2026-06-13

SAN JUAN Y UN NUEVO ANIVERSARIO

Difunta Correa: de una leyenda nacida en el desierto sanjuanino al santuario que se convirtió en símbolo de la fe popular

A 464 años de nuestra fundación, la historia de Deolinda ocupa un lugar en la identidad provincial. Entre la leyenda, la devoción y una investigación que busca determinar quién fue, el santuario de Vallecito continúa creciendo como uno de los sitios de fe más visitados y un emblema indiscutido de la cultura de San Juan.

Hablar de San Juan es también hablar del Santuario de la Difunta Correa. Su imagen rodeada de botellas de agua, promesas y agradecimientos trascendió hace tiempo las fronteras provinciales para convertirse en uno de los símbolos más reconocidos de la fe popular. Sin embargo, detrás de las multitudinarias peregrinaciones existe una historia que mezcla hechos históricos con las creencias transmitidas de generación en generación. 0264 Noticias realiza un repaso por la metamorfosis de uno de los símbolos máximos de la provincia, en la jornada del aniversario 464 de su fundación.

La versión que cuenta con mayor sustento ubica los hechos alrededor de 1840, en pleno contexto de las guerras civiles argentinas. En aquellos años era habitual que los ejércitos reclutaran hombres de manera forzosa para incorporarlos a las montoneras que combatían en los enfrentamientos entre unitarios y federales.

Tarjeta de Difunta Correa impresa en cartulina blanca,
con dibujos en color rojizo y guarda azul oscuro.

Según la tradición, Deolinda Correa vivía junto a su esposo, Clemente Bustos, en la zona de Angaco. Él fue llevado para sumarse a las fuerzas federales que marchaban hacia La Rioja, la mujer decidió seguirlo. Con su pequeño hijo en brazos emprendió una travesía por el desierto sanjuanino con pocas provisiones.

La leyenda sostiene que el agua se terminó y que murió producto de la sed, el hambre y el cansancio en una zona cercana a Vallecito, al pie de la Sierra de Pie de Palo. Al día siguiente, unos arrieros encontraron su cuerpo. Lo extraordinario fue que el bebé seguía con vida, alimentándose del pecho de su madre fallecida. Para miles de creyentes, aquel fue el primer milagro atribuido a la Difunta Correa.

Vista de la loma principal: a la izquierda el refugio para peregrinos
y a la derecha, gran cantidad de personas subiendo las escaleras.

 

La primera referencia histórica

Aunque la historia se transmitió oralmente durante décadas, existe una referencia documental considerada fundamental para reconstruir los orígenes. En 1865, el escritor Pedro Quiroga mencionó la existencia de una cruz ubicada en Vallecito a la que llamó "la milagrosa Correa".

Aquella cruz señalaba el lugar donde los viajeros identificaban la tumba de la mujer cuya historia comenzaba a expandirse por todo Cuyo. Para entonces, Vallecito era un paso habitual de arrieros y comerciantes que atravesaban una de las zonas más difíciles del territorio sanjuanino.

Pedro Zeballos y el nacimiento del santuario

El primer gran impulsor del lugar fue el arriero cordobés Pedro Zeballos. La tradición señala que durante un viaje perdió una gran tropa de ganado y, desesperado, se encomendó a la Difunta Correa. Luego de recuperar los animales decidió cumplir una promesa: en 1890 construyó una pequeña capilla de adobe sobre la tumba. Aquella obra marcó el nacimiento formal del santuario.

Postales de la fe sanjuanina: El constante andar de los devotos en las escalinatas de la Difunta Correa.

Con el paso de los años, la familia Zeballos continuó realizando mejoras y ampliaciones. Hacia 1910 ya existían modificaciones sobre la construcción original, consolidando el espacio que comenzaba a recibir cada vez más visitantes. Actualmente la denominada Casilla de Zeballos continúa siendo una de las estructuras históricas más importantes del complejo religioso.

Cuando la leyenda llegó al papel

Durante décadas la historia se transmitió únicamente de forma oral. Eso cambió en 1921 con la realización de la Encuesta Nacional de Folklore, conocida popularmente como Encuesta al Magisterio. Miles de docentes rurales de todo el país recopilaron relatos populares y, por primera vez, dejaron por escrito distintas versiones de la historia de la Difunta Correa.

Banderín y folleto que contiene la historia de la Difunta Correa que se vendían en el santuario de Vallecito. 

Los registros fueron clasificados como "tradición sanjuanina" y "tradición popular", convirtiéndose en uno de los documentos más importantes para comprender cómo la leyenda comenzó a expandirse más allá de San Juan. A partir de la década de 1930 también comenzaron a circular folletos, poemas y publicaciones en prosa que difundieron la historia por toda la región cuyana.

El crecimiento de la devoción

Luego del terremoto del 44’, apareció una de las primeras señalizaciones sobre la Ruta Nacional 20 indicando el ingreso al lugar donde se encontraba su tumba. Poco después, durante el gobierno de Ruperto Godoy, se sancionó la Ley 1300 que creó la Fundación Cementerio Vallecito en 1948.

A la izquierda, la antigua subida hacia la gruta; a la derecha, la capilla primitiva construida durante los años 60'

La norma permitió organizar las visitas, administrar las ofrendas y comenzar el proceso de expropiación de los terrenos. Tres años después, en 1951, la Ley 1731 consolidó la incorporación de esas tierras al patrimonio destinado al santuario. Por entonces todavía no existía una referencia oficial a la Difunta Correa.

El reconocimiento oficial y las primeras obras

Recién en 1962 el Estado provincial incorporó oficialmente el nombre Difunta Correa a la denominación institucional del sitio. Desde entonces comenzó a llamarse Fundación Cementerio Vallecito - Difunta Correa. La década también estuvo marcada por importantes obras de infraestructura.

Promesantes rinden homenaje en el santuario en Vallecito.
Una multitud rodea la primera capilla, mientras que fieles dejan ofrendas y botellas con agua en el histórico altar.

Durante la gestión de Leopoldo Bravo se inauguró en 1966 la Capilla Nuestra Señora del Carmen y la primera hostería destinada a recibir a los peregrinos que llegaban desde distintos puntos del país. El crecimiento de visitantes era constante y el lugar necesitaba cada vez más servicios.

Los años 70 y la transformación turística

La verdadera transformación urbana llegó durante la presidencia de Guzmán al frente de la Fundación Vallecito. Hasta entonces el denominado "Cuadro de Capillas" concentraba gran parte de las construcciones del paraje.

Fue en los años ´70 cuando comenzaron a levantarse las galerías comerciales, la feria y los primeros espacios pensados para ordenar el creciente movimiento turístico. Muchos historiadores consideran esta etapa como el momento en que Vallecito dejó de ser únicamente un sitio de devoción para convertirse también en un destino turístico-religioso de alcance nacional.

Las construcciones históricas que aún sobreviven

Dentro del complejo todavía se conservan algunas de las estructuras más emblemáticas de su historia. La Casilla de Zeballos sigue siendo el núcleo fundacional del santuario, tuvo varias modificaciones que permitieron que continué en el tiempo.

 A la izquierda, los fieles se reúnen ante la capilla rodeada de placas de agradecimiento;
a la derecha, los peregrinos ascienden la Loma del Milagro hacia la cruz mayor, dejando maquetas de casas.

A ella se suma un antiguo oratorio construido durante las primeras décadas del siglo XX, identificado por una particular estructura piramidal. La tercera construcción histórica pertenece a la familia Caputo, cuya restauración integral fue completada en 2023. Las tres edificaciones forman parte del patrimonio arquitectónico más antiguo de Vallecito.

De los años 80 al nuevo milenio

Tras la intervención de la Fundación durante la última dictadura militar, el paraje volvió a experimentar un fuerte crecimiento durante la década de 1980. En esos años se construyó el tradicional Bodegón, se ampliaron sectores hoteleros y se realizaron mejoras en las áreas de capillas y servicios.

En diarios: multitudinarias muestras de fe en el santuario de la Difunta Correa
coinciden con la intervención oficial de su fundación.

El siguiente gran hito llegó en 2010 con la inauguración del Museo de la Difunta Correa, un proyecto largamente esperado que permitió preservar documentos, fotografías, objetos históricos y testimonios vinculados con la evolución del culto. Durante la década siguiente también se ampliaron viviendas para trabajadores, se fortaleció la escuela local y se desarrollaron mejoras para la comunidad permanente del paraje.

La renovación del 2026

Después de la pandemia de Covid-19, la institución adoptó oficialmente el nombre de Fundación Difunta Correa e inició un ambicioso plan de modernización integral.

Las obras más importantes fueron inauguradas en marzo de 2026. Entre ellas se destacan, pavimentación de calles internas, iluminación LED en todo el predio, espacios de asadores, galpones equipados para visitantes con mesas, bancos y parrillas, además de un imponente escenario destinado a actividades culturales.

Vista de las nuevas obras de infraestructura, accesos y sectores inaugurados en el paraje durante marzo del 2026. 

También se construyó un puente peatonal que conecta el estacionamiento con el santuario, junto con nuevas veredas que mejoran la circulación y la seguridad de los miles de peregrinos que visitan Vallecito.

La investigación que busca descubrir quién fue realmente Deolinda Correa

Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de San Juan intenta responder una pregunta que lleva décadas abierta: ¿existió realmente Deolinda Correa? Según explicó el historiador Carlos Moreno, el trabajo comenzó hace poco más de un mes y medio y se concentra en la búsqueda de documentación histórica que permita verificar la existencia real de la mujer que dio origen a la leyenda.

Uno de los hallazgos surgió a partir de un diario sanjuanino de febrero de 1862. Allí aparece un aviso publicado por un hombre identificado como Baudilio Bustos Correa, quien publicó en venta una propiedad ubicada cerca de la actual Plaza 25 de Mayo. El apellido resulta relevante porque coincide con los atribuidos a los protagonistas: Clemente Bustos y Deolinda Correa.

Mientras miles de promesas y botellas de agua se acumulan en el emblemático altar de Vallecito, San Juan, un equipo de especialistas ha decidido cruzar más allá para conocer el verdadero origen.

A partir de ese descubrimiento, los especialistas comenzaron a rastrear documentación relacionada con las familias en San Juan, Córdoba y La Rioja. La investigación también se apoya en testimonios orales, archivos y referencias que sugieren que podrían existir documentos vinculados a la familia fuera de la provincia. Por el momento no existen pruebas concluyentes, pero las nuevas pistas abren una posibilidad inédita que tendrá respuestas con el tiempo. 

Mientras continúan revisando archivos en busca de respuestas, miles de peregrinos siguen llegando cada año a Vallecito convencidos de que la historia de la Difunta Correa trasciende cualquier documento. Para la fe popular, las certezas no están en los papeles, sino en las promesas cumplidas.

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