2026-10-04

AVANCES

Los últimos 15 días de Maradona, lo que reveló el juicio sobre su muerte y cuál era el rol de cada uno de sus médicos

El debate oral por la muerte del Diez terminó después de cinco meses y ahora comenzará la etapa de alegatos. La Justicia deberá determinar si los siete profesionales acusados tuvieron responsabilidad.

Diego Maradona murió el 25 de noviembre de 2020, a los 60 años, como consecuencia de una insuficiencia cardíaca congestiva que le provocó un edema agudo de pulmón. Habían pasado apenas 15 días desde su salida de la Clínica Olivos, donde había sido operado por un hematoma subdural, y se encontraba realizando una internación domiciliaria en una vivienda de Tigre.

Durante cinco meses y medio, el juicio intentó reconstruir qué ocurrió durante esas dos semanas y, fundamentalmente, si quienes estaban a cargo de su atención advirtieron el deterioro de su estado de salud. Fueron 45 audiencias en las que se incorporaron testimonios, documentos y distintos elementos de prueba que ahora deberán ser analizados por el tribunal.

Los fiscales Patricio Ferrari y Cosme Iribarren sostienen que hubo responsabilidad del equipo médico que tenía a su cargo la atención de Maradona. Los acusados son el neurocirujano Leopoldo Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Díaz, la coordinadora de Swiss Medical Nancy Forlini, los enfermeros Ricardo Almirón y Mariano Perroni y el médico clínico Pedro Di Spagna. Todos están imputados por homicidio simple con dolo eventual, un delito que contempla penas de entre 8 y 25 años de prisión.

Uno de los aspectos que surgió durante el debate fue que la internación domiciliaria había sido pensada dentro de un proceso de rehabilitación por el consumo de alcohol. Maradona llegó a la vivienda con estudios recientes que, según se expuso en el juicio, no mostraban un riesgo cardíaco inminente: sus análisis de laboratorio y electrocardiogramas habían arrojado resultados favorables.

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Una primera semana sin señales de alarma

Los primeros días en la casa de Tigre transcurrieron, según los testimonios incorporados al juicio, con un Maradona de buen ánimo y con una rutina relativamente estable. Comía, recibía visitas de sus hijos Jana, Gianinna y Dieguito Fernando, además de Verónica Ojeda, y era visitado por algunos integrantes de su equipo médico. En ese período estuvieron en la vivienda Luque, Cosachov, Díaz y Di Spagna. Este último había sido convocado como médico clínico interconsultor y acudió una vez para evaluar al exfutbolista.

La situación comenzó a cambiar durante la segunda semana. Maradona dejó prácticamente de comer, permanecía cada vez más tiempo encerrado en su habitación y comenzó a mostrarse de mal humor. Algunos testigos también señalaron que lo habían visto notablemente hinchado. Los enfermeros declararon que en determinadas ocasiones el propio Maradona se negaba a ser revisado. A esto se sumó una indicación de Cosachov que impedía que durante la noche le tomaran los signos vitales, según quedó expuesto durante el debate.

Cinco días antes de su muerte tuvo una mejoría momentánea. Incluso pidió salir a recorrer el barrio en automóvil junto a su custodio. Sin embargo, después volvió a encerrarse y a rechazar la comida. Esa situación se mantuvo hasta el 25 de noviembre, cuando murió sin que quienes estaban en la vivienda advirtieran a tiempo la gravedad de su estado.

Qué hacía cada integrante del equipo

Luque sostuvo que para ese momento ya no era el médico de cabecera de Maradona y que su tarea estaba vinculada principalmente con el seguimiento de la intervención realizada en su cabeza hasta la extracción de los puntos. Sin embargo, tanto él como Cosachov aparecen firmando como médicos tratantes a cargo del dispositivo en la documentación de la externación de la Clínica Olivos.

Cosachov estaba a cargo del tratamiento psiquiátrico. Díaz, por su parte, explicó que trabajaba sobre la adicción de Maradona al alcohol y que, debido a esa función, no requería una presencia diaria. También sostuvo que llevaba poco tiempo dentro del equipo médico y que no tenía capacidad para tomar decisiones sobre el resto de su atención.

Forlini cumplía el rol de coordinadora por parte de Swiss Medical y funcionaba como nexo entre la familia, los enfermeros y la empresa de medicina prepaga. Su función incluía gestionar las autorizaciones y organizar la comunicación vinculada con la internación.

Almirón era el enfermero encargado de la guardia nocturna. Según declaró, tenía como principal indicación suministrar la medicación psiquiátrica, aunque también controlaba los signos vitales cuando podía. Toda la información debía ser comunicada a Perroni, jefe de enfermeros.

Di Spagna, en tanto, no integraba formalmente el equipo de internación domiciliaria. Había concurrido una vez como médico clínico interconsultor e intentó regresar junto a un nutricionista para evaluar la alimentación de Maradona, pero el paciente no aceptó ser atendido.

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Ahora llegan los alegatos

El debate oral terminó después de 45 audiencias y ahora el proceso entra en su etapa decisiva. Los alegatos de las partes se desarrollarán entre el 8 y el 22 de octubre. Una vez finalizada esa instancia, los jueces Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón se retirarán a deliberar para determinar la responsabilidad que corresponde a cada uno de los acusados.

La enfermera Gisela Madrid, que también estaba imputada por la muerte de Maradona, tendrá un proceso separado mediante un juicio por jurados. Mientras tanto, el tribunal deberá resolver si las conductas y omisiones que quedaron expuestas durante estos meses permiten establecer responsabilidad penal en los siete acusados por la muerte del Diez.

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