2025-07-22

Análisis

Apoyado en los refuerzos y con otra identidad de juego, San Martín vuelve a ilusionarse en el complicado camino para quedarse en Primera

Con un sorprendente Salle, la categoría de Maestro Puch y un contundente Tijanovich el Verdinegro encontró la receta para ser protagonista en su cancha. Le falta pulir el trabajo defensivo. Pero con poco muestra que tiene con qué. La clave estará en la constancia.

Ignacio Maestro Puch conduce y abre a la izquierda para que un centro al segundo palo lo encuentre a Santiago Salle llegando en otra explosiva carrera. Así fue el tercer gol de San Martín ante Riestra en la victoria por 3-2 de este lunes en San Juan. Y así fue el partido del Verdinegro. Los exIndependiente que arribaron a Concepción, para reforzar a un equipo que venía de un pálido primer semestre, mostraron la jerarquía que tienen a sus escasos 21 años.


Lo de Salle fue descomunal: jugó de volante derecho siendo lateral, la descosió por toda la banda, con un aporte físico y técnico que lo colocaron como figura del encuentro y mereciendo, por lo menos, un 9 en su calificación. Un acierto, también, del “Pipi” Leandro Romagnoli al adelantarlo en el campo de juego. Una apuesta que salió bien, quizás pensando, en la previa, en las urgencias que condicionan a uno de los más débiles equipos de la máxima categoría.  

 
Respira el Verdinegro. Ganó en su primer partido como local en la segunda fecha del Torneo Clausura de la Liga Profesional y cambió la cara. En el Apertura solo había podido cantar victoria en dos choques: ante Belgrano y Godoy Cruz. La última vez que hizo tres goles había sido ante el Pirata.


El DT prefirió no colocar un 9 tradicional (tanto Federico Anselmo como Franco Toloza, con poco gol, arrancaron en el banco) y se inclinó por dos delanteros con más vocación de ir por afuera: Maestro Puch y Tomás Fernández alternaron para ir por el centro y abrirse para asistir.


En el comienzo Riestra, que presentó un esquema 5-4-1, apareció, sin embargo, más adelantado. Pero San Martín supo emparejar el juego saliendo de la presión que intentaba imprimir el rival. El Pipi continuó con su clásico 4-4-2, apostado por la subida de los extremos. Sobre todo Salle desbordó todo el partido por el sector derecho y fue incontenible para los defensores del Malevo. Por izquierda, Horacio Tijanovich, que ya venía mostrando una mejoría en el rendimiento en este comienzo de semestre, también fue una carta en ataque y se animó a cerrarse y tocar con los volantes centrales.


Sin demasiado vértigo, pero apostando a toques cortos (aunque por momentos con algunas imprecisiones) para llegar al arco visitante, los de Concepción mostraron un juego colectivo más pulido. San Martín no se apuró en controlar el partido. Esa paciencia lo llevó a encontrar los caminos para complicar a un duro rival, que pareciera tener una licencia especial para pegar.
Con los delanteros marcados en el área, Tijanovich empezó a ser la carta de ataque. En el primer tiempo quedó solo con el arquero pero tardó en darse vuelta para rematar. A los pocos minutos entró al área, aprovechó la cortina de Maestro Puch y mandó a la red un centro preciso de Salle. En el segundo tiempo burló a Ignacio Arce en el penal, colocando la pelota a la izquierda mientras el singular arquero se tiraba hacia el otro palo. Después salió de la cancha con una molestia, siendo reemplazado por Marco Iacobellis, quien más tarde le sirvió el centro a Salle para el tercero.


En los goles rivales hubo mala fortuna de la última línea verdinegra. En el primer tiempo, el remate de Milton Céliz rebotó en Rodrígo Cáseres y descolocó a Matías Borgogno. Mientras que en la segunda anotación hubo un increíble error del arquero cordobés, que salió mal, rechazó a medias con los puños dejando la pelota en el corazón del área y el ingresado Gabriel Obredor facturó. Borgogno, quien fue la figura del equipo en el Torneo Apertura, tuvo distracciones que costaron caro en la derrota por Copa Argentina ante Racing y en la primera fecha del Clausura en la visita a Atlético Tucumán. El exVélez necesita recuperar la confianza y, sobre todo, lograr mejor pericia a la hora de salir a cortar los centros rivales.


En la conferencia de prensa posterior al partido, Romagnoli reconoció que necesita trabajar más en la defensa, para evitar ciertos desacoples que en Primera División los oponentes no perdonan.


En el medio, Diego González tuvo algunas imprecisiones pero siempre fue el referente que empujó a sus compañeros para que fueran a buscar la victoria. Nicolás Watson completó esa dupla central con el sacrificio acostumbrado para correr todas y evitar que el Malevo gane la pulseada en la zona de creación.


Cerca del final, el Pipi sacó a los dos delanteros y puso al volante Sebastián Jaurena y a Toloza, para jugar con un solo punta. Pero Riestra empezó a poner contra las cuerdas al local. Entonces, rápidamente, y ante la lesión del “Pulpo” González, el DT decidió meter a Anselmo para impedir la subida de los defensores visitantes y buscar, ahora sí con dos 9 clásicos, liquidar el pleito. Pero eso no ocurrió y el equipo no podía salir del asedio de los dirigidos por Gustavo Benítez. Por eso, Romagnoli sacó a Lucas Diarte y refrescó el lateral izquierdo con otro refuerzo: Matías Orihuela. El árbitro Darío Herrera adicionó siete minutos, que fueron eternos. 


Con el silbatazo final explotó de alegría el estadio Hilario Sánchez y los hinchas, que en un momento habían vuelto a pedirle a los jugadores que “pusieran” un poco más, terminaron cantando que el Verdinegro “de Primera no se va”.
El Pipi destacó ante los periodistas el juego de los refuerzos y reveló que conversa con la dirigencia pensando en incorporar alguno más. Salle fue elegido figura y Maestro Puch, que tuvo muy pocos entrenamientos, no decepcionó como titular.  

 
A San Martín no le sobra nada y sabe que correrá en pendiente, peleando hasta el final con el descenso respirándole en la nuca. Aunque si logra mejorar en defensa y mantiene el juego asociado y paciente en los últimos metros de la cancha, la ilusión de los hinchas tendrá fundamentos sólidos. Si hay constancia habrá alimento para ese sueño de Primera.

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