ADIÓS MISTER
Graciosos y valientes, nuestra estrella hoy se agotó
Quizás eso sea lo extraordinario que logró el Indio a lo largo de su carrera: construir un vínculo que trascendió la música. Porque sus canciones fueron refugio, compañía, preguntas, respuestas y hasta una forma de leer la realidad.
Muchos de los que no tuvimos la suerte de estar en una misa ricotera encontramos nuestro lugar en sus letras. Cada uno interpretó sus canciones de manera distinta y esa fue parte de la magia. Mientras otros artistas buscaban explicar todo, el Indio parecía invitarnos a completar la historia. Sus versos tenían algo personal para cada uno de nosotros.
Entré al mundo redondo a los ocho años, escuchando a mi viejo poner "Preso en mi ciudad". Desde ahí no me bajé más. Como tantos otros, crecí con sus canciones en los momentos buenos, en los malos y en esos donde uno simplemente necesita sentirse acompañado. En los amores y los desamores. En los placeres y en los dolores. De fondo o a los gritos con las personas que más quiero.
Por eso resulta difícil explicar qué se pierde hoy. No se trata de un músico, se va un artista que mantuvo la coherencia, la cordura y la rebeldía durante toda una vida. Pero sobre todo cuando no convenía hacerlo. Cuando era más fácil adaptarse, eligió seguir siendo él mismo.
Hablar de sus canciones es entrar en uno de los universos más singulares de la cultura popular. Detrás de cada metáfora existía una mirada sobre el poder, la marginalidad, las injusticias y las contradicciones de un país que muchas veces parecía retratado en sus personajes. Sus historias estaban pobladas de seres urbanos, derrotados, resistentes y sobrevivientes de una modernidad cada vez más cruel.
Tal vez por eso su obra logró algo que pocos consiguen: atravesar generaciones y convertirse en parte de la vida social y emocional de la Argentina. Su poesía sonó en algunos de los momentos más importantes de nuestras vidas y de este país.
No sabemos cuándo volverá a aparecer una figura capaz de ocupar ese lugar. Tampoco quién tomará la posta de esa mirada contracultural que Solari representó durante décadas. Lo que sí sabemos es que millones de personas encontraron en sus canciones una manera de pensar, de sentir y de resistir.
Los que pudieron verlo en vivo fueron parte del mito. Peregrinaron kilómetros para llegar a cada rincón del país. Dejando de lado los problemas cotidianos, el cansancio, la falta de plata y la rutina para encontrarse con amigos, familiares y desconocidos unidos por una misma pasión. No era un recital; era una experiencia, una pausa necesaria en medio de una realidad asfixiante.
Yo no estuve ahí. Pero aun así siento la pérdida. Porque el Indio logró algo más difícil que llenar estadios: entrar en la intimidad de la gente. Logró que muchos compartiéramos sus canciones con nuestros viejos, nuestros amigos y nuestros afectos más cercanos. Por eso hoy duele como duele un familiar. Porque aunque nunca pude verte sobre un escenario, estuviste presente durante gran parte de mi vida.
Como alguna vez cantaste, solo faltaba saber la fecha y el lugar. Y te fuiste cantando. Cerca de tu gente y convertido para siempre en una de las voces más importantes de nuestra historia cultural. Qué privilegio enorme haber coincidido con tu música en este día y cada día..