tiroides, sino también en los fibroblastos orbitarios”, detalló el especialista.

Esa reacción provoca inflamación en los tejidos que rodean al ojo, generando edema y un aumento del tamaño de los músculos extraoculares y de la grasa orbitaria.

Como consecuencia, muchos pacientes presentan protrusión ocular conocida popularmente como “ojos saltones”, además de molestias visuales, sequedad ocular y visión doble.

El cigarrillo, agrava la enfermedad

Uno de los puntos en los que más énfasis hacen los especialistas es el impacto negativo del tabaquismo en esta patología.

“Fumar no solo aumenta la incidencia y la severidad de la orbitopatía, sino que es el principal enemigo del tratamiento, porque reduce la respuesta a los corticoides y a las terapias biológicas”, advirtió Vigo.

Según explicó, el cigarrillo incrementa la inflamación de los tejidos a través de mecanismos como la hipoxia y el estrés oxidativo, agravando la respuesta autoinmune. Por eso, abandonar el tabaquismo es considerado uno de los pasos más importantes para mejorar el pronóstico y disminuir el riesgo de recaídas.

La enfermedad no solo tiene consecuencias físicas. También puede afectar profundamente la calidad de vida de quienes la padecen.

La endocrinóloga Jorgelina Guerra, jefa del Servicio de Endocrinología del Hospital Universitario Austral, señaló que el impacto emocional y social suele ser muy importante. “El impacto en la calidad de vida ha sido equiparado al de enfermedades crónicas de alto impacto, debido a las limitaciones funcionales como la visión doble y la alteración estética y emocional”, sostuvo.

Tratamientos y prevención

Los especialistas remarcan que el abordaje debe ser multidisciplinario, con trabajo conjunto entre endocrinología y oftalmología. El tratamiento varía según la etapa de la enfermedad. En primer lugar, se busca controlar las hormonas tiroideas y alcanzar el eutiroidismo, acompañado de la suspensión absoluta del tabaquismo.

Durante la fase inflamatoria pueden utilizarse corticoides intravenosos o terapias inmunomoduladoras para frenar el avance del cuadro. En los casos más avanzados, cuando la enfermedad entra en una etapa inactiva, se realizan cirugías reconstructivas para recuperar tanto la funcionalidad como la estética ocular. Entre ellas se incluyen descompresión orbitaria, cirugía de estrabismo y procedimientos palpebrales.

Finalmente, los expertos insistieron en la importancia del diagnóstico temprano y del seguimiento médico permanente para evitar complicaciones graves, como el daño irreversible del nervio óptico y la pérdida de visión.

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