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El “Niño Marta” y el poder de las redes: un psicólogo explica la construcción de la víctima y el victimario
El caso protagonizado por el influencer sanjuanino Santiago Fernández, conocido como “El Niño Marta”, volvió a abrir el debate sobre los límites del contenido que se publica en redes sociales. El episodio con una trabajadora de un supermercado, que fue filmado y difundido por el propio creador de contenido, generó cuestionamientos por el hostigamiento y las expresiones discriminatorias que aparecen en las imágenes. Tras la repercusión, Fernández publicó un descargo en el que pidió disculpas, aunque también sostuvo que anteriormente había tenido conflictos con la mujer.
Frente a esta situación, Andrés Heredia psicologo y expresidente, planteó una mirada centrada no solamente en la conducta del influencer, sino también en la manera en que las redes pueden modificar la forma en que una persona construye y cuenta una situación.
Para el profesional, uno de los puntos centrales está en analizar la ética de quienes generan contenido, la posible victimización de quien protagoniza una agresión y la posición que adopta quien tiene el control de la cámara y de la publicación.
Heredia también puso especial atención en el uso del celular. Según explicó, tanto en este episodio como en otro caso reciente que involucró al influencer, el dispositivo tuvo un papel fundamental porque permitió que existiera un registro de lo ocurrido. Esa grabación, sostuvo, puede terminar contradiciendo el relato posterior de quien protagoniza la escena.
En el caso de la trabajadora del supermercado, Fernández sostuvo en su descargo que la mujer ya lo había molestado anteriormente y que existían problemas entre ambos. Sin embargo, el video que él mismo registró permite observar el intercambio y aporta otro elemento para analizar la situación.
Para Heredia, allí aparece una cuestión vinculada con la forma en que una persona puede interpretar una situación desde su propio lugar y, al mismo tiempo, actuar de manera diferente cuando el destinatario de la conducta es otra persona. El psicólogo planteó la necesidad de observar cómo funciona el psiquismo cuando “las cosas son para uno y para otro”, es decir, cuando una conducta que se percibe como inadmisible cuando se recibe puede ser interpretada de otra manera cuando se ejerce sobre alguien más.
La contradicción que aparece alrededor del bullying también forma parte del debate. Fernández mencionó públicamente haber sufrido situaciones de hostigamiento y, después de la difusión del video del supermercado, pidió que cesaran los ataques y aseguró que había recibido miles de mensajes en su contra.
Sin embargo, el análisis psicológico no apunta a establecer una explicación individual sobre Fernández ni a realizar un diagnóstico, sino a observar un fenómeno más amplio: qué sucede cuando una persona que se presenta como víctima de determinadas conductas reproduce formas de agresión o exposición sobre terceros.
Heredia también mencionó la soberbia del creador de contenido como uno de los aspectos que, a su entender, merece ser analizado. En este punto, el debate se traslada del episodio puntual al lugar que ocupan las redes sociales en la construcción de una identidad pública y a la relación que algunos creadores pueden establecer con su audiencia.
La cámara deja de ser entonces solamente una herramienta para registrar lo que sucede y puede convertirse en parte de la propia escena. El teléfono permite provocar, registrar, seleccionar qué mostrar y posteriormente difundirlo ante miles de personas. En este caso, además, la grabación terminó funcionando como un elemento que permitió observar el episodio más allá del relato posterior de sus protagonistas.
El fenómeno también vuelve a poner sobre la mesa la responsabilidad de quienes producen contenido cuando las personas expuestas no forman parte de ese mundo digital. Sandra, la trabajadora involucrada en el episodio, quedó expuesta públicamente después de ser filmada mientras realizaba su trabajo y posteriormente manifestó su intención de buscar asesoramiento legal.
En ese contexto, el caso “Niño Marta” plantea una discusión que excede a un influencer y a una polémica puntual: qué límites existen entre hacer contenido, provocar una reacción, exponer a otra persona y convertir una situación cotidiana en un espectáculo para las redes.
Para Heredia, el celular fue una pieza central porque permitió que el relato no quedara únicamente en manos de quien posteriormente intentara explicar lo sucedido. Las imágenes quedaron registradas y fueron las propias redes las que terminaron poniendo en discusión la versión de los hechos.
La polémica, así, vuelve a mostrar una de las particularidades del fenómeno digital: quien registra una situación puede tener inicialmente el control del relato, pero una vez que el contenido circula, también puede quedar expuesto a que esas mismas imágenes sean interpretadas de una manera diferente por quienes las observan.