FÚTBOL
Cómo hizo Chiqui Tapia para ser el Grondona contemporáneo y sobreponerse a cada gobierno nacional que lo quiso bajar
En tiempos de series televisivas biográficas de diversos personajes, bien podría ser una futura la protagonizada por Claudio Fabián Tapia. Es que Chiqui, de actuales 57 años, cuenta con una trayectoria dentro y fuera del ámbito del fútbol, para contar y digna de un buen guion de Hollywood. Basta con decir que cuando llegó junto a su familia a Buenos Aires de pequeño, la situación económica junto a sus seres queridos era compleja, al punto que uno de sus primeros trabajos en la City porteña fue de barrendero. De ahí, a lo que se observó ayer en el predio 'Lionel Andrés Messi', en Ezeiza, el cual él decidió rebautizar dejando de lado el nombre de su propio mentor dirigencial, un tal Julio Grondona, pasó mucho en la vida del nacido en Concepción. Pero, hasta ahora, da la impresión que tuvo una capacidad similar a la del patriarca de Sarandí: salir vencedor de los embates de los gobiernos nacionales de turno. Ni Mauricio Macri, ni Alberto Fernández, y, por el momento, Javier Milei, pudieron cumplir el objetivo de correrlo del sillón principal de calle Viamonte.
El "dale campeón, dale campeón...", que atronó en la tarde del jueves en la Asamblea, que lo ungió a Tapia para su tercer mandato, que irá hasta el 2028, es apenas una muestra de lo todopoderoso que es actualmente. Es un respaldo que si tiene alguna resistencia, como la de Talleres o Estudiantes (el único club que no estuvo presente en la Asamblea), ha sido capaz de desactivarla. Basta con recordar su frase ante los dirigentes sanjuaninos en la Liga, cuando el mes pasado vino a pedirles el respaldo a la actual conducción de Juan Valiente: "En mi primera elección para llegar a la presidencia de la AFA, tuve cuatro votos en contra. En la segunda, el tema fue unánime", sentenció.
Tapia hizo su poder a partir de un vínculo familiar: como barrendero, ingresó al gremio de los Camioneros, donde conoció a la madre de sus hijos, Paola, nada menos que la hija de Hugo Moyano. Desde ahí, hábil como todo animal político, fue escalando hasta llegar a ser considerado por el propio Moyano como "un hijo más". Claro que ese vínculo tan estrecho, le costó pelearse de por vida con su excuñado Pablo, hijo mayor de Hugo. Igualmente, pese a la interna en los Moyano, Chiqui forjó su camino a la par en el mundo del fútbol y se asentó en el Club Barracas, que hoy tiene el estadio con su nombre. Desde esa humilde institución de la Primera C por entonces, se fue metiendo en la AFA: cualquier similitud con el crecimiento que le dio Grondona a su Arsenal, es pura coincidencia...
Llegó al mundo de la selección Argentina de la mano de Juan Carlos Crespi, histórico acompañante de las delegaciones nacionales y hombre de extrema confianza de Don Julio. Así, donde iba la albiceleste, estaba Chiqui. Cuando murió Grondona, la AFA implosionó, y Tapia supo sortear ese momento de hecatombe pegándose a los jugadores, que en ese momento, allá por el 2014, ya tenían a Lionel Messi de máxima estrella. De hecho, en una gira internacional, el propio Tapia puso a disposición su tarjeta de crédito personal para gastos que no estaban previstos dentro de los viáticos. Ese apoyo incondicional, en tiempos que las críticas a la Pulga y compañía por perder las famosas 'tres finales' arreciaban, le posibilitaron establecer el vínculo actual con el capitán. Completó la simbiosis poniéndole el nombre del rosarino al predio de Ezeiza.
Así, en el 2017, con el poder de los clubes del interior y la resistencia de buena parte de los más poderosos de Buenos Aires, Tapia llegó al poder de la AFA para, por ahora, no bajarse por un buen tiempo. A partir de ahí, se enfrentó con Mauricio Macri, presidente de ese momento del país, quien buscaba colocar a Daniel Angelici de mandamás. Pero, Chiqui demostró su capacidad de acumular poder y aglutinó en apenas meses a los grandes detrás de él, con Moyano, por aquel tiempo presidente de Independiente, como máximo exponente. Macri, que ya tenía una crisis económica importante que lo sacaría del poder en 2019, entendió que había perdido la batalla.
Luego, sería el momento del balotaje que consagró a Alberto Fernández como el nuevo presidente. Y pese a su vínculo siempre cercano al peronismo, Tapia nuevamente enfrentó un embate desde la Casa Rosada. El mandatario le cuestionó manejos no tan claros de dinero y licitaciones extrañas, entre otras cosas. Le llegaron a decir que "tenía los días contados". Aunque Tapia tuvo la cuota de fortuna que siempre es necesaria: Argentina salió campeona de América en Brasil en el 2021 y entonces su foto abrazado, llorando, junto a Messi, dejó los planes de Fernández para otro momento. No era para menos, era el final de una abstinencia de títulos en la selección Mayor de 24 años. Así, con esa vuelta olímpica fresquita y dándole la razón a su hiper cuestionada decisión de darle el cargo de entrenador de la selección a Lionel Scaloni, el fútbol argentino se encolumnó detrás de él sin ningún reparo. Y llegó lo soñado para todo un país, cuando la imagen de Maradona en el Azteca de México en 1986 empezaba a verse en tono sepia: el título mundial en 'Qatar 2022'. Otra vez, el estremecedor abrazo de Tapia y Messi: nuevamente las lágrimas del sanjuanino. Quizá por ese poder absoluto, jugó tan a fondo por Sergio Massa el año pasado en las elecciones nacionales, aunque no le salió bien: ganó Javier Milei. Desde entonces, era consciente que iba a tener otro round. La Inspección General de Justicia, el martes pasado le indicó que la Asamblea del jueves no debía hacerse. Tapia encontró en una sentencia de un juez que nadie le conoce su cara el artilugio, para hacerla igual. Y, como se sabía, obtuvo la re-reelección por aclamación con el ya célebre "dale campeón, dale campeón...". Porque como decía Don Julio, todo pasa...y Tapia lo sabe muy bien aplicar.