DÍA DE LOS ABUELOS
"Él ocupó el lugar de mi papá", el amor por el arbitraje que forjó un vínculo especial más allá del fútbol entre un nieto y su abuelo
Los martes y jueves tenían un significado especial. Mientras otros chicos esperaban el fin de semana para jugar, él esperaba esos días para acompañar a su abuelo a entrenar. Después llegaba el fin de semana y el destino era siempre el mismo: una cancha de fútbol. Allí, sin saberlo, comenzaba a escribirse una historia que años más tarde se convertiría en un verdadero legado familiar.
Quien recuerda ese camino es Facundo Pereyra, de 26 años, actualmente árbitro del Consejo Federal de AFA, integrante de la comisión directiva de CASU (Cooperativa de Árbitros Sanjuaninos Unidos) y estudiante de la Diplomatura en Arbitraje de la Universidad Nacional de La Rioja. Pero antes de todo eso, fue un niño que encontró en su abuelo Ángel una figura fundamental.
"Todo lo que soy hoy empezó gracias a él",
recuerda Facundo.
Ángel Pereyra empezó a transitar el camino del arbitraje entre 2004 y 2005, motivado por su hermano, quien incluso llegó a dirigir en la Primera B Nacional. Poco tiempo después, su nieto comenzó a seguir cada uno de sus pasos. "Yo tenía nueve años cuando empecé a acompañarlo a los entrenamientos y a verlo dirigir. Me empezó a gustar mucho. Además era algo que compartía con él. Mi abuelo ocupó el lugar de mi papá porque nunca lo tuve, entonces pasar ese tiempo juntos era muy importante para mí", recordó Facundo.
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Aquellas tardes fueron construyendo una relación marcada por el cariño y la admiración. En su casa, se pasaba horas leyendo el reglamento y libros de fútbol que guardaba su abuelo, mientras soñaba con algún día estar dentro de una cancha. Ese momento llegó antes de lo imaginado. A los 12 años recibió la oportunidad de debutar como árbitro asistente.
En una de las tantas tardes compartidas en una cancha de fútbol
"Mi abuelo vio el interés que tenía. Leía el reglamento, iba a todos los entrenamientos y un día me dijeron que querían probarme en un partido. Desde ese momento no paré más. Me conectó para siempre con el fútbol", contó. Con el paso de los años fue sumando experiencia como asistente y luego como árbitro principal en distintas competencias locales. Mientras tanto, Ángel comenzaba a despedirse lentamente de la actividad por el paso del tiempo, aunque nunca se alejó del fútbol y siguió colaborando como planillero.
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"Él dejó de dirigir, pero yo seguí porque realmente me apasionaba. Todo lo que soy hoy empezó gracias a él", aseguró. La carrera de Facundo continuó creciendo. Tras formarse en el Colegio de Árbitros AAA, donde también había comenzado su abuelo, recibió la posibilidad de incorporarse a otra institución que le abrió las puertas a competencias oficiales homologadas por la Asociación del Fútbol Argentino.
de partidos oficiales,con el sueño intacto de poder llegar
a Primera División.
Ese cambio le permitió integrar la Tabla de Méritos del Consejo Federal de AFA y comenzar a dirigir torneos nacionales como la Copa País, el Torneo Regional Federal Amateur, el Regional Federal Juvenil y las categorías inferiores de AFA. Actualmente representa a la Liga Albardón-Angaco y continúa preparándose para seguir avanzando en el arbitraje profesional. El desafío exige entrenamiento permanente, evaluaciones físicas, exámenes teóricos y una constante actualización del reglamento.
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"Esta semana rendí los exámenes físicos y teóricos del Consejo Federal y, gracias a Dios, los aprobé. Eso me habilita para seguir dirigiendo todos los torneos organizados por AFA. Es un paso muy importante para mí", expresó. En cada logro aparece inevitablemente la figura de Ángel Pereyra, el abuelo que un día lo llevó de la mano a una cancha y terminó despertando una vocación que hoy define su presente.
"Mi abuelo me dejó un legado. Me inculcó el arbitraje y yo decidí elegir la misma carrera. Todo esto empezó gracias a él y hoy sigo preparándome para crecer, pero siempre recordando quién fue la persona que me enseñó el camino", concluyó.