REPASO
Un sueño que se forjó en el potrero de su Rawson natal y que lo llevó a calzarse la camiseta número 10 de Boca, la historia del sanjuanino Benjamín Posse contada por su familia
Antes de vestir la camiseta número 10 de Boca, Benjamín Posse era un pequeño de Rawson que no se cansaba de jugar con la pelota. En el barrio Los Plátanos, su familia ya notaba que aquel entusiasmo podía convertirse en algo más. Hoy, con 15 años y conocido como “Tarzán”, el juvenil atraviesa una etapa especial en su carrera. Su mamá, Paola Rivero, y su hermano mayor, Agustín Posse, reconstruyeron en diálogo con 0264 Noticias el camino que lo llevó hasta las inferiores del Xeneize y cómo viven sus logros desde San Juan.
Una pasión que nació en Rawson
“A los tres años ya le encantaba jugar con la pelota, le vivíamos regalando porque nos cansaba”, recordó Agustín. La escena se repetía en la casa: Benjamín buscaba una pelota a toda hora. Su mamá también lo recuerda como un niño hiperactivo, con mucha energía y una pasión que empezaba a distinguirlo. Andaba en bicicleta y jugaba con tambores, pero había una actividad que ocupaba casi todo su tiempo: el fútbol.
Fue su papá, David Posse, quien decidió llevarlo al club Los Benjamines, ubicado en el camping de la UOM. Allí comenzó a formarse en las divisiones infantiles. Los profesores notaron sus condiciones y recomendaron que continuara entrenando. “Cuando le vieron la definición y como jugaba, los profes le dijeron que se tenía que quedar", relató Paola. En aquellos primeros años, también practicaba cerca de su casa, en una cancha a la que iba junto a su papá. Después de dos años en Los Benjamines, continuó su recorrido en Alianza, donde comenzó a competir en las ligas infantiles de la provincia.
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La rutina familiar giraba cada vez más alrededor de los entrenamientos. Benjamín cursaba en la escuela Nacional de Rawson y, al salir, debía organizarse para llegar a las prácticas. Paola destacó que siempre fue responsable con el estudio y aprovechaba los traslados para cumplir con las tareas. “Venía en la camioneta haciéndolo a las tareas que tenía, para que le quedara ese tiempo libre o para ir a entrenar o para salir a jugar”, recordó. En la escuela, aseguró, nunca había generado inconvenientes.
El sueño de Boca y la difícil decisión de partir
El primer gran cambio llegó en 2024, cuando captadores de Boca realizaron pruebas en el Estadio del Bicentenario. Benjamín participó y quedó seleccionado para continuar el proceso en Buenos Aires. A partir de entonces comenzaron los viajes y las evaluaciones periódicas. Durante varios meses debió presentarse a entrenar mientras los responsables observaban a los chicos y definían quiénes seguirían.
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Paola todavía recuerda la jornada decisiva. “Estaban en la etapa final, ya que viajaban bastante a Buenos Aires, luego de unos meses finalmente quedó elegido en el 2025”, explicó. Eran tres días de prácticas y los entrenadores iban seleccionando a quienes continuarían. La noticia llegó al finalizar la última jornada, cuando David esperaba afuera. “El último día le dieron la noticia a mi marido que se tenía que quedar en la pensión. Ese momento nos emocionó muchísimo, no podíamos creerlo”, contó.
La alegría convivió con una preocupación inevitable: Benjamín todavía era muy chico y debía alejarse de su casa para instalarse en la pensión del club. A David, quien lo había acompañado desde sus primeros entrenamientos, le costaba aceptar que su hijo partiera. “Él fue quien más lo acompañó y cuando le avisaron que quedara se le vino todo lo que le iba a pasar de tan chiquito”, recordó Paola.
La decisión terminó apoyándose en el deseo del propio juvenil. “Mamá, yo quiero seguir jugando”, le decía. Después de tantas horas de entrenamiento y viajes, sumarse a Boca era la oportunidad que quería aprovechar. “Nos costó y al día de hoy continúa, pero lo vemos feliz a él y eso es lo importante”, expresó su mamá. La distancia seguía pesando, aunque la familia entendió que debía permitirle perseguir su sueño.
El esfuerzo también implicó gastos en botines, viajes de fin de semana y estadías en hoteles durante las pruebas en Buenos Aires. “El sacrificio siempre ha estado en comprar los botines, en los viajes que teníamos que hacer todos los fines de semana”, señaló Paola. David era quien se encargaba de acompañarlo en buena parte de esos traslados. “Ver el resultado de hoy en día nos emociona mucho a todos”, agregó.
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Los logros, el apoyo a la distancia y una ausencia que pesa
En Boca, Benjamín comenzó desde abajo. Primero disputó torneos metropolitanos y, al observar sus condiciones, lo promovieron a las competencias de AFA. Su crecimiento también tuvo una vidriera internacional: en 2026 fue una de las figuras de la Oviedo Cup, en España, donde el equipo se consagró campeón. En once partidos convirtió cinco goles y aportó ocho asistencias. Además, marcó en la final ante Espanyol, que terminó 2-0 para el conjunto argentino. También participó de la Messi Cup, donde pudo conocer a su ídolo y sacarse una foto con él.
Para sus seres queridos, cada logro tiene un significado que va más allá de los resultados. Agustín contó que todos buscan hacerle sentir que la distancia no cambia el vínculo. Incluso prepararon camisetas con la cara de Benjamín en el escudo, el apodo “Tarzán” y el número 10 en la espalda. “Para que vea que no está solo nunca, a pesar de la distancia, y que siempre lo apoyamos en todo”, explicó. La iniciativa fue una manera de acompañarlo, aunque no puedan estar presentes en cada partido.
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En ese camino también hubo momentos difíciles. Hace aproximadamente dos meses falleció el abuelo de Benjamín, una persona muy importante para él y uno de sus principales alentadores. “Mi abuelo jugaba en San Lorenzo antes, así que le encantaba el fútbol, lo apoyaba siempre a Benja en todo”, contó Agustín. La pérdida lo afectó y desde San Juan intentaron sostenerlo con mensajes de aliento. “Siempre le mandamos nuestro apoyo desde acá, en decirle que está todo más que bien y que hay que levantar la frente”, agregó.
Benjamín es el menor de tres hermanos. Milagros, de 23 años, estudia para ser docente, mientras que Agustín, de 25, trabaja en una empresa de electricidad. Paola se desempeña en abordaje territorial en la Municipalidad de Rawson y David es plomero gasista. Todos siguen de cerca el presente del juvenil y celebran una oportunidad que también es resultado de un esfuerzo compartido.
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“Siempre fue un chico muy humilde, de todas las cosas que le pasó y le tocó vivir”, resumió Agustín. Su orgullo convive con la conciencia de que el camino recién empieza. Paola, por su parte, le deja un mensaje: “Yo solo le digo a mi hijo que continúe, que persiga sus sueños, ya que todo su esfuerzo está teniendo su recompensa”. La camiseta de Boca, los goles y los viajes son parte de una historia que comenzó en una cancha cercana a casa. Hoy, aunque el sueño se juega lejos de Rawson, Benjamín sabe que su familia sigue alentándolo en cada paso.