A UN MES DE LA TRAGEDIA EN VALLE FÉRTIL
La espera, el dolor y una última sonrisa: el recuerdo del jefe de la Dirección D7 tras 32 años de amistad y compañerismo con Germán Vídela
Ha pasado un mes, pero para quienes compartieron con Germán Videla buena parte de sus vidas, el tiempo parece haberse detenido en aquella jornada que terminó de la manera que nadie quería imaginar.
El 29 de julio, San Juan quedó atravesado por una tragedia aérea que se llevó la vida de siete personas que viajaban en el helicóptero. Entre las víctimas estaba el subjefe de la Policía de San Juan, Germán Videla, uno de los funcionarios que perdió la vida en el accidente.
A un mes de aquel día, el dolor continúa presente. Pero también aparecen los recuerdos, las anécdotas y las pequeñas escenas cotidianas que permiten reconstruir quién era Videla detrás del uniforme y del cargo que ocupaba.
Para sus compañeros, no era solamente el subjefe de la Policía. Era un amigo, un camarada y un hombre con quien habían compartido años de trabajo y de vida.
Así lo recuerda Ricardo Díaz, comisario mayor y jefe de la Dirección D7 (Tránsito y Seguridad Vial) de la Policía de San Juan, quien compartió con Videla desde los primeros años de formación en la Escuela de Policía.
“Germán ha sido una gran persona, un gran amigo, principalmente. Una persona muy humilde, muy empática con todos nosotros. Una persona a la que todo le costó mucho”, recordó Díaz.
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La amistad entre ambos comenzó mucho antes de que Videla llegara a ocupar el cargo de subjefe. Se conocieron cuando ingresaron a la Escuela de Policía, en 1994: “Nosotros iniciamos en la Escuela de Policía en una época donde estábamos internados, así que hemos vivido, hemos convivido y tengo muchas anécdotas de aquel tiempo”, contó.
Con los años, sus caminos volvieron a encontrarse en distintos destinos dentro de la fuerza. El último tiempo fue, quizás, el período en el que más cerca estuvieron por cuestiones laborales.
Videla había asumido una responsabilidad que demandaba dedicación permanente. Como subjefe, tenía bajo su órbita numerosas tareas y decisiones. Sus compañeros, según contó Díaz, intentaban acompañarlo y aliviar parte de esa "carga" desde cada una de sus funciones: “Tenía a cargo muchas cosas, entonces todos tratamos de simplificarle un poco la tarea haciendo cada uno lo suyo y estando permanentemente en coordinación con él”.
El recuerdo de Díaz también vuelve inevitablemente a las primeras horas de aquel 29 de julio trágico. Ese día el jefe de la Dirección D7 estaba de licencia, pero la noticia de que el helicóptero no había llegado a destino comenzó a generar preocupación. Al principio, como muchos, se aferró a la esperanza de que se tratara solamente de un inconveniente.
Según relató: “Fue la esperanza de decir: ‘Está bien, pasó un percance, pero quiera Dios que no haya sido algo grave. Que hayan podido aterrizar en un lugar, que estén necesitando ayuda, rescate’”, y agregó que su primera reacción fue llamar a Germán. “Inmediatamente, mi primera reacción fue llamarle, porque era el subjefe... Pero para nosotros ha sido, más allá de nuestro capitán, como dije ese día, ha sido un amigo. Una persona que estaba siempre dispuesta, siempre al servicio”, recordó.
Díaz intentó convencerse de que quizás Videla se encontraba en un lugar sin señal por eso no atendía las llamadas. Sin embargo, con el correr de las horas, la incertidumbre fue creciendo. Los compañeros comenzaron a comunicarse entre ellos. Algunos se trasladaron hacia la zona donde ocurrió la tragedia. Otros, como Díaz, emprendieron el camino con la intención de llegar y acompañar. Pero también entendieron que, en medio de una situación tan delicada, había que dejar trabajar a los rescatistas.
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Finalmente, llegó la noticia que nadie esperaba y que nadie quería recibir. Díaz expresó: “Fue un momento muy duro, nos quebramos entre nosotros. Porque nadie espera... Venimos todos los días a trabajar y nunca esperamos que vaya a suceder algo tan trágico”. Díaz además reconoció que la profesión policial tiene riesgos y que quienes la ejercen los conocen desde el comienzo. Pero saberlo no prepara a nadie para perder a un compañero de esa manera.
Al hablar de Videla, el jefe de la Dirección D7 de la Policía de San Juan repite una palabra: humildad. Aunque también habla de entrega, sacrificio, trabajo y vocación de servicio.
“Él se esforzó mucho y donde pasó siempre fue dejando bonitas huellas. Eso es lo más lindo. Más allá de lo que uno puede decir de sí mismo, lo que más importa es la impronta que uno deja en los otros”, sostuvo. Para Díaz, esa huella puede encontrarse en cada lugar donde Germán trabajó y en cada persona que tuvo la posibilidad de conocerlo.
“Uno conversa con cualquier persona que trabajó con Germán y te va a decir eso, que dejó bonitas huellas en su vida, en todos los lugares por donde tuvo paso”, afirmó.
Como amigo, lo recuerda de una manera diferente a la imagen seria y concentrada que muchas veces mostraba mientras trabajaba. “Siempre lo recuerdo con una sonrisa”, contó.
Videla era, según su amigo, una persona muy aplicada y responsable. Muchas veces estaba serio, concentrado y abocado a sus tareas. Por eso Díaz intentaba sacarle una sonrisa cada vez que se encontraban: “Siempre que nos juntábamos con él, intentaba sacarle una sonrisa con alguna broma, con algo... Siempre le decíamos algo. Y tuvimos muchas charlas lindas”, recordó.
Entre tantos recuerdos, hay uno que quedó especialmente grabado en la memoria de Díaz. Ocurrió pocos días antes de la tragedia, durante un acto en Jáchal, donde se reunió buena parte de la Plana Mayor de la Policía. Mientras se preparaban para el acto, Díaz ayudó a Videla a acomodarse una prenda del uniforme de gala, ya que sabía que su amigo era muy cuidadoso con su aspecto. Ese momento terminó convirtiéndose, sin que ninguno pudiera imaginarlo, en uno de sus últimos recuerdos juntos.
“Ese día estábamos todos conversando, riéndonos, recordando cosas, anécdotas de nuestro trabajo, de nuestro paso por la Policía. Y fue la última anécdota que compartimos riéndonos”, relató.
Después de la tragedia, Díaz volvió a ponerse aquel mismo uniforme, pero esta vez para despedir a su amigo: “Después se lo dije a su esposa cuando me tuve que volver a poner el mismo uniforme para ir a despedirlo. Eso fue muy duro”, contó.
Hoy, cuando piensa en Germán, intenta quedarse con aquella imagen. Con la sonrisa. Con la charla. Con la amistad. Con los años compartidos.
El dolor todavía está presente y Díaz reconoce que hay momentos en los que él y sus compañeros se quiebran. Pero también existe una convicción: "Continuar. Tenemos nuestro momento donde estamos más a solas o más quebrados, pero también seguimos con esta conciencia de que hay que seguir trabajando, que es el mejor homenaje que podemos hacer también para ellos, porque ellos perdieron su vida trabajando y ese es el legado que nos dejaron”, reflexionó.
Para Díaz, Videla dejó una enseñanza que trasciende su cargo y su uniforme: trabajar hasta el último día con compromiso y vocación. “Era un gran tipo. Realmente un buen amigo, un trabajador muy correcto y una persona que estuvo siempre al servicio”, lo definió.
Y frente a una pérdida que todavía duele, encuentra también un lugar donde apoyarse: sus amigos, su familia y su fe. “Estas cosas uno no puede vivirlas solo. Algo que me enseñó la vida y la fe es que uno debe apoyarse en Dios, en sus amigos y en la familia”, expresó.
A un mes de aquella tragedia que enluta a San Juan, el recuerdo de Germán Videla permanece entre quienes compartieron sus días con él. Permanece en los compañeros que lo acompañaron durante años, en las historias que todavía se cuentan, en las anécdotas de la Escuela de Policía, en las jornadas de trabajo y, especialmente, en esas pequeñas escenas que con el paso del tiempo adquieren un valor inmenso.
Para Ricardo Díaz, una de esas escenas será siempre aquella de Jáchal: un grupo de compañeros conversando y riendo, mientras él acomodaba el uniforme de Germán.
“Trato de recordarlo con una sonrisa, como él se sonreía ese día que yo le acomodaba el uniforme”. Y quizás allí, en esa última sonrisa compartida, se encuentre una de las formas más profundas de mantener viva su memoria.