Cambios en la conducta escolar
"Jugar a ser therian en los recreos": la nueva moda en escuelas del Gran San Juan
En los últimos meses, una nueva tendencia comenzó a trasladarse de las redes sociales a la vida cotidiana. En distintas establecimientos escolares de la provincia, docentes adivierton que niños desde salas de 5 hasta tercer grado adoptan conductas como maullar, ladrar o desplazarse imitando a perros y gatos durante los recreos.
El fenómeno está asociado al término “therian”, una noción que ganó visibilidad en entornos digitales y que describe a jóvenes que se identifican con animales en un plano simbólico, psicológico o vivencial. A través de videos virales y comunidades online, estas prácticas comenzaron a replicarse en la vida cotidiana, generando dudas en el ámbito educativo.
En diálogo con 0264Noticias, la licenciada en Psicopedagogía, Guadalupe Domínguez, explicó que este tipo de conductas deben interpretarse desde el proceso de construcción de la identidad. “Para nosotros es un tipo de identificación, una persona que se identifica como un animal, no como un humano, por ciertas características. Pero la identificación no es física, sino interna, simbólica”, señaló.
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La especialista indicó que este fenómeno adquiere relevancia porque responde a una necesidad propia de ciertas etapas evolutivas. “Se basa en buscar la identidad, la personalidad y el grupo al cual voy a pertenecer. A través de esto, los chicos encuentran un modo de identificarse. Muchas veces aparece la idea de ‘si lo hacen todos, ¿por qué no lo hago yo?’”, explicó.
En ese sentido, remarcó que se trata de una identificación subjetiva que, en principio, no debe ser considerada como un trastorno. Sin embargo, advirtió que es fundamental observar el contexto en el que se desarrollan estas conductas. “Si este comportamiento ya no le permite a la persona llevar una vida cotidiana con normalidad, ahí es donde tenemos que empezar a prestar más atención y preguntarnos qué puede estar pasando”, sostuvo.
Respecto al ámbito escolar, Domínguez señaló algunos indicadores que pueden encender alertas. “Cuando interfiere en el rendimiento o aparecen manifestaciones conductuales que alteran la dinámica del aula, como actitudes violentas o disruptivas, es importante que los docentes estén atentos”, indicó.
Mientras la tendencia continúa expandiéndose entre los más chicos, la especialista coincide en la importancia de no estigmatizar estas conductas, pero sí acompañarlas con una mirada profesional que permita distinguir entre un juego pasajero y una posible dificultad en el desarrollo emocional o social.