OPINIÓN
Género, mala praxis política, una excusa perfecta para los violentos y un bonus track
Muchos saben que San Juan es pionera en derechos políticos de las mujeres, aunque quizás bien vale la pena recordarlo y mucho más en el escandaloso contexto de violencia y política que se vive hoy: en esta provincia las mujeres pudieron votar antes que en cualquier otra, estas tierras parieron a la primera mujer a cargo de un municipio; y también a Emar Acosta, quien inauguró la presencia femenina en el parlamento local, en los tres casos la innovación abarcó a toda Latinoamérica, nada más y nada menos. San Juan, según el historiador Felipe Pigna (revista Viva, junio de 2023), tuvo el privilegio de sancionar la primera experiencia de “constitucionalismo social” que se plasmó en la reforma Constitucional de 1927, que le daría marco al mencionado voto femenino en 1928.
En esa misma publicación, Pigna describe de manera muy generosa al gobernador Federico Cantoni quien, “…produjo profundos cambios en su provincia poniendo el acento en la mejora de las condiciones laborales, sociales y jurídicas de los sectores más postergados de la sociedad a partir de la aplicación de un sistema impositivo progresivo que le cobraba más a los que más tenían, luchando duramente contra los poderes económicos locales”. Ese lugar tenía San Juan a comienzos del Siglo XX en materia de políticas y derechos para los menos protegidos. Por supuesto que todo cambió. Si se toman debates bastante más recientes vinculados a políticas para corregir asimetrías sociales, la provincia se volvió conservadora, o al menos mucho más que en el momento en el que se discutió el voto femenino.
El Matrimonio Igualitario, sancionado en 2010 por el Congreso de la Nación fue rechazado por casi todos los diputados nacionales por San Juan: Graciela Caselles (Bloquismo), Mauricio Ibarra (PJ), Daniel Tomas (PJ) y Margarita Ferrá de Bartol (PJ). Juan Carlos Gioja (PJ) figura ausente en la votación y Ruperto Godoy (PJ) fue el único que apoyó la norma. En Senadores, la victoria del “No” fue contundente también: César Gioja (PJ) y Roberto Basualdo (Cambiemos) rechazaron el proyecto, en tanto que Marina Riofrío figura ausente en los registros del Poder Legislativo nacional. En 2020 el Congreso, luego de un par de intentos fallidos, aprobó la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), norma pedida por muchos colectivos de mujeres que reclamaban que el Estado se hiciera cargo de las muertes por abortos ilegales y le diera tratamiento a un flagelo mundial. En ese debate, el único que votó a favor de los seis representantes por San Juan fue el joven diputado nacional Francisco Guevara (PJ). El resto, Walberto Allende (PJ), Graciela Caselles (PB), José Luis Gioja (PJ) y el hoy gobernador Marcelo Orrego (JxC) eligieron el rechazo. Eduardo Cáceres (JxC) no estuvo en la votación, o al menos así quedó asentado. En Senadores San Juan tuvo el raro privilegio de que los tres representantes se alinearan por el no: Rubén Uñac (PJ), Cristina López (PJ) y Roberto Basualdo (Cambiemos). Fue la segunda provincia, junto a Santiago del Estero, que logró uniformidad de pensamiento en los tres representantes y todos por el rechazo. Es decir, San Juan no acompañó los grandes cambios sociales (para bien o para mal) que se discutieron en los últimos 20 años.
Que semejantes proyectos hayan tenido solo dos votos positivos entre 18, obliga alguna conclusión que no puede ser otra que admitir que San Juan tiene más conservadores que progresistas, y se nota mucho más en temas que involucran la protección de las mujeres. El peronismo sanjuanino, y seguramente el nacional y el de muchas otras provincias, eligió la manera conservadora de tomar este tema, protegiendo primero al varón en lugar de otorgarle garantías a la denunciante. Al comienzo cubrieron a Alberto con el silencio y dejaron un mensaje horrible ante la sociedad. Luego todo cambió, pero el daño ya estaba hecho.
Para muestra sobra un botón: el sector de las mujeres del PJ en San Juan está conducido por Silvia Pérez, Fernanda Paredes y Marcela Monti. Habían voces (nadie quiso revelar nombres propios) de varones dentro del Justicialismo sanjuanino que no querían quedar como la primera provincia que le “pegara al muerto en el piso” (frecuente frase de la política argentina, que refiere a que no es bueno golpear a un adversario que ya no tiene cómo defenderse) y por eso demoraron en hablar. La idea era emitir un comunicado condenando lo ocurrido pero luego de que lo hiciera el PJ nacional o que se expidiera públicamente Cristina Fernández, quien recién el viernes al mediodía publicó algo en sus redes sociales. El comunicado local se filtró antes que el nacional. Alguien se adelantó.
Párrafo aparte para la valiente intendenta de Caucete, Romina Rosas, quien desoyendo consejos, se animó a calzarse las armas y a pelear un lugar en la conducción de PJ, que finalmente no logró. No solamente eso, también desafió mandos superiores y en una entrevista radial esta semana, mucho antes del comunicado local, le reclamó al peronismo sanjuanino una posición pública por el tema. No así el próximo presidente peronista, Juan Carlos Quiroga Moyano, quien desapareció de los medios, yo calculo, sin inteligencia suficiente para esbozar palabra ante tremenda batahola.
Pero para volver a lo profundo del tema, el primer error del peronismo es su notorio y profeso conservadurismo, y el segundo es que todavía están haciendo política para adentro sin tener en cuenta la opinión del resto de la comunidad, que cada vez rechaza más todo lo que tenga olor a ese movimiento. El tropiezo peroncho, desde la mirada de la politiquería, no es apañar a Alberto, es seguir hablándole a los mismos dirigentes. Considerar que ahí están los votos. Contener a ese público solamente. El peronismo despierta vergüenza hacia afuera, no hacia adentro. Es ahí donde tienen que apuntar.
Hay un avance tan fuerte de los que no quieren al peronismo que hasta da miedo. Muchos críticos, que no son todos políticos, aprovecharon este drama de Fabiola Yáñez para ensañarse con todo el movimiento. Frases como “son todos iguales” o “los peronistas cubrieron lo que hacía Alberto”, y otras similares se escuchan en los medios y pululan con mucha frecuencia en redes sociales. Es natural, el contrincante pega donde duele para provocar mayor cantidad de heridas. No es todo el peronismo. No es toda la política. Es Alberto y algún que otro que sabía y eligió callar. Son cuatro o 100, pero no es el peronismo. Ese rival, que hoy se llama Javier Milei, apunta a lo profundo y es peligroso. Por estas horas es el gran ganador, sin haber movido un solo dedo, de toda esta maraña de escándalos y errores políticos que envuelven hoy a la oposición nacional. Si todo va como hasta ahora, y no se ve ningún cambio en el horizonte cercano, Milei ya ganó las elecciones del año que viene, incluso gobernando muy mal y sin nada que mostrar más que números en una planilla de cálculo. Solo le hace falta reiterar que el peronismo cubrió a un golpeador para sepultar a su rival. El daño de la causa de Alberto no es medible hoy, pero es como un gran tsunami que va creciendo a medida que se acerca a tierra.
El mileísmo (si existe tal palabra) eligió la inversión en el Ministerio Nacional de Mujeres, géneros y diversidades de la gestión anterior como mascarón de proa para grabar a fuego en la cabeza de los ciudadanos que Alberto y el peronismo usaron las banderas de la opresión femenina para engordar el Estado y meter militantes en él. Que ninguna de esas acciones a favor de las mujeres sirvió, simplemente porque todo estaba conducido por un golpeador.
Es muy evidente que Alberto, ahora lo conocemos, utilizó esa lucha y a las personas que se enamoran de esas causas para hacer política. Pero también es seguro que Milei está aprovechando el momento para no atender necesidades que existen, y que quedaron plasmadas en los diversos reclamos de colectivos de mujeres, quienes hoy son testigos mudos de cómo se manipulan y ensucian logros de décadas de luchas, incluso en las calles. Los logros no son de los políticos, son de las personas que sufren violencia y eligen no callar, son de quienes durmieron en la calle muchas veces para presionar.
No hay que olvidarse que el que gobierna es Milei, no el peronismo. Los extremos que usa el Presidente son tan dañinos como los que usó el kirchnerismo. En el medio de este debate, las mujeres siguen ganando menos que los hombres, la tasa de femicidios es de las más altas del mundo y los derechos de las mujeres no avanzan con el ritmo que la época manda; incluso se retrocede. Hoy todo se mira de manera electoral, sencillamente porque Milei no tiene partido que lo defienda. Milei depende de la simpatía de quien lo mira, similar a un conductor de televisión. Si la mayoría de la gente prefiere no darle más derechos a las mujeres, por ejemplo, habrá entonces un Gobierno que diga y haga eso. Existe un Gobierno que solamente hace lo que las encuestas le dicen. Hay un contador en lugar de un Presidente. Si no es con el Ministerio de las Mujeres, que Milei diga con qué ayudamos. Qué va hacer con las miles que siguen muriendo. No hay propuestas. De eso también se le puede echar la culpa a Alberto, a Cristina y a todo el peronismo, que no pudo superar sus internas, apoyó a Milei para ganarle al macrismo y ahora no se hace cargo de lo que parió. En resumen, la sociedad vuelve a perder.
Una de politiquería varonil sanjuanina
En los pasillos de la casona de calle 25 de Mayo hacen intentos sobre humanos para frenar diputados justicialistas que quieren apoyar la adhesión sanjuanina al RIGI, propuesta por el gobernador Orrego que se vota este jueves. No hay “libertad de acción”, dijo un encumbrado ayer respondiendo a versiones periodísticas. La posición del peronismo es no apoyar, dejó en claro el mismo personaje que pidió proteger su nombre bajo siete llaves. Pero hay cinco que parecen no haber escuchado la indicación: Eduardo Cabello, Jorge Castañeda, Omar Ortiz, Cristina López y Pedro Enrique Albagli. Los últimos dos, conducidos políticamente por el intendente albardonero Juan Carlos Abarca. En el uñaquismo confían en voltear la voluntad de Castañeda y de Ortiz, pero dan por perdidos al resto. “Castañeda necesita una mano”, bromeó otro dirigente de largas luchas en el Justicialismo, y aduciendo a las denuncias que le hizo al actual diputado su predecesor, Sebastián Carbajal, por supuestos malos manejos en el municipio calingastino.