Transformar el dolor en esperanza
Los Chirino tenían una vida como la de cualquier otra familia hasta que una tragedia los cambió para siempre. El 13 de febrero de 2015 el vehículo en el que viajaba Guillermo junto a su hijo Lautaro fue embestido por un móvil de la policía comunal y horas después Lauti, como lo llamaban, perdió la vida.
En ese momento tenía 12 años, sólo le quedaban días para su cumpleaños. Era un adolescente cargado de sueños que quedaron truncos aquel mortal mediodía de febrero. Desde ahí, para la familia Chirino ha sido un largo peregrinar en busca de justicia.
A casi cinco años de la tragedia que se llevó la vida de su hijo, la causa sigue paralizada. La razón: el conductor del móvil policial, llamado Juan Acosta, argumentó que viajaba por la derecha y tenía la pasada, y eso le sirvió de atenuante. Guillermo recuerda aquel día como si fuese ayer. Había retirado a Lautaro de un cumpleaños y viajaban juntos en una Renault Kangoo por calle Vidart y 5, cuando los chocaron. El impacto fue tan fuerte que la camioneta dio dos trompos y terminó contra un poste de luz. Lautaro y Guillermo salieron despedidos, el nene murió y Guillermo sufrió una importante herida en la columna que lo dejó con una discapacidad de por vida. Él asegura que el móvil iba sin luces y a una alta velocidad.

“Para nosotros y para todas las familias es muy difícil. Ellos viven con nosotros, en nuestro corazón. Teniendo la esperanza de que algún día vamos a vivir ese tan esperado reencuentro. Pero hasta que eso suceda vamos a seguir pidiendo justicia por Lautaro y por todos”, asegura Lorena.
Con una foto de Lautaro estampada en sus remeras, el matrimonio Chirino acompaña a cada familia en su pedido de justicia. Con el paso de los años, pudieron transformar su dolor en solidaridad y la creación de la ONG les da cada vez más ganas de salir adelante, soñando con construir un mundo mejor.

“Hay 20 muertos por día en siniestros viales en el país. Es un flagelo y nos vimos en la obligación por lo que nos pasó de fundar esta ONG para unirnos en el dolor y pedir justicia, que las leyes cambien, que los jueces trabajen, que no haya abogados carancho, que las aseguradoras no alarguen los plazos”, indica Guillermo. El común denominador de todas las familias de víctimas de siniestros viales es la falta de justicia y eso los mantiene unidos.
Guillermo define a Familias del dolor y la esperanza como un todo. “Todos llevamos el mismo dolor. La pérdida de un hijo es algo que no tiene nombre, es irreparable”, indica con mucha tristeza.
Cuando comenzaron con la ONG eran dos o tres familias y hoy son más de treinta. “Es un gigante que se está despertando”, afirma Guillermo. Su idea es que se darse a conocer a todos pero principalmente al Gobierno, para que sepan que necesitan ser escuchados. “Necesitamos ser la voz de los que ya no están a nuestro lado para que esto cambie”, explica con la firmeza y la convicción de trabajar para lograr un cambio.
“Mes a mes estaremos en Tribunales, acompañando a cada familia, pidiendo que los jueces hagan lo que tengan que hacer, agilicen los trámites y que las penas sean cada vez más duras, más ejemplificadoras”, asegura Guillermo, quien a pesar de las adversidades no baja los brazos.