2026-08-17

Crema del cielo

La historia de Cinthia, una mamá que convirtió su pasión por la pastelería en un sueño de vida

Ella es una mujer de 28 años que desde muy chica sintió una particular atracción por la cocina. Inspirada por su mamá, que preparaba cosas dulces para vender cuando ella era niña, comenzó a descubrir que detrás de cada receta había algo que contar.

Emprender para Cinthia Soria, era urgente. Con tan solo 22 años y en plena pandemia, necesitaba mantener a su pequeño de un año. Por eso buscó una forma de trabajar desde casa y, de la mano de una pasión que siempre había tenido por la pastelería es que comenzó a darle vida a un proyecto que con el tiempo se convertiría en Crema del Cielo. Seis años después, y con el apoyo de su pareja, Franco Valdivia, Cinthia continúa apostando por su emprendimiento, con el deseo de crecer y, sobre todo, de brindarle a su hijo las mejores comodidades y afrontar los gastos de sus terapias y acompañamiento escolar.

El nombre del emprendimiento tampoco fue elegido al azar. “Crema del Cielo” nació a partir de un recuerdo de su infancia: aquel helado que era su favorito y que todavía conserva en la memoria. Así, entre recetas, pedidos y envíos a domicilio, Cinthia comenzó a construir un camino que, con el tiempo, se transformaría en mucho más que una manera de generar ingresos.

Desde el comienzo tuvo un sueño claro: tener algún día su propia pastelería y cafetería. Pero hubo otro deseo de infancia que logró cumplir antes de lo esperado. “Siempre soñé también estar en la tele. Desde que era chica jugaba a que hacía recetas en la televisión”, contó. Con los años, esa fantasía se convirtió en realidad y comenzó a participar en un espacio de cocina en la televisión local, una experiencia que para ella significó demostrar que aquellos sueños que parecían lejanos también podían hacerse realidad.

Sin embargo, el camino no estuvo libre de dificultades. El crecimiento de la pastelería y la aparición de cada vez más emprendimientos hicieron que competir desde su casa fuera un desafío. La falta de ventas y la imposibilidad de invertir en un local llegaron a hacerla pensar en abandonar. “Te dan ganas de decir: ‘bueno, listo, no sigo con esto porque no tengo la plata para invertir en un local’”, reconoció. Pero su amor por lo que hace terminó pesando más: “Es tanto lo que a mí me gusta hacer esto que me motiva a decir, bueno, no, seguir intentando”.

Este año, además, una situación familiar volvió a ponerla frente a la necesidad de salir adelante. Santhino debía comenzar terapias que no eran cubiertas por su obra social y Cinthia necesitaba encontrar la manera de afrontar esos gastos. Fue entonces cuando decidió salir de su casa y llevar sus productos a distintos lugares, incluso al Parque, para venderlos. “No estaba preparada para el trabajo, pero había que salir a hacer algo”, explicó sobre aquel momento que volvió a darle impulso a su emprendimiento.

A lo largo de estos seis años, Cinthia también descubrió que el proyecto la cambió a ella. Hoy se reconoce con otra madurez y otra mirada sobre sí misma. Si pudiera encontrarse con aquella joven que comenzó en 2020, le pediría algo sencillo pero fundamental: que confiara más en sus capacidades. “Que se anime más, que no le dé vergüenza las redes o publicar o salir a vender por miedo a que no me compren. Que crea más en ella”, reflexionó.

Y en el centro de toda esta historia está Santhino, su hijo de 7 años. Para Cinthia, él no es solamente una parte de su vida, sino también una de sus mayores fuentes de inspiración. “El Santhi ocupa lugar en todo. Es el principal motor en la vida que yo tengo”, expresó. A través de sus propias luchas y de sus terapias, asegura que su hijo le enseñó a mirar las dificultades de otra manera y a entender que muchas veces existen más posibilidades de las que uno cree.

Hay un recuerdo que resume especialmente ese vínculo: Santhino acompañándola a vender. Madre e hijo recorriendo juntos las calles, llevando los productos de Crema del Cielo y compartiendo una parte de ese camino que comenzó cuando él todavía era un bebé. “Él más que nadie merece que a mí me vaya bien con el emprendimiento, para devolverle todo lo que él me ha ayudado”, sostuvo Cinthia.

Hoy, aquella joven que comenzó haciendo pastelería desde su casa durante la pandemia continúa construyendo su sueño. Gracias a su participación en los medios locales, conoció personas por su emprendimiento y aprendió a animarse un poco más. Pero todavía queda una meta por cumplir: tener su propio espacio. “Tener mi propia cafetería o pastelería, es el sueño que me queda”, afirmó.

Mientras ese día llega, Cinthia sigue amasando, horneando y saliendo a buscar oportunidades. Porque Crema del Cielo no nació solamente de una receta: nació de una pasión heredada, de la necesidad de una madre de estar junto a su hijo y, sobre todo, de la decisión de una mujer de apostar por sí misma incluso cuando las cosas no salían como esperaba. En sus redes sociales, pueden encontrar la pagina del proyecto con el perfil de @cremadelcielo.sj.

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