2026-07-17

HISTORIA DE EMPRENDEDORES

Teapot House: el sueño de una jubilada sanjuanina que encontró su pasión entre tazas y teteras

Mónica Gomez de 64 años, junto a su marido, dispone de su vajilla vintage para la comunidad. La tradición familiar marcó el comienzo de una pasión que hoy se transformó en un emprendimiento.

En San Juan, cada vez son más las personas que inician un emprendimiento, no solamente como recurso, sino también para cumplir un sueño y transformar una pasión en proyecto de vida. En la historia de hoy que presenta 0264 Noticias, la protagonista es Graciela Mónica Gomez, jubilada de 64 años y casada con Mario, quienes tienen cuatro hijos. En esta etapa de su vida, su desempaño se vincula a su emprendimiento: Teapot House, un alquier de vajilla antigüa (vintage), y no es cualquier servicio, ya que cada pieza tiene su historia. 

Todo comenzó en su infancia. En su familia, elegir que juego de té o que vajilla usar en una reunión era un momento especial. Su madre guardaba piezas para ocsaiones importantes, y por el lado paterno, su abuela, también era muy importante la cerámica. Se podría decir una tradición. Así, Graciela, quien empleaba su labor como trabajadora social, fue creciendo y siempre se sintió atraída, además, por la cristalería y los objetos con historia. Hace cerca de 8 años, la emprendedora comenzó a adquirir la vajilla de estilo vintage pero tenía el temor de ser estafada, ya que las compras que realizaba eran vía online, es decir, por internet.

Cuando creó sus propias redes sociales, observó que mucha gente le atraía lo mismo y así fue conociendo gente que la asesoraban, sugiriendo que en qué páginas comprar sin ningún riesgo. 

Hasta el día de hoy, se siente parte de la comunidad nacional de amantes de la vajilla vintage. Habla, constantemente, con personas de otros lados del país como Buenos Aires, Rosario y La Pampa, por ejemplo. Así, en el 2019, una de las personas a la que le compraba vajilla le recomendó que la utilizara para alquilarla para tardes de té: "Me decidí a publicar y a ofrecer esta vajilla, porque dije, ¿por qué no?. Empecé a mirar cómo arman las mesas de té, aprendí a embellecer las mesas, las diferencias entre el té de la tarde, el afternoon tea o un té tipo brunch", explicó. 

Con el paso de los años, su emprendimiento y vajilla fueron creciendo, a nivel cantidad y repercusión. A Mónica le atraen mucho las piezas que han sido usadas, imaginarse historias, mesas, familias que han podido usarlas. En su extenso inventario, posee teteras que fueron fabricadas en 1910, con sello original incluído de la fábrica. De esta manera, aprendió a ver los dibujos de cada menaje, y cada una de ellas cuenta una historia.

Mónica está muy complacida de haber descubierto esta pasión, que siempre estuvo pero tomó un sentido muy claro. Además, Mónica comenta que se siente satisfecha con los elogios de las personas al ver su vajilla: "Es una satisfacción enorme que la gente me diga 'qué bonita que quedó la mesa'. Es una alegría enorme sentir eso y 'compartir' con los clientes, mediante mi vajilla, una reunión social que es importante para ellos".

A su vez, Mónica se siente una servidora llevándole esa alegría a la gente. Recorrió diferentes lugares de la provincia, desde lugares con bajos recursos hasta aquellos donde no falta el poder adquisitivo. Sin embargo, destacó la satisfacción de la gente de pocos recursos al ver la vajilla colocada en la mesa. "Ellos se sienten muy felices de haber podido agasajar a sus amigos", ponderó. 

"Les ofrezco detalles que hagan que ese rato que van a estar en esa mesa de té sean especiales. Quizás, esa es la palabra justa con la que las personas identifican mi trabajo. Eso me hace muy feliz y me llena el corazón", exclamó.

Para Mónica, su gran sueño es tener una casa de té, no importa si es grande o chica. Es encontrar en ese lugar, un viaje hacia la historia, sentirlo cuando estén tomando el té desde una taza especial. Su intención es, que la gente disfrute el té como ella lo hace sirviendo a la gente, con eso, su misión está cumplida. Aunque el proyecto todavìa no pudo concretarse, Mónica continùa constuyéndolo con cada mesa que arma y cada taza que entrega. Para ella, no se trata solo de alquilar vajilla, sino de crear momentos especiales y mantener viva una tradición que la acompaña desde la infancia.

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