HISTORIAS
Santiago Arias, el sanjuanino que lejos de su familia, busca consolidarse y llegar a la Primera de Quilmes
Santiago Arias nació en el barrio Portal de los Andes, en Rivadavia, y desde muy chico encontró en el fútbol una pasión que con los años se convirtió en un proyecto de vida. Comenzó a jugar a los tres años en la escuelita de Sportivo Desamparados, pasó por Alianza y, después de formarse en el fútbol sanjuanino, se trasladó a Buenos Aires para buscar una oportunidad. Hoy, con 19 años, integra el plantel de Quilmes y trabaja para consolidarse en el club.
La relación de Santiago con la pelota comenzó cuando apenas tenía tres años. En Sportivo Desamparados permaneció hasta los 12, una etapa que recuerda por los aprendizajes, los compañeros y los entrenadores que lo acompañaron durante su infancia. “Me tocaron lindos equipos y formé grupos de amistad con compañeros que me cuidaban porque siempre jugaba para una categoría más grande”, recuerda.
A los 12 años llegó a Alianza, por invitación del entrenador Gabriel González. El cambio representó una oportunidad para conocer otro ambiente y continuar desarrollándose. “Me fui a Alianza para buscar nuevos aires. Gracias al profe aprendí muchas cosas que todavía hoy le agradezco”, cuenta.
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Después de algunos años regresó a Desamparados, donde continuó su formación hasta que, por cuestiones dirigenciales, volvió a Alianza. En ese club consiguió dos títulos en el Mundialito y tuvo la oportunidad de dar uno de los primeros grandes pasos de su carrera: debutar en Primera División.
El debut en Primera y la oportunidad de viajar a Buenos Aires
Santiago debutó en la Primera División del fútbol sanjuanino cuando tenía 15 años. El entrenador que le dio esa oportunidad fue Ernesto Fullana. También recuerda el apoyo que recibió del entonces presidente del club. Su estreno fue frente a Sportivo Rivadavia. A partir de allí continuó sumando experiencia hasta que apareció una posibilidad que podía cambiar el rumbo de su carrera: probarse en un club de Buenos Aires.
A través de un contacto de representantes, en noviembre de 2023 viajó para realizar una prueba en Racing. Permaneció alrededor de un mes y, según relata, había logrado quedar, pero no había lugar disponible en la pensión que necesitaba para instalarse y continuar con su desarrollo deportivo.
La situación no lo hizo abandonar su objetivo. Antes del inicio de la pretemporada tuvo una nueva oportunidad, esta vez en Quilmes. Allí se presentó a una prueba general en la que participaron cientos de jóvenes que buscaban lo mismo que él. “Éramos entre 300 y 500 chicos, aproximadamente. Jugué el primer partido de la prueba, le gusté al técnico y me convocaron para entrenar directamente con el plantel”, relata.
La respuesta llegó pocos días después. Tras entrenar durante tres jornadas, el cuerpo técnico y los coordinadores se reunieron con él y le confirmaron que podía quedarse. Además, le comunicaron que había lugar en la pensión del club, una condición fundamental para que pudiera continuar su carrera lejos de San Juan. “Cerré los ojos y dije: ‘Bueno, me quedo acá en Quilmes’”, recuerda. La decisión implicaba mucho más que cambiar de camiseta. Era instalarse en otra provincia, acostumbrarse a una nueva rutina y aprender a convivir con la distancia de sus seres queridos para perseguir el objetivo que lo acompañaba desde la infancia.
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Campeón en Quinta y un debut con gol en Reserva
En Quilmes, Arias continuó su recorrido por las divisiones juveniles. Durante 2025 jugó en Quinta División, con la que se consagró campeón del torneo de la B Nacional frente a Atlético de Rafaela. Además, fue elegido como el mejor jugador del certamen. El reconocimiento llegó después de una temporada en la que se destacó como goleador de su equipo y tuvo una participación decisiva en la final, con un gol y una asistencia, según contó.
Ese mismo año vivió otro momento importante: debutó en Reserva frente a Tristán Suárez. Lo hizo como titular y convirtió el gol con el que Quilmes ganó 1 a 0. “Fue un debut muy esperado. Me tocó jugar desde el arranque y ganamos 1 a 0 con un gol mío”, cuenta.
Para un delantero centro, estrenarse en una categoría superior con un gol representó una oportunidad para demostrar que podía competir en otro nivel. Arias juega como nueve y tiene una característica que considera una ventaja: es ambidiestro. Esa habilidad, explica, se la debe en parte a su abuelo Humberto, quien desde que era chico lo incentivaba a practicar. “Mi abuelo me hacía patear con la zurda contra una pared, porque en ese momento era mi pierna inhábil. Gracias a él, hoy le pego bien con las dos”, señala.
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Entre sus referentes futbolísticos aparecen nombres de distintas generaciones. A nivel local admira a Silvio Prieto; en el fútbol argentino, a Martín Palermo; y en el plano internacional, al sueco Zlatan Ibrahimovic. Tres delanteros que forman parte de sus influencias mientras busca construir su propio camino.
La rutina de un futbolista lejos de casa
Durante 2026, Santiago comenzó la pretemporada con Reserva y alternó entre esa categoría y Cuarta División. Sin embargo, desde fines de agosto empezó a integrar el plantel de Primera de Quilmes. También tuvo una convocatoria frente a Nueva Chicago, una experiencia que alimenta su objetivo de ganarse un lugar.
Mientras espera nuevas oportunidades, su rutina diaria exige disciplina y organización. Vive en La Plata y cada mañana combina tren y colectivo para llegar al predio donde entrena. El viaje le demanda alrededor de una hora y media. “Arranco temprano, a las siete de la mañana. Después viajo para entrenar, almuerzo en el club y vuelvo a casa. Descanso un poco y a la tarde hago una o dos horas de gimnasio”, describe.
La preparación física y los entrenamientos ocupan buena parte de su día, pero su recorrido también incluyó otro desafío: completar sus estudios secundarios en una ciudad nueva. Cuando llegó a Buenos Aires, tenía pendiente terminar sexto año, algo que pudo concretar en 2024. Arias recuerda con agradecimiento la experiencia escolar y la forma en que lo recibieron sus compañeros, en un momento en el que todavía se acostumbraba a vivir lejos de su entorno. “Me abrieron los brazos. Estar lejos de la familia y extrañarla no es fácil, pero se portaron muy bien conmigo”, cuenta.
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La familia, el sostén que sigue en San Juan
Aunque su presente transcurre entre La Plata y Quilmes, Santiago mantiene un vínculo estrecho con sus raíces. En Rivadavia quedó la mayor parte de su familia, que lo acompaña a la distancia y representa una parte fundamental de su historia.
La pasión por el fútbol, asegura, viene especialmente de su mamá, Mariana, y se extiende a todo su entorno familiar. Tiene dos hermanas menores y también cuenta con tíos que viven en Buenos Aires y le brindan apoyo. “Mi familia es muy futbolera y todos somos fanáticos de San Juan. Gracias a ellos uno sigue en pie con este sueño”, afirma.
La distancia no impide que ese acompañamiento se haga sentir. Su mamá lo alienta a seguir adelante y, en ocasiones, viaja para sorprenderlo en los partidos. Esos encuentros se convierten en momentos especiales para un joven que tuvo que acostumbrarse a vivir lejos de sus afectos mientras intenta crecer en el fútbol.
Detrás de cada entrenamiento y cada convocatoria hay una historia familiar que empezó mucho antes de su llegada a Quilmes. También están los profesores que le dieron oportunidades, los compañeros que lo acompañaron desde chico y las experiencias que acumuló en los clubes sanjuaninos que marcaron su formación.