DÍA DEL PADRE
La historia de un papá sanjuanino que construyó una panadería familiar, la convirtió en legado para sus hijos y el regreso al lugar donde nació
Su relación con la panadería no comenzó por tradición ni por vocación. Fue por necesidad. "A mi vida, la panadería llegó porque tenia que trabajar para ayudar a mi familia", recuerda. Tenía 14 años cuando sus padres tuvieron que viajar a Buenos Aires para acompañar a una de sus hermanas por un problema de salud. Él se quedó en su casa, en el Barrio Rivadavia, justamente donde hoy funciona una de las sucursales de Panadería Romana.
con sus productos de calidad.
"Había que pagar el pasaje de la escuela y ayudar como sea. Ahí empecé a trabajar con mi tío en una panadería que estaba cerca de donde yo vivía ", cuenta. Durante seis años aprendió lo que era el oficio. Elaboraba pan, tortitas y masas, además de repartos por distintos negocios. Más adelante trabajó en una fotocopiadora junto a un amigo. Sin embargo, el destino volvió a cruzarlo con los hornos cuando conoció a Norma, quien años después se convertiría en su esposa.
Su suegro, Carlos, tenía una panadería en el Barrio Palermo y ahí comenzó una nueva etapa. Primero hacía repartos, luego trabajando junto a su cuñado, hasta que en el 2000 apareció la oportunidad de abrir su primer negocio. "Nos quedamos con Norma trabajando solos. Empezamos a elaborar nosotros y vendíamos por un portón, fue todo desde cero", recuerda.
dos personas que marcaron para siempre su vida.
En aquellos años aparecieron dos pilares en esta historia: Pepe y Yola. La pareja, que vivía en el lugar donde hoy funciona la sucursal de Avenida Libertador y Meglioli, les brindó un apoyo clave. "Nos dieron muchas manos. Si no tenés el apoyo de la familia es muy difícil que puedas hacer algo solo".
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Primero elaboraban en un galpón ubicado sobre calle Las Palmas. Luego, en 2004, cuando cerró la histórica Farmacia San Juan que funcionaba en la esquina, Pepe les propuso instalar allí la panadería. Ahí nació lo que es la primera sucursal. "Durante mucho tiempo fuimos la única panadería de la zona. Después empezaron a aparecer otras, pero nosotros ya estábamos acá", recuerda.
en lo que es la sucursal ubicada en Avenida Libertador y Meglioli.
El emprendimiento siempre tuvo una característica particular: un negocio familiar. "Mi mamá, mi papá, mi suegro, mis hermanas, mi cuñada. Siempre estuve vinculado a la familia y al trabajo", explica. Esa misma esencia terminó reflejada en el nombre del negocio. Romana nació a partir de los nombres de sus tres hijos: Rodrigo, Marcos y Ana.
Los tres crecieron literalmente dentro de la panadería. "Ellos se criaron entre bolsas de harina", cuenta Bernardo. Rodrigo, el mayor, comenzó a involucrarse a los 16 años, cuando sacó el carnet de conducir y empezó con los repartos. "Arrancó jugando, salía de la escuela y llevaba pedidos. Después decidió quedarse". "Marcos siguió el mismo camino, ayudando y colaborando. Entre juego y juego estaban adentro de la panadería". "Con el tiempo ambos decidieron apostar definitivamente al negocio familiar, lo tomaron con mucha seriedad y creatividad. Ahora son ellos los que muchas veces me enseñan cosas a mí", reconoce.
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La historia de Ana fue diferente, desde chica mostró interés por la repostería. "Con diez años ya estaba haciendo galletitas”. Ese interés la llevó a perfeccionarse profesionalmente. Estudió gastronomía, realizó una pasantía en Francia y trabajó en varios lugares vinculados al rubro. "Eso me llena de orgullo porque más allá de su formación profesional, sus bases estuvieron acá." Ana, además, conserva uno de los tesoros familiares más importantes: un cuaderno con recetas escrito a mano por una de sus abuelas. "Hoy sigue haciendo muchas de esas recetas que están escritas de puño y letra hace años. Eso también conectó a las generaciones."
siguen formando parte de Panadería Romana.
Bernardo asegura que nunca obligó a sus hijos a continuar el negocio. "Fue elección de ellos. Nosotros siempre les dijimos que, cualquiera fuera el camino que eligieran, tenían que intentar ser los mejores”. "Uno tiene la responsabilidad de que a sus hijos les vaya bien. No es solamente mi responsabilidad, es mi familia."
La pandemia volvió a poner a prueba esa capacidad de reinventarse. Con las restricciones que se presentaban durante el 2020, surgió una nueva idea. "No podíamos generar deudas. Teníamos que transformarnos". Así nació la sucursal de Pocito. Corrieron muebles de su casa, improvisaron un pequeño local y comenzaron a repartir pedidos. "Panfleteábamos los barrios y los clientes nos escribían por WhatsApp. Nosotros les llevábamos todo a domicilio."
se convirtió en lo que logró trascender con los años a sus hijos.
Para concretar ese proyecto tomaron una decisión: vender un terreno que Bernardo había heredado del “Toto”, su papá. Mucho más que un lote, era el lugar donde había crecido. "Era el fondo de mi casa, mi infancia estaba ahí. "Lo que parecía una despedida terminó convirtiéndose en otro capítulo inesperado. Años después, cuando decidieron abrir una tercera sucursal, encontraron en venta exactamente ese mismo terreno. "Lo más loco es que terminamos volviendo al lugar que habíamos vendido durante la pandemia."
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La nueva sucursal abrió sus puertas el 2 de mayo de este año, en calle Comandante Cabot y para Bernardo tuvo un significado muy especial. "Mi papá siempre quería que estuviéramos ahí". "Toto" atraviesa actualmente un delicado estado de salud, pero alcanzó a ver concretado ese regreso. "Se puso muy contento. A mí me dio una alegría enorme, pude encontrarme otra vez con amigos de toda la vida, con gente que sigue viviendo ahí. Volví a conectar con mi historia."
Aquella que marcó el regreso a sus orígenes en el Barrio Rivadavia.
En el Día del Padre, su reflexión resume el aprendizaje de todo lo que es su vida. "Hay que dejarse ayudar y escuchar a los más viejos. Yo tuve la suerte de tener muchos pilares que siempre me acompañaron. A mis hijos los dejo decidir y siempre los acompaño. Prefiero que se raspen a que se golpeen. Porque de ese raspón aprendemos todos.". "Hay que agradecerles a los viejos. Ellos siempre quieren darte lo mejor y verte bien. Yo recibí eso, intento transmitirlo y hoy, después de tantas vueltas, terminé volviendo al lugar donde todo comenzó."