HISTORIA
La ecografía que cambió la vida de una mamá sanjuanina y multiplicó su familia en nueve meses
Marzo de 2001 transcurría como cualquier otra etapa en la vida de María Luisa Morell. Con 39 años, tres hijas y una rutina que combinaba el trabajo, el estudio y sus actividades, no imaginaba que estaba por comenzar una de las aventuras más inesperadas de su vida. Un embarazo que no había buscado y una ecografía que se extendió durante varios minutos terminaron con una noticia que la dejó sin palabras: serían tres bebés.
Contadora pública y hoy jubilada, María Luisa trabajó durante años en la AFIP. Su marido, Gustavo, es ingeniero electromecánico y se desempeñaba de manera independiente. Juntos habían formado una familia con María Fernanda, María Belén y Rocío Guadalupe. La llegada de un nuevo integrante no estaba en sus planes, pero la vida tenía preparada una sorpresa mucho mayor.
El embarazo se produjo de manera natural, en una etapa en la que María Luisa había retomado sus estudios de posgrado en la Universidad Católica y practicaba actividades como vóley y pádel. “Yo, al tiempo que me quedé embarazada de las trillizas, no fue planeado, fue natural”, recordó.
Durante las primeras semanas de gestación, un sábado sufrió una hemorragia importante que encendió las alarmas. Su ginecólogo le indicó reposo durante el fin de semana y consiguió que se realizara una ecografía el lunes por la mañana, el 19 de marzo. Gustavo la acompañó al estudio, sin imaginar que ambos saldrían de allí con una noticia difícil de procesar.
El examen se extendió mucho más de lo habitual. Después de unos 45 minutos, llegó la primera información tranquilizadora: el bebé estaba bien. Sin embargo, inmediatamente apareció una revelación inesperada. "En realidad no es uno, sino que son dos", le dijeron.
La sorpresa inicial dio paso al alivio. Después de la hemorragia y el temor de perder el embarazo, saber que había dos bebés parecía una buena noticia. Pero la ecografía todavía guardaba otra revelación. "Pasaron 40 minutos más y me dijeron: "Bueno en realidad no son dos, sino que tres".
La confirmación de que esperaba trillizas dejó a la pareja sorprendida. Gustavo quedó pálido y quiso asegurarse de que los tres bebés estuvieran separados y no fueran siameses. La profesional confirmó que se trataba de tres bebés distintos. “Salimos bastante shockeados”, resumió María Luisa sobre aquel momento que quedó grabado para siempre en su memoria.
Al salir del estudio, se comunicó con su ginecólogo, el doctor Villalobos, quien le explicó que se trataba de un embarazo de alto riesgo y que debía extremar los cuidados. La posibilidad de que hubiera existido un cuarto bebé también quedó como una incógnita vinculada a la hemorragia inicial, aunque nunca llegaron a saberlo con certeza.
Nueve meses de cuidados y una llegada muy esperada
Después de conocer la noticia, María Luisa tuvo que modificar buena parte de su vida cotidiana. Durante un mes debió guardar reposo absoluto y, más adelante, aunque pudo retomar algunas actividades, tuvo que hacerlo con muchas limitaciones. No podía manejar, subir escaleras ni ocuparse de las tareas de la casa. Para ir a trabajar dependía de familiares que la trasladaban. La alimentación y el descanso también se volvieron fundamentales. Cada paso estaba orientado a cuidar el embarazo y procurar que las tres bebés llegaran en las mejores condiciones posibles.
A pesar de los riesgos, María Luisa no recuerda aquellos meses únicamente desde la preocupación. Para ella, la gestación transcurrió de una manera relativamente buena, aunque requirió precauciones especiales y no llegó hasta el final esperado. “Fue un embarazo dentro de todo bastante normal, pese a los cuidados, no fue nada malo todo el proceso”, explicó.
A medida que avanzaban los meses, la familia empezó a prepararse para la llegada de las tres nuevas integrantes. Cuando supieron que serían niñas, alrededor del quinto mes, las hermanas mayores también tuvieron un papel importante: cada una eligió el nombre de una de las bebés.
María Fernanda eligió Lourdes; María Belén, Valeria; y Rocío Guadalupe, Candelaria. La decisión fue una manera de involucrarlas en la llegada de sus hermanas y de que cada una sintiera que tenía un vínculo especial con una de las pequeñas.
Finalmente, el 13 de agosto de 2001, llegó el día que cambiaría definitivamente la historia familiar. Las trillizas nacieron por cesárea en el Hospital Privado de San Juan, alrededor del mediodía. Lourdes nació a las 13.15 y pesó 1,770 kilos; Valeria llegó dos minutos después, con un peso de 1,960 kilos; y Candelaria nació a las 13.19, con 1,560 kilos. Por su tamaño, las tres fueron trasladadas a incubadoras, pero se encontraban estables y no atravesaron complicaciones críticas.
La familia que hasta entonces tenía tres hijas pasó a tener seis. En apenas nueve meses, la sorpresa que había comenzado en una sala de ecografía se convirtió en una nueva realidad para todos.
Seis hijas, seis personalidades y una complicidad especial
Con el paso de los años, la casa se llenó de nuevas rutinas, responsabilidades y desafíos. Criar a seis hijas significó acompañar a cada una en sus etapas, atender sus necesidades y encontrar la manera de que todas tuvieran su propio espacio.
En el caso de las trillizas, María Luisa siempre procuró que cada una desarrollara su identidad. Aunque compartieron el nacimiento y muchas experiencias, nunca fueron tratadas como si fueran una sola persona. “Las trillizas en particular nunca les gustó eso de que les pregunten: ‘¿Y quién sos vos?’. Siempre se vistieron diferentes”, contó.
Las tres tuvieron sus propios grupos de amigos, gustos y personalidades. Convivieron como cualquier grupo de hermanas, con discusiones y diferencias, pero también con un lazo diferente. “Cada una tuvo su identidad y personalidad. Como así también sus propios grupos de amigos y como todo hermano, se pelean, pero a la vez tienen un vínculo distinto, una complicidad, diría yo, especial”.
Hoy, Lourdes, Valeria y Candelaria tienen 25 años y comenzaron a construir sus caminos profesionales. Valeria se recibió de kinesióloga y realiza una residencia en la Clínica El Castaño. Lourdes trabaja en el Poder Judicial de San Juan y está terminando la carrera de Derecho: ya completó el cursado y le quedan los exámenes finales. Candelaria, por su parte, estudia Arquitectura y también realiza tareas vinculadas con la profesión en un estudio.
Una familia que nunca imaginó y que no cambiaría por nada
Cuando María Luisa recuerda aquella ecografía de marzo de 2001, todavía aparece el asombro de haber recibido una noticia que multiplicó de golpe el tamaño de su familia. “Yo nunca me hubiera imaginado tener esa cantidad de hijas, pero siempre fuimos de la idea de que la cantidad de hijos que Dios mandara, era la correcta”, expresó.
La crianza tuvo momentos de agotamiento, como sucede en cualquier familia numerosa. Sin embargo, cuando mira hacia atrás, el balance es de agradecimiento. La llegada de las trillizas fue inesperada y cambió sus planes, pero también le regaló una historia que hoy forma parte de la identidad de toda la familia. “Tener una familia con seis mujeres es conflictivo, por lo que somos las mujeres, que somos celosas o competitivas, pero es hermoso y yo no lo cambiaría por nada del mundo”.
A 25 años de aquel nacimiento, Lourdes, Valeria y Candelaria ya son adultas, estudian, trabajan y avanzan con sus propios proyectos. La ecografía que alguna vez dejó a sus padres sin palabras se convirtió en el comienzo de una aventura que transformó la vida de María Luisa para siempre. “Le agradezco a Dios todos los días de mi vida por darme la familia que hoy tengo”, concluyó.