HISTORIAS
Mariano Orquera, el defensor sanjuanino que dejó su provincia y hoy en Perú busca consolidarse para llegar a la máxima categoría del Melgar
Mariano Orquera tenía cuatro años cuando empezó a jugar al fútbol en la escuelita de la Unión Vecinal de Trinidad. Por entonces, no imaginaba que esa pasión lo llevaría a dejar San Juan, vivir en Córdoba y, más adelante, cruzar la frontera para probar suerte en Perú. Hoy, con 20 años, el defensor central forma parte del Melgar y trabaja para cumplir su objetivo más cercano: debutar en la máxima categoría del fútbol peruano.
Su historia empezó a tomar otro rumbo cuando tenía diez años. Mientras disputaba un partido amistoso, un captador de River lo observó y lo invitó a realizar una prueba en Buenos Aires. Aquella experiencia fue una primera señal de que podía aspirar a una carrera profesional.
Sin embargo, antes de llegar a los grandes clubes, Mariano tuvo que recorrer un camino de esfuerzo dentro del fútbol local. Después de sus primeros pasos en Trinidad, se incorporó a la Asociación Recreativa Amigos de Caucete (ARAC), donde vivió una etapa que todavía recuerda con orgullo. “Allí entrenaba todos los días, me iba desde Capital hasta Caucete a entrenar, fueron dos años intensos donde ganamos el campeonato local y también el Mundialito de Trinidad”, contó sobre aquellos años en los que empezó a tomarse cada vez más en serio la posibilidad de convertirse en futbolista.
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Una oportunidad en Buenos Aires que tuvo que esperar
A los 13 años, Vélez lo convocó para realizar una prueba y finalmente firmó un contrato por dos años. La posibilidad de sumarse a una institución de ese nivel significaba un paso importante, aunque la distancia y su corta edad presentaban un desafío para toda la familia. “Mi viejo no quería que me vaya a vivir a Buenos Aires porque era muy chico todavía”, recordó Mariano.
A esa situación se sumaron dos obstáculos difíciles de manejar: la pandemia de COVID-19 y una tendinitis que condicionó su continuidad. Durante ese período, viajaba a entrenar con Vélez aproximadamente una semana al mes, hasta que el vínculo llegó a su fin y el club decidió no renovarle el contrato.
El regreso a San Juan fue un momento de incertidumbre. Sin un equipo en el que competir, comenzó a entrenarse por su cuenta, con la intención de mantenerse en forma y encontrar una nueva oportunidad. “Quería viajar y volver a sentir lo que era un partido de competencia, de fin de semana”, explicó.
De San Martín a Talleres: el salto a Córdoba
Esa búsqueda lo llevó al Verdinegro. En 2022 realizó una prueba allí en la calle Mendoza, quedó seleccionado y volvió a tener la oportunidad de competir. Lo que parecía un regreso a casa terminó convirtiéndose en el punto de partida de otra etapa fuera de la provincia. En agosto del mismo año, mientras San Martín disputaba un encuentro frente a Belgrano en Córdoba, un captador de Talleres se fijó en él durante una actividad en el predio y le preguntó si estaba interesado en hacer una prueba.
Mariano aceptó. Quedó seleccionado y se mudó a Córdoba para incorporarse a las divisiones formativas de la institución. Allí vivió lejos de su familia y amigos, mientras continuaba con su formación. “Llegué a la pensión de Talleres y estuve casi cuatro años. Aprendí mucho, crecí como persona y como futbolista”, recordó.
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Durante su paso por el club cordobés acumuló experiencias que marcaron su recorrido. En 2023 participó de un torneo internacional en Brasil con Talleres, en el que el equipo llegó a la final y terminó segundo tras perder por penales frente a São Paulo. Dos años más tarde, integró el plantel que peleó los primeros puestos del torneo de inferiores. El objetivo era terminar en lo más alto para acceder a la posibilidad de disputar la Copa Libertadores Sub-20, pero el equipo perdió puntos en las últimas fechas y finalizó tercero.
A pesar de esos logros, el final de su etapa en Talleres estuvo atravesado por una decisión que lo obligó a replantear su futuro. Para 2026, no iba a ser tenido en cuenta para realizar la pretemporada con la Reserva y la propuesta era que continuara en la categoría que le correspondía por edad. “Yo no buscaba eso, aspiraba a algo más”, resumió.
El desafío de empezar de nuevo en otro país
La posibilidad de llegar a Perú apareció a través de su representante, que tenía un contacto con el Melgar. Mariano buscaba una salida que le permitiera seguir creciendo y acercarse a una categoría superior. La propuesta llegó en un momento clave y decidió aceptarla. “Me dije: ¿y por qué no?”, recordó sobre la decisión de dejar Argentina para comenzar una nueva experiencia.
“Lo más difícil de dejar San Juan para irme a Perú fue la familia, los amigos, las costumbres, la comida, ya que iba a otro país donde era totalmente diferente todo, un país que no conocía”, relató. Aunque ya había aprendido a vivir lejos de su casa durante su etapa en Córdoba, instalarse en otro país le presentó desafíos distintos. Los primeros días fueron difíciles, pero entendió que debía aprovechar una oportunidad que podía ayudarlo a crecer dentro y fuera de la cancha.
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“Yo sé que era una oportunidad linda que tenía que aprovecharla y era cuestión de acostumbrarme al país”, explicó. Actualmente integra el equipo de Melgar que compite en la Liga 3, una categoría equivalente al ámbito de Reserva del fútbol argentino. El conjunto está en la pelea por el ascenso a la Liga 2 y logró superar la primera fase después de terminar primero en su grupo. El defensor también tuvo la oportunidad de entrenar con el plantel de Liga 1, la máxima categoría peruana. Esa experiencia le permitió conocer de cerca el nivel al que aspira llegar y empezar a familiarizarse con las exigencias del fútbol profesional.
Las diferencias entre el fútbol argentino y el peruano
Su paso por Perú también le permitió identificar diferencias en la manera de jugar. Desde su posición de defensor central, considera que una de las principales está en el tiempo de cada jugada. “Lo que destaco entre el fútbol argentino y el fútbol peruano es la toma de decisiones, que acá hay como más tiempo para poder resolver. Más tiempo para pensar”, explicó.
También señaló que en Argentina el juego suele tener una mayor intensidad en los duelos físicos, con más contacto y agresividad. En Perú, según su experiencia, esas características se presentan de otra manera, algo que intenta aprovechar para destacarse en su puesto. Sin embargo, advirtió que el panorama cambia cuando entrena con el primer equipo de Melgar, donde encuentra una exigencia más cercana a la que conoció en el fútbol argentino.
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En ese contexto, cada entrenamiento representa una oportunidad para seguir aprendiendo, adaptarse a las exigencias de la categoría y demostrar que puede dar el salto que busca. Como referencia futbolística, Mariano tiene a Nicolás Otamendi, capitán de River y campeón del mundo en Qatar. Su objetivo es continuar desarrollándose como central y ganarse un lugar en el equipo principal de Melgar.
Una familia ajena al fútbol que se convirtió en su sostén
Detrás de su recorrido hay una particularidad: Mariano creció en una familia que no tenía una relación cercana con el fútbol. Sus padres y sus hermanos, Santiago y Franco, no practicaban este deporte. “Lo más loco es que ninguno de ellos jugó al fútbol y sobre todo ninguno mira a excepción de los partidos de la Selección Argentina”, contó. Aunque el deporte estuvo presente en su familia a través de otras disciplinas (sus hermanos llegaron a integrar la selección sanjuanina de vóley), fue Mariano quien encontró en la pelota el camino que quería seguir.
En los momentos difíciles, el apoyo familiar también se convierte en una razón para seguir. Mariano reconoció que hubo etapas en las que pensó en abandonar el fútbol, especialmente cuando no sumaba minutos o entrenaba durante la semana con expectativas de jugar y después terminaba en el banco. “Te imaginas una vida en tu casa tranquilo con tu familia, estudiando, sabiendo que tenés tus amigos ahí cerca, en la facultad también los tenés”, recordó sobre esos momentos de dudas.
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Sin embargo, aprendió a atravesar esas etapas sin perder de vista lo que quería para su futuro. “Si se me vienen emociones así, trato de pensar en mi familia, en todo el esfuerzo que hago, de chiquito lo que quería y lo que quiero, todo lo que mi familia está esperando de mí”, expresó. Su primer objetivo está claro: debutar en la máxima categoría con Melgar. Mientras el equipo pelea por el ascenso, el sanjuanino continúa entrenando, compitiendo y esperando la oportunidad que le permita dar el siguiente paso.