2026-06-03

Ni una menos

Del “se lo merecía” a la conciencia colectiva: La madre de Cristina Olivares y el caso que cambió la mirada de San Juan

Sandra Rojas es la mamá de Cristina Olivares, la joven que en 2012 recibió 163 puñaladas. Pocos meses después se incorporó la figura del femicidio. Aunque los culpables no fueron juzgados bajo esta figura, la brutalidad del caso generó una movilización histórica en San Juan.
Por Redacción 0264Noticias

A casi 14 años del asesinato de Cristina Olivares, su madre, Sandra Rojas, continúa atravesando las secuelas de una tragedia que cambió para siempre la vida de toda su familia. En el marco de un nuevo aniversario del movimiento nacional Ni Una Menos, dialogó con 0264Noticias para repasar el largo camino judicial que siguió al asesinato de su hija, reflexionar sobre las deudas pendientes del Estado en materia de violencia de género y describir el enorme y silencioso vacío que dejó Cristina. El brutal caso hizo que la sociedad sanjuanina empezara a mirar con perspectiva de género este tipo de crímenes. "Antes mucha gente decía que una mujer se merecía los golpes porque no le hacía caso al marido. Después de lo que pasó con Cristina se empezó a tomar más conciencia. La gente comenzó a prestar más atención", indicó.

El asesinato de Cristina Olivares marcó un antes y un después insoslayable en la provincia. La joven fue asesinada con una saña extrema el 7 de julio de 2012 en el departamento de Pocito: recibió 163 puñaladas y su cuerpo fue abandonado en un callejón.

Pocos meses después del crimen, el Congreso de la Nación sancionó la incorporación de la figura de femicidio al Código Penal Argentino. Aunque el debate oral se llevó a cabo en diciembre de 2014, Miguel Ángel Palma (ex pareja de la víctima), Rosa Videla y Noelia Corvalán fueron condenados a prisión perpetua, pero no con la nueva figura.

"Fue muy doloroso, muy tedioso, porque hubo muchas trabas para poder condenar a esa gente. Fueron dos años para que se hiciera todo bien", recordó.

Al evaluar el impacto de la condena en la sociedad sanjuanina, Sandra considera que el caso ayudó a visibilizar la violencia machista, pero sostiene que el Estado abandona a los familiares de las víctimas una vez que las cámaras se apagan. "Te ayudan un tiempo con alguna cosa material, pero apoyo psicológico o legal no. Eso no existe. Yo tuve que pagar una abogada para conseguir la tenencia de mis nietos", denunció de manera contundente.

Su mirada sobre el Poder Judicial actual es sumamente crítica y advierte que las lógicas revictimizantes siguen vigentes en los tribunales: "Creo que hubo avances y también retrocesos. Todavía se sigue juzgando a las víctimas. Se preguntan por qué estaba ahí, por qué seguía con esa persona. No se juzga lo que realmente importa, que nadie tiene derecho a matar a otra persona".

En ese sentido, recordó con indignación los absurdos burocráticos del sistema, como haber recibido una citación judicial para que la propia Cristina declarara sobre hechos de violencia cuando ya llevaba más de un año fallecida. "Te hacen sentir que sos una persona depresiva porque se murió tu hija. Y claro que me cayó mal, ¿cómo no me va a caer mal? Solo quien perdió un hijo sabe lo que significa ese dolor", sostuvo.

"Nadie toma dimensión de lo que pasa una familia cuando de un día para otro se queda sin una hija y tiene que salir adelante criando a dos nietitos chiquitos", expresó Rojas. Hoy, aquellos niños ya son adolescentes y uno de ellos está próximo a cumplir los 18 años. "Lo que más me duele es verlos crecer y que su mamá no esté. Yo ocupé el lugar de mi hija. Sé que no tengo la culpa, pero es un dolor que todavía llevo conmigo", confesó.

El valor de la lucha colectiva

Pese a los sinsabores, Sandra reconoce que la mirada social experimentó un vuelco positivo desde aquel trágico 2012. "Antes mucha gente decía que una mujer se merecía los golpes porque no le hacía caso al marido. Después de lo que pasó con Cristina se empezó a tomar más conciencia. La gente comenzó a prestar más atención", indicó, al tiempo que valoró el nacimiento del movimiento Ni Una Menos: "Antes mataban a una mujer y nadie salía a la calle. Nosotros hicimos marchas con cartones y fotocopias para que nos escucharan. Hoy hay más movilización, aunque todavía no estoy conforme con cómo se toman estos casos".

Si tuviera la posibilidad de sentarse frente a los magistrados que hoy deciden el futuro de cientos de mujeres, su mensaje sería directo: "Les pediría que fueran más humanos, que se pusieran un poquito en la piel de los hijos, de las madres y de los padres que perdieron una hija". Al ser consultada sobre si la Justicia estuvo a la altura de las circunstancias en el caso de su hija, su respuesta fue tajante: "No. No estuvo a la altura y todavía no lo está en muchos casos".

Foto publicada por el diario Tiempo de San Juan 

 

El dolor de la ausencia y un mensaje de resistencia

Sandra reveló que recién ahora, con sus nietos ya criados, ha comenzado a transitar plenamente el duelo, un proceso que describe como una meseta de cansancio y tristeza absoluta: "Ahora es cuando estoy pasando todo esto. Antes tenía que seguir por los chicos, la escuela, la casa. Ahora ya son grandes y a veces te juro que no tengo ni ganas de levantarme de la cama".

Pese al calvario, no se arrepiente de haber alzado la voz. "Lamentablemente sí, marcó un antes y un después. No me siento orgullosa de eso, porque fue a costa de la vida de mi hija, pero sí cambió muchas cosas".

Al recordar a Cristina, la definió como una joven trabajadora, solidaria, compañera, cariñosa y una gran madre que jamás les hizo faltar nada a sus hijos. Sin embargo, el paso del tiempo trae consigo un nuevo tipo de sufrimiento: "Yo pensé que la iba a extrañar menos con el tiempo, pero no. La extraño cada día más. Y cuando empezás a olvidarte de cómo era su voz, eso duele todavía más".

Sobre el final, Sandra dejó un mensaje para aquellas mujeres que se encuentran atrapadas en círculos de violencia y para las familias que hoy atraviesan lo que a ella le tocó vivir hace catorce años: "Que estudien, que sean independientes, que se valoren. Y a las familias les digo que sigan luchando, que no dejen que ensucien el nombre de sus hijas. Nosotros seguimos adelante porque la vida sigue, pero nunca dejamos de luchar por Cristina. ¿De dónde saco fuerzas? De mis hijos. Ellos son mi fuerza. Soy la cabecera de mi casa y tengo que seguir adelante por ellos".

Temas de esta nota
Te puede interesar