2025-03-29

OPINIÓN

Del “Feliz 24 de marzo” al “Dame tres Falcon que lo resuelvo”, en la era de la verdad que eligen los violentos

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Una familia con niños caminaba por calle Defensa, en la majestuosa Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pasadas las 17 del lunes pasado. Esa arteria era, probablemente, la única por la que había alguna chance de llegar a la Plaza de Mayo, debido a la grandísima concurrencia popular por el aniversario del Golpe de Estado que inició formalmente el 24 de marzo de 1976. Los niños de esa familia de la calle Defensa, a la par de forcejear para avanzar, intentaban entonar distintas estrofas de varios cantos populares, hasta que alguien gritó un nombre propio, y todos respondieron “¡Presente!”. Los niños preguntaron, los padres explicaron: “Son los nombres de las personas que mató la Dictadura”. Al próximo nombre la voz finita de esos niños se unió al resto y todo sonó mucho más fuerte, más categórico. La piel se erizó. A pesar de que la fecha es de tristeza absoluta porque se recuerda el terrorismo ejercido por el Estado contra sus ciudadanos y la violenta llegada al poder de cuatro o cinco, el rostro de una buena parte de la gente que estaba en ese lugar, era de satisfacción, de comunidad, de sentirse protegidos. O quizás es lo que yo percibí. Muy probablemente ese estado de beneplácito generalizado tenía que ver con la grandísima convocatoria popular, que en definitiva es una respuesta al negacionismo y al combate contra las políticas estatales de derechos humanos, que ejerce la gestión del presidente Javier Milei, especialmente en lo relacionado a las consecuencias de la última dictadura militar, heridas que aún subyacen en la sociedad.

También hubo movilización política. La CGT se había apostado al costado del Cabildo, en la intersección de Hipólito Yrigoyen y Bolívar, donde nace la avenida Julio Argentino Roca. Más atrás, había una bandera gigante de UPCN, y otra de la UOM cien o ciento cincuenta metros hacia 9 de Julio. Hubo grupos de izquierda, asociaciones estudiantiles, la JP, La Cámpora. Incluso en algún momento pensé en disturbios, ya que todo mundo sabe que en la oposición las cosas están un poco peor que en el oficialismo, y cuando eso ocurre a veces hay encontronazos callejeros. Además de que no había ni un policía, ya que el protocolo de Patricia Bullrich había sido desactivado para evitar disturbios en una fecha sensible. No vi ni una pelea. También hubo algún que otro camión con gente y colectivos, seguramente pagados por uno o varios intendentes peronistas de la provincia de Buenos Aires. Hubo de eso también, pero más que nada había gente conmovida, lo que no quiere decir que los militantes o los gremialistas tengan prohibido conmoverse o movilizarse. Para qué ser parte de una organización política, sea de la naturaleza que sea, si no es para expresarse. Allí estaban todos, o casi todos.

Párrafo aparte: la mayoría de las críticas se las llevaba Milei, pero la que más euforia negativa provocaba, al menos en esa marcha, era la Ministra de Seguridad. La gente criticó con fuerza al Presidente, pero más enojada estaba con Bullrich y su represión.

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La teoría de los dos demonios que viene poniendo en agenda el Gobierno Nacional, especialmente en la figura de la vicepresidenta Victoria Virrarruel, hoy lejos del círculo íntimo del mandatario nacional, es la herramienta principal para pelear contra la apropiación política que hizo el kirchnerismo de los reclamos de familiares de víctimas de la última dictadura. Esa apropiación política no es ilegítima; electoralmente conveniente, pero no ilegítima. Y es una herramienta que las organizaciones de derechos humanos le otorgaron al kirchnerismo. Es algo que pudo haber pasado en gobiernos anteriores, pero que quienes ejercieron el poder en esos años previos a Néstor Kirchner eligieron no hacerlo. Como el peronismo, y más que nada el kirchnerismo, ya tiene esos votos, la Libertad Avanza bucea en la otra pecera, en la de quienes prefieren el negoacionismo, en los que evitan aceptar que hubo terrorismo de Estado, quienes prefieren el orden del cementerio, de los que educan con represión, de los que prefieren no exponer los problemas, de quienes eligen lo individual por sobre lo colectivo que, en definitiva, es la raíz de todos los males. Sí, todo se trata de votos. De un lado y del otro. La diferencia está dada en una obviedad: ganar votos negando la verdad o poniéndola en agenda; siendo Estado o favoreciendo a pocos y terminando con él.

La teoría de los dos demonios es la que pretende poner en igualdad de condiciones a los represores, que ejercían el monopolio de la fuerza pública, con las guerrillas que nacieron a partir de la represión del Estado, incluso antes del inicio de la última dictadura. Esa hipótesis es esbozada por quienes quieren fijar la idea de que en la Argentina hubo una especie de guerra civil, lo que en la práctica es un error. Un civil no calza uniforme militar. Fue una lucha desigual. A la luz del orden democrático, de ambos bandos se cometieron atrocidades. El problema es que no había orden democrático, porque la democracia fue pisoteada por quienes asumieron el poder por la fuerza. Ese supuesto, entonces, es falso al menos en este caso. No se puede justificar la violencia en ningún caso, es verdad, pero ¿cómo se pelea con tipos armados y pagos por los impuestos de todos que secuestraban y mataban a quienes reclamaban elecciones democráticas?

Lamentablemente Argentina es parte de los países donde la derecha económica y política está teniendo éxito popular. Eso envalentona a quienes piensan más o menos parecido, o simplemente tienen odio hacia quienes opinan distinto. Un ejemplo un poco más decidor: al ganar Donald Trump las elecciones en Estados Unidos, empezaron aparecer esvásticas en varias partes del mundo. No antes, luego de que Trump sellara su triunfo. Todo eso cala en la cabeza de los jóvenes, de los que no tienen mucha información, o simplemente en quienes piensan así.

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En San Juan hubo un par de ejemplos claros en las últimas semanas sobre este envalentonamiento represor. Primero fue el dirigente y empresario Sergio Vallejos, quien publicó un “Feliz 24 de marzo”, justamente el 24 de marzo, con una imagen del Che Guevara tachada. Se puede opinar distinto sobre lo ocurrido a partir del 24 de marzo e incluso del Che, lo que no se puede hacer es “festejar” la muerte de miles de personas, celebrar el inicio de una de las épocas más oscuras que recuerde el país; de un lado o del otro. Con pocos o muchos votos Vallejos es un líder de opinión, es alguien a quien otro puede seguir, y debería saber que no todo se puede usar para hacer política.

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El segundo ejemplo lo protagonizó el secretario de Gobierno de la Municipalidad de Sarmiento, Juan Femenía. El joven publicó en sus redes una foto de Jorge Rafael Videla con tres de sus dedos extendidos y la leyenda “Dame tres Falcon que lo resuelvo”. Lamentable. Para colmo, luego posteó una suerte de arrepentimiento y habló de “error”. Un error es confundir el nombre de Videla o hablar de tres cuando eran cuatro dedos, o alguna nimiedad similar. Lo que en realidad exhibe el funcionario municipal en la segunda publicación, es su cobardía, su miedo a las consecuencias políticas y la sumisión a algún reclamo de alguien superior. Femenía es funcionario del intendente Alfredo Mario Castro López, un empresario devenido político que buscó gente sin experiencia para la función pública, lo que en la práctica no está nada mal, mucho menos en estas épocas de fuertes críticas a los políticos. Castro debería echar al joven Femenía si pensara distinto a su funcionario, porque acá no se habla de divergencias en opiniones sobre el modo que se ejerce la función pública, sobre peronismo o mileísmo, o Boca y River. Acá están en juego cuestiones fundacionales como estar de acuerdo o no con el terrorismo de Estado. Femenía está de acuerdo.

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El tirón de orejas, en el caso de los sarmientinos, vino por la Casa de Gobierno, ya que ese municipio es dominado por un aliado. Al gobernador Marcelo Orrego no le gustan las estridencias y mucho menos las vinculadas a temas tan sensibles. Probablemente la cobardía de Femenía y el intendente Castro respondan a un airado reclamo del Gobernador o de alguno de sus cercanos. Ya sabemos, entonces, que en la municipalidad de Sarmiento muy valientes no son cuando se tienen que enfrentar al poder real. Es más fácil en una red social. Insisto, Castro debe echar a Femenía, o todos pensaremos que ambos defienden el terrorismo de Estado, la muerte por pensar distinto. Una locura que, por qué no, merecería quizás hasta la intervención de algún fiscal.

En definitiva, sería bueno en algún momento que los políticos se dieran cuenta que no se puede jugar con cualquier cosa. Que lo ocurrido en las dictaduras militares, no solo la última, no tiene que repetirse, por más que haya gente que lo reclame o lo considere positivo. Lamentablemente hay mucha gente que reclama la vuelta de los militares, y afortunadamente hay mucha que piensa primero en el otro.

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