2026-08-10

OPINIÓN

El saludo de los leones que sacudirá el noviembre argentino: ¿Prevost podrá con Milei?

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El próximo noviembre, el país será escenario de un duelo al menos singular y totalmente incómodo: el apretón de manos entre un Papa que cimienta su herencia en el combate al capitalismo salvaje y un Presidente que considera que la justicia social es una aberración de mercado. La confirmación oficial del viaje apostólico del Papa León XIV abre paréntesis en una geografía habituada a las polarizaciones, pero pocas veces sometida a un cortocircuito conceptual tan explícito. No estamos ante un frío protocolo de Estado, sino ante una exponencial y dramática confrontación de doctrinas que merece ser analizada más allá de la superficie.

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El nombre elegido por el Sumo Pontífice es, desde luego, su primer manifiesto político y espiritual. Robert Francis Prevost eligió llamarse León XIV como un guiño a León XIII, el papa que a fines del 1800 firmó la encíclica Rerum Novarum para ponerle límites morales a la Segunda Revolución Industrial. El actual Vicario de Cristo percibe que nos encontramos en las vísperas de una "tercera revolución" dominada por la Inteligencia Artificial y la consiguiente precarización del trabajo en el mundo. El paralelismo histórico es tremendo y expone una profunda preocupación por el destino del empleo humano frente a las corporaciones tecnológicas. Nada que no tengamos ya encima.

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Curioso destino para un hombre nacido en Chicago, corazón del capitalismo norteamericano, pero moldeado durante décadas en la austeridad de las misiones más complejas de Perú. Quienes lo conocen de cerca afirman que esa dualidad es su mayor fortaleza. Conoce las entrañas del monstruo financiero global, pero sus ojos miran el mundo desde la periferia andina. Es un pastor que sabe de números, pero prefiere hablar de personas, ubicando la dignidad del trabajador en la base misma de su autoproclamada misión.

Por supuesto, las “malas lenguas” vaticanas sugieren razones menos místicas para su elección. Crónicas como las del periodista Vicens Lozano en su libro “León XIV: Sombras bajo la cúpula” argumentan que su ascenso al trono de Pedro obedeció a una pragmática carambola de pasillo, masticada por dos o tres hábiles fuentes en off del periodista. Un norteamericano en el Vaticano era la pieza perfecta para reabrir el financiamiento que los sectores conservadores de Estados Unidos le habían cerrado al Papa Francisco por sus posturas progresistas. La pelea ahora, según el escrito de Lozano, será para mantener medianamente empoderado el papa nuevo, porque las fuerzas centrífugas que van hacia la derecha ya preparan embestidas. No quieren que el mundo entienda que la iglesia es refugio de socialistas, mientras el resto parece ir hacia el otro lado. Este papado será, en definitiva, para alquilar balcones.

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Su reciente encíclica, Magnifica Humanitas, León XIV insiste en que el ser humano sigue siendo la medida primordial de todas las cosas. Es un documento que rescata la Doctrina Social de la Iglesia en su estado más puro, una teología que exige la intervención moral del Estado para corregir las asimetrías que el mercado, por su propia naturaleza ciega, es incapaz de resolver. Para este Papa, la economía debe subordinarse a la ética, y no al revés.

En la vereda de enfrente se para Javier Milei. Si el Papa se ampara en el escudo de León XIII, el libertario contrapone una simbología más estridente. El uso litúrgico del color violeta del anarcocapitalismo, el águila imperial en sus estéticas digitales y su propia autopercepción como el "León" que viene a despertar leones configuran una iconografía de combate. Asistiremos, entonces, a una insólita paradoja de sello político: el cruce entre un león con tiara papal y un león con motosierra. Dos fieras que reclaman el mismo nombre, pero que rugen en frecuencias completamente irreconciliables. Mientras el felino del Vaticano busca pastorear y proteger a la manada de los desgarros de la modernidad, el felino de la Casa Rosada prefiere la ley de la selva del libre mercado, donde solo sobreviven los más aptos. Más de uno en la Presidencia argentina ya ha propuesto que el país sea sede de la arquitectura de la inteligencia artificial mundial.

Para el presidente argentino, las doctrinas que defiende el Papa no son una rama de la teología moral, sino una mentira perjudicial que empobrece a las naciones. Milei, formado en la rigidez de la Escuela Austríaca de economía, sostiene que el mercado es un mecanismo perfecto que solo se corrompe cuando el Estado o la religión intentan regularlo. Bajo su óptica, la justicia social es un robo institucionalizado porque implica quitarle a uno para darle a otro mediante la coacción estatal.

Su cruzada cultural no es contra el desamparo laboral, sino contra el "wokismo" internacional y el colectivismo en todas sus variantes. De hecho, su alineamiento geopolítico inquebrantable con Estados Unidos e Israel, sumado a sus reiterados gestos de devoción espiritual hacia el judaísmo, perfilan una identidad política que se siente infinitamente más cómoda en los foros financieros internacionales que en los pasillos de la Conferencia Episcopal.

La diplomacia vaticana es milenaria y, por ende, experta en relojería política. Al fijar la visita para noviembre, el calendario le regala un alivio providencial a la administración de La Libertad Avanza. La visita papal, estará separada por casi doce meses de las elecciones del año que viene (si no media alguna ocurrencia de la Rosada), lo que asegura un margen de tiempo para que cualquier homilía incómoda se diluya en la memoria colectiva antes de que los ciudadanos vayan a las urnas. En la normalidad, la llegada de un Papa funciona como imán de capital político para el mandatario anfitrión, pero las asimetrías ideológicas aquí son tan colosales que resultará una pirueta retórica imposible que el oficialismo logre capitalizar el evento de manera partidaria. El León local difícilmente pueda domesticar para su propio beneficio el discurso de un León vaticano que juega con sus propias reglas globales.

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Además, la gira regional del Pontífice por el Cono Sur expone matices ideológicos fascinantes que relativizan cualquier intento de leer su viaje en clave puramente argentina. Mientras en Montevideo se encontrará con Yamandú Orsi, el mandatario uruguayo del Frente Amplio arraigado en una izquierda socialdemócrata y progresista moderada, su posterior escala en Lima lo aproximará a dinámicas como la de Keiko Fujimori y Fuerza Popular, una derecha conservadora y económicamente liberal. El contraste argentino, sin embargo, conserva un voltaje único debido a la beligerancia discursiva de su presidente.

El otro escenario para analizar es el clima social en el que León XIV llega a la Argentina. La relación entre los hombres de sotana y los funcionarios de la Rosada. El microclima eclesiástico transita horas de indisimulable distancia con el Poder Ejecutivo y la tensión se respira en el aire. El Gobierno Nacional suele ufanarse de haber consolidado una tendencia a la baja en los índices de inflación y vulnerabilidad social, pero las instituciones tradicionales le devuelven espejos incómodos. Hace escasos días, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina rompió el optimismo oficial al revelar que la pobreza se estancó (con una tímida suba) en torno al 30% durante el primer trimestre, registrando un leve repunte de la indigencia al 6,5%.

A esto se suman las declaraciones del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, quien durante la tradicional festividad de San Cayetano pronunció una homilía sumamente crítica. El prelado advirtió sobre el impacto del ajuste y la crudeza de la realidad social en los sectores más postergados, consolidando la percepción de que la Iglesia local ha decidido ocupar el rol de contrapeso ético ante las reformas libertarias. Al menos en lo dialéctico.

La pregunta que flota en el aire de cara al encuentro bilateral en Buenos Aires es inevitable: ¿de qué hablarán dos personas cuyos cimientos intelectuales no registran un solo punto de intersección? ¿Se limitarán al frío intercambio de obsequios protocolares o se animará León XIV a confrontar, bajo el estricto secreto de la intimidad, los dogmas económicos del León libertario? Sería sin duda un desenlace venturoso que el Pontífice lograra contagiar un destello de sensibilidad y humanidad al rígido esquema dogmático de Milei. Sería milagroso ver al mercado ceder ante la compasión. Sin embargo, tampoco se le puede exigir tanto al visitante ilustre. Al fin y al cabo, detrás de los fastos pontificios y el juicio dogmático, el Papa sigue siendo solamente un hombre. Resta dilucidar si este mortal con corazón peruano tiene la vocación de librar esa batalla silenciosa en el despacho presidencial, y qué beneficio espera cosechar la milenaria Santa Sede en el complejo intento de convencer a un convencido.

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