OPINIÓN
País demasiado bizarro para discutir cosas serias
Bizarro, según la definición de diccionario, refiere a “raro, extravagante o fuera de lo común”. Pero si se bucea un poco más, a esa palabra le surgen otras definiciones. Por ejemplo el sitio Wikipedia asegura que Bizarro “es un supervillano/antihéroe que aparece en los cómics estadounidenses publicados por DC Comics. El personaje fue creado por el escritor Otto Binder y el artista George Papp como una "imagen especular" de Superman, y apareció por primera vez en Superboy número 68 (1958). Debutando en la Edad de Plata de los cómics (1956 - c. 1970), el personaje a menudo ha sido retratado como un antagonista de Superman, aunque en ocasiones también asume un papel de antihéroe”. Bizarro es, para ponerlo en términos sencillos, una especie de “lado b” de algo bueno, o una copia no tan fiel. Si hay que hablar de malas duplicaciones vinculadas a la política es probable que muchos coincidamos en que un buen ejemplo podría llamarse Patricia Bullrich. La Ministra de Seguridad de Javier Milei le dijo en enero a Nayib Bukele, presidente de El Salvador, que quería seguir el modelo sobre seguridad de ese país, donde la cantidad de muertos baja con la misma velocidad que las garantías democráticas de quienes nunca tuvieron nada que ver con la delincuencia. Luego Bullrich fue a El Salvador, y hace poco anunció que el proyecto para bajar la edad de imputabilidad a los 14 años ya está listo. La idea avanza, evidentemente. Si bien en la mayoría de los países de la región ese límite penal se ubica mucho más abajo que acá, la discusión no puede llevar a ningún lugar positivo si antes no alimentan y educan a esos niños que ahora quieren encerrar. Además, y a pesar de que nos une el Código Penal a todas las provincias, habría que pensar si esa decisión no corresponde darla por regiones, ya que la realidad en el interior todavía parece distinta a la que ocurre en las grandes urbes; o al menos es lo que pasa en San Juan.
Según publicó el diario La Nación hace pocas semanas, solamente Argentina y Cuba mantienen la edad a partir de la cual un adolescente puede ir preso por algunos delitos a los 16 años. Hay países donde la punibilidad de una persona desciende hasta los 7 años, como Granada y Trinidad y Tobago. En Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas, es de 8. En Bolivia, Chile y Paraguay, la edad para someter a un niño al aparato judicial es de 14, en Brasil es de 12 y en Uruguay eso ocurre desde los 13 años. El debate no es solo latinoamericano, ya que por ejemplo en Irlanda desde los 7 años una persona puede ser juzgada por delitos, en Escocia desde los 8 y en Canadá eso pasa a partir de los 12 años. En Estados Unidos ocurre de todo, porque si bien depende de cada Estado, muchos de ellos ni siquiera tienen límite de edad y en algunos otros sientan niños de 7 años en el banquillo de acusados, como ocurre en el Estado de Carolina del Norte.
Hace pocas semanas la Justicia sanjuanina dio a conocer estadísticas sobre niños, jóvenes y adolescentes en conflicto con la ley. Datos de 2023. En ese resumen había cifras muy jugosas que contradicen algunas afirmaciones populares, como por ejemplo que los menores entran y salen como quieren de los calabozos. Primero que ningún juez puede mandar a un menor de 16 a la cárcel, y segundo que, según registros de la Oficina Judicial de Niñez y Adolescencia, de los 1.258 jóvenes imputados en 2023 (NdR: en el informe judicial se consigna que hay 430 individuos sin datos, lo que provoca una variación de algunas decenas en las cifras con respecto a las estadísticas del último Censo poblacional de 2022; nada relevante pero lo suficientemente impreciso para obtener resultados nominales exactos) el 76 por ciento tuvo conflicto con la ley penal una vez en el año, seguido de un 11 por ciento que lo hicieron 2 veces. El dato de quienes protagonizaron conflictos en más de 3 ocasiones desciende al 9 por ciento. En definitiva, esos que “entran y salen” según la creencia popular, no son más de 115 chicos. Entonces, ¿el problema de la delincuencia en San Juan es por poco más de cien chicos? Otro número relevante: según otras fuentes del Poder Judicial, en 2023 hubo alrededor de 25.000 intervenciones penales protagonizadas por mayores de edad; es decir, denuncias nuevas y causas arrastradas. En el mismo período se imputó en nuevos expedientes a 2.792 mayores de edad. La diferencia entre quienes cometen delitos que son mayores de edad sobre quienes tienen menos de 16 años y también meten la pata, es abismal. Más cifras: el Instituto Nazario Benavídez, que tiene la misión de trabajar con chicos que aún no cumplen 18 años pero que cometieron, por ejemplo un robo o un hurto que son los delitos más comunes, albergaba hace dos semanas solamente siete chicos. De nuevo: en caso de que el Congreso modifique el régimen penal juvenil, en San Juan se estaría legislando para menos del 0,5 por ciento del total de hechos violentos que ocurren en esta provincia. Además de que nada asegura que metiendo presos a esos niños luego esas personas vayan a cambiar de actitud. La jueza de Menores María Julia Camus, dijo en una entrevista radial hace pocos días que el 90 por ciento de los jóvenes que pasaron por esos juzgados al menos tres veces en un año, luego no se recuperan y siguen delinquiendo después de la mayoría de edad. Es decir, terminan encerrados en el Penal de Chimbas. Si bien nominalmente no son más de 20 personas, implica un fallo en el sistema que no logra evitar que los niños que delinquen luego dejen de hacerlo.
Hablemos de educación. Según el Censo de 2022, la media del país que nunca se educó está en el 1,1 por ciento. En el caso de San Juan esa estadística es mayor y llega al 1,5 por ciento de los 822.853 que somos; es decir, 12.342 personas, mucho más que los ciento y pico que entraron tres veces a una comisaría por algún hecho penal en un año. Es probable que sea más fácil meter presos a esos ciento y pico que educar a más de 12.300. La política a veces corta camino de manera peligrosa.
Camus entregó un dato demoledor respecto de lo que ella observa en su despacho: dijo que a muchos chicos que entrevista debe deletrearles los documentos, porque no saben escribir millones. El propio Presidente Javier Milei aseguró en San Juan para lanzar un programa de alfabetización, que 7 de cada 10 alumnos de sexto grado no comprende lo que lee. Es muy probable que los menores que hayan entrado tres veces a un juzgado en un año no tengan familia que los eduque ni conozcan una forma distinta de ganarse la vida.
Hablemos de la pobreza en Argentina. Según Unicef, “en el último tramo del año 2023, casi 6 de cada 10 niñas y niños en Argentina residen en hogares cuyos ingresos no alcanzan para adquirir en el mercado una canasta básica total de bienes y servicios (CBT). Un 19% reside en hogares extremadamente pobres o indigentes, esto es, con ingresos inferiores a los necesarios para comprar una canasta básica de alimentos (CBA). Si se supone además que la pobreza en áreas geográficas no cubiertas por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) es aún mayor que la registrada en las áreas urbanas incluidas en los relevamientos regulares de la EPH, esto equivale a aproximadamente 7,2 millones de niñas, niños y adolescentes con pobreza monetaria total y a aproximadamente 2,4 millones con pobreza monetaria extrema”. Lapidario. Un ensayo que hizo el mismo organismo internacional indica que las cifras para este año van a aumentar considerablemente. Se calcula que el 70 por ciento de los niños, niñas y adolescentes menores de 18 años viven hoy en hogares donde no logran cubrir la canasta básica.
Pero supongamos que Milei avanza con esta idea. Bajo la moda “déficit cero” el Gobierno Nacional achicó presupuesto sin reparar en consecuencias. Hay enfermos oncológicos que no están recibiendo ayuda, hay programas nacionales de salud, educación o seguridad que se quedaron sin financiamiento, las provincias se tienen que hacer cargo de muchos de ellos porque la plata no llegó nunca más. Además están echando (y disfrutando de hacerlo) empleados del Estado Nacional. La pregunta es, ¿qué va hacer el Estado con esos chicos una vez que estén encerrados? Hoy la estructura estatal vinculada a la seguridad está colapsada. Es decir, si la idea es meterlos presos ya sea en lugares distintos a los que albergan mayores o en sitios comunes, lo que sería una barbaridad total, ¿ahí termina la intervención estatal o se va a destinar presupuesto y gente para trabajar con ellos? Y si es así, ¿por qué no se hace ahora? Son muchas preguntas que no tienen respuesta todavía y es muy probable que nadie las tenga. La decisión de encerrar chicos de 14 años choca de frente con la “motosierra” que propone Milei.
Pero las brillantes ideas libertarias parece que no terminan ahí. El presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Martín Menem, negó en San Juan que el proyecto para que los chicos a los 13 años puedan votar vaya a aprobarse, pero hay algunos colegas suyos que lo impulsan. Casualmente o no, es un sector que comulga con el León. Es decir, si esta idea prosperara, a vuelo de pájaro se puede decir que los salieris de Milei podrían beneficiarse con algunos de esos votos que hoy no tienen. Para que se tome dimensión justa. La última elección legislativa en San Juan fue ganada por el peronismo con el apoyo del 43,58 por ciento de los sanjuaninos (179.000 sufragios) contra el 42,14 por ciento del orreguismo (173.069 boletas). Es decir, la elección la definieron 5.931 papelitos. Hay más de 67.000 sanjuaninos que tienen entre 10 y 14 años, una cantidad suficiente para definir una elección cualquiera. Lo mismo puede pasar a nivel nacional, ya que en este país viven más de 3.652.000 jóvenes entre 10 y 14 años.
Es muy probable que los caprichos de la política nacional no dejen que Milei avance en la edad de votar, pero todo puede pasar si es que, por ejemplo, el León logra mayor apoyo legislativo en la contienda del año que viene. Cualquier sondeo indica que los votantes del Presidente están de acuerdo en bajar la edad de imputabilidad o hacer votar a niños de 13 años. Milei hoy no tiene asegurado ni siquiera el quórum para iniciar una sesión, y mucho menos con la amenaza que sufrió desde el macrismo hace un par de días.
Según medios nacionales, Macri había acordado que el sector de Bullrich condujera la Asamblea del Pro, el organismo partidario que define alianzas electorales. En una reunión el jueves, el expresidente puso a un diputado de su confianza quien, a su vez, lanzó una fuerte advertencia/amenaza a la Libertad Avanza al recordar que sin el apoyo legislativo del Pro, el Gobierno corre peligro. Tremendo. La maniobra macrista implicó el quiebre definitivo (parece) entre Bullrich y Macri. Patricia ya se calzó la camiseta del León y parece que no la dejará. Si bien Milei se queda con Patricia, hay que ver qué queda del Pro, dividido por los caprichos de Macri, quien renunció a la candidatura el año pasado, pero que evidentemente quiere seguir conduciendo sin el volante. Una locura que puede provocar una bomba atómica política. También habrá que esperar a que Milei se dé cuenta que Bullrich sin el Pro es muy poco. La Ministra está sola y eso es peligroso para ella. Nunca el León dijo que Bullrich es la mejor Ministra de Seguridad, como ya hizo con otros funcionarios en otras áreas. Todo está a resolverse.
Del otro lado también es un lío total. Axel Kicilof y Máximo Kirchner tienen al peronismo partido en 20 pedazos. Sergio Massa fue señalado hace pocos días por el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, como el autor de ciertos movimientos destituyentes. Es probable que así sea. Cristina Fernández solo se divierte en redes pero no manda ni ordena. Es decir, todo es un lío que parece no tener solución al menos en el corto plazo.
En ese contexto político partidario, con la pobreza en cifras históricas por altas, con la educación por el piso y la seguridad a punto de explotar, el Gobierno propone bajar la edad de imputabilidad de los menores. Mínimo hay que decir que no es el momento. Las copias nunca fueron buenas.