OPINIÓN
Milei debe aguantar los trapos y no vetar
Otra vez el debate en Argentina no pasa por lo importante. La política se las arregla para renovar casi a conveniencia los titulares de los noticieros: en solamente diez días la agenda cabalgó entre el affaire Alberto, la diputada con (o falta de) patitos en la cabeza y su reunión con represores, el intento de meter a un ultra denunciado en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el manoseo con las jubilaciones, los 100 mil millones de pesos para la SIDE, el coscorrón de Javier Mieli a Mauricio Macri y, finalmente, la confirmación del noviazgo del Presidente con la actriz, modelo, o lo que sea que haga por estos días la sexagenaria Amalia "Yuyito" González.
A la par de todos esos titulares, también se conoció un informe de la consultora ExQuanti sobre la miseria argentina. Este trabajo asegura que el 70,6 de los jóvenes de 0 a 17 años está por debajo de la línea de pobreza, y que casi el 31 por ciento es indigente. Para abofetear al lector, clarificar, o ambas cosas, estar bajo la línea de pobreza implica no poder satisfacer necesidades básicas como la alimentación diaria, la vivienda, la educación, el acceso a agua potable, entre otras.
La indigencia, en cambio, es mucho peor y el documento de ExQuanti refiere a que casi un tercio de los jóvenes en el país, aun cuando sus familias o cuidadores destinaran todos sus ingresos a la satisfacción de las necesidades alimentarias, no lograrían satisfacerlas adecuadamente. Es decir, el 30,9 por ciento de los chicos no tienen ni para comer. El contraste es verdaderamente insultante.
Entre todos esos temas de portada de diario el de los jubilados es, quizás, el que condensa las mayores miserias del gobierno y también de la oposición, que busca hacer demagogia y aprovecharse. Se calcula que cerca del 70 por ciento del total de personas que tienen una jubilación cobran 225.000 pesos al mes, más el bono de 70.000, que si el gobierno nacional quiere, lo baja sin dar mayor explicación. Con la nueva movilidad jubilatoria, la que aprobó el Congreso el otro día y que seguramente Milei intentará anular con un veto, el haber mínimo se iría a 310.000 pesos aproximadamente más el bono, si es que es menester de los libertarios darle continuidad. Pero los jubilados ya han sufrido recortes en estos meses. Un informe periodístico del diario Clarín de junio de este año indica que el PAMI, la obra social de los jubilados, recortó de la cobertura gratuita para los pasivos, 27 fármacos y 340 presentaciones de medicamentos. Ese achicamiento no es el primero, porque en abril de este año el Gobierno Nacional ya había iniciado una movida parecida. ¿El argumento? Que son medicamentos poco utilizados.
Entre el quite de recursos y el incremento de los servicios públicos, los sectores más vulnerables son los que sufrieron el impacto más grande de la motosierra mileísta, y para semejante afirmación, están los números. En el presupuesto nacional hay un ítem que se llama “Prestaciones a la seguridad social” y en él están comprendidos los pagos a jubilaciones, pensiones y otras asignaciones. Esas obligaciones significaron el 40,4% del gasto primario total, que es “el gasto más importante del Estado nacional”, según el sitio Chequeado.com. Solamente en el primer trimestre de este año, “estas erogaciones cayeron un 35,5% en términos reales. Si sólo se cuenta el pago de jubilaciones y pensiones, la caída es del 37,6%”, asegura una nota de Chequeado publicada a comienzos de este año.
Pero todavía hay más: se cree que los subsidios energéticos disminuyeron casi al cincuenta por ciento al pasar del 8,6 por ciento de los gastos primarios en el primer trimestre de 2023 al 4,4 por ciento en igual período este año. Las transferencias a las empresas que distribuyen electricidad y gas, se rebajaron 70 y 60 por ciento respectivamente. Es decir, el achique es brutal, y todos esos recursos que no pone el gobierno nacional los tiene que sacar la gente de sus bolsillos. Lo mismo pasa con las administraciones provinciales, que sufrieron un recorte del 62 por ciento. Ni que hablar de los subsidios al transporte.
Esas decisiones se tomaron para lograr el tan publicitado equilibrio fiscal, que el gobierno dice que logró en tiempo récord. El problema no es el equilibrio, que es necesario, el problema es que el Gobierno Nacional no está tomando como prioridad dos máximas importantes: que el costo social no sea exageradamente alto y que sea perdurable en el tiempo. De nada sirve festejar el equilibrio fiscal cada mes, cuando para ser serios hay que demostrar que es una variable permanente.
Sabiendo esto, el peronismo promueve una modificación a la movilidad jubilatoria con el solo objetivo de exponer a Milei y sus aliados a un veto. No es que el peronismo, que ya suspendió la movilidad jubilatoria un año mientras Alberto Fernández estaba en el poder, esté preocupado por los jubilados. En realidad encontraron un nicho donde lastimar y, más que a nadie, a algunos socios de Milei. El Presidente no tiene ningún problema en exponerse a una medida antipopular como sería evitar que los jubilados ganen más, vetando lo que el Congreso aprobó hace unos días. El daño podría recaer en quienes deban apoyar al mandatario sin el nivel de popularidad que ostenta el libertario. Los gobernadores, por ejemplo, deberán instruir a sus legisladores para refrendar el veto de Milei si es que ocurre, o para rechazarlo y dejar la norma como se aprobó.
En el caso de San Juan habrá que estar muy atentos a la votación que hagan las legisladoras Nancy Picón y María de los Ángeles Moreno, que responden al mandatario provincial. Es probable que la mejor salida para este laberinto esté en que el Presidente no obligue a los gobernadores a opinar y se coma él todo el impacto de dejar que la norma corra, porque algunos mandatarios provinciales no la están pasando bien. No es el caso de Orrego, que todavía goza de buena aceptación popular. Si Milei no veta, quizás el tema pasa, pero si lo hace, expondrá a toda la política argentina a un Boca-River por los jubilados. Hoy ni siquiera hay un rival político que se gane los porotos de esa derrota política. Todavía la opinión pública cree que es “la oposición”, sin nombre propio que sobresalga y capitalice en votos esa movida. Todavía hay tiempo.
La pobreza es cada vez más fuerte y la discusión cada vez se aleja más de ella. Si no hay discusión, mucho menos habrá solución.