Cultura
Eugenio Zanetti, director de Pagliacci, sueña con filmar en secreto una película en el Teatro del Bicentenario
En el marco del noveno aniversario del Teatro del Bicentenario, llegó a San Juan un reconocido director de arte, ganador de un premio Oscar y referente del cine mundial: Eugenio Zanetti. En una entrevista con 0264 Noticias repasó momentos clave de su trayectoria y confesó que le gustaría filmar en secreto una película en el teatro durante su estadía.
El maestro está en la provincia para dirigir Pagliacci, una de las obras más emblemáticas del repertorio lírico. Allí trabajó con 200 artistas y desplegó una imponente propuesta escenográfica, con un marcado estilo “cinematográfico”, tal como él mismo definió.
- ¿Cómo fue dirigir Pagliacci en el Teatro del Bicentenario de San Juan?
Bien, en estos años hemos traído varias óperas. Esta vez presentamos una obra de estreno mundial, una ópera muy importante. También hemos trabajado mucho en la formación de los talleres y soñamos con que el teatro llegue a ser autosuficiente.
- ¿Cuál fue el mayor desafío de la producción de Pagliacci?
Trabajar con 190 personas en escena, más los ocho roles principales y los seis figurantes. Cada uno debe moverse siguiendo una lógica muy precisa, acompañando, por un lado, la música y, por el otro, la realidad de ese mundo inventado.
- Eugenio nació en Córdoba, ¿qué recuerdos conserva de su infancia?
Recuerdo una casa muy antigua, en un lugar llamado Los Nogales. Ya tenía 100 años en aquella época, así que debía ser antiquísima. También recuerdo mucho a mi papá, que era poeta, y las reuniones donde la gente recitaba versos. Era una visión lírica de la realidad, y creo que eso tiene que ver con mi trabajo en la ópera.
- ¿Esas experiencias fueron una influencia para su camino artístico?
De alguna manera sí. Mi papá era muy amigo de grandes poetas de la época: Neruda, María Teresa León y muchos españoles que pasaban por mi casa. Yo creía que eso era normal. Neruda se levantaba a recitar, yo tenía 6 o 7 años, pero ya me daba cuenta de que existía un lenguaje poético que después reconocí en la ópera.
- Ha vivido en distintos lugares del mundo, pero ¿qué siente cuando vuelve a la Argentina?
Viví muchos años en Estados Unidos y varios más en Europa. No soy de extrañar; para mí todo está presente acá.
- Usted trabajó en cine y óperas. Para la gente que no está cerca del mundo artístico, ¿cómo explicaría el lenguaje de cada uno?
Linda pregunta. Creo que hago óperas cinematográficas y películas operísticas. Uno ambos mundos. Sin embargo, hay cosas que, por su naturaleza, reciben más atención que otras. Por ejemplo, cuestiones más banales como los Oscar tienen más cobertura que todo lo que podés hacer en cinco películas.
Eso instala una mirada triunfalista, como si lo importante fuese el premio, y no es así. Lo importante es el trabajo creativo.
- Desde afuera, ganar un Oscar parece algo enorme. ¿Qué significó para usted?
Te respondo al revés: la segunda vez que me nominaron no gané, y aprendí más de esa experiencia que de la vez en que sí lo obtuve. Se aprende más de lo que no se logra que de lo que se consigue.
- Si le preguntamos por el mayor desafío de su carrera, ¿qué respondería?
No puedo señalar uno solo. Hay trabajos muy complejos porque involucran a mucha gente, y la ópera es justamente así. Lo difícil es mantener la calma y tratar bien a las personas. No porque sea complicado, sino porque es lo que debe hacerse, aunque cada uno tenga sus propias luchas internas.
- ¿Qué sueños le quedan por cumplir?
Muchos se están concretando. Voy a hacer otra película, también escrita por mí, que se llama La hora mágica, con actores muy conocidos como Geraldine Chaplin y otros intérpretes con quienes ya trabajé. También vamos a reponer el año que viene Los cuentos de Hoffmann, una obra monumental.
Y quiero filmar aquí, en la escenografía que tenemos. Quiero registrar a los cantantes y hacer una película en el Teatro del Bicentenario. Pero en secreto, que lo sepa poca gente.
- ¿Por qué ese secreto? ¿Para preservar la espontaneidad?
No, porque el trabajo creativo exige que uno “mienta” un poco. Hay que hacerlo con delicadeza, porque si uno lo anuncia de golpe, no funciona.
- ¿Ese sería entonces su secreto: un trabajo fino?
No. El secreto es hacer cosas que lo inspiren y lo nutran a uno. Y otro secreto fundamental es cómo tratás a la gente. A todos los trato bien porque a mí también me gusta que me traten bien. En trabajos donde interviene tanta gente, no siempre es fácil, pero es esencial.