OPINIÓN
¿Kamikazes en la política sanjuanina?
En los últimos días hubo al menos un par de hechos que ponen en relieve el esfuerzo que el Gobierno y el justicialismo tienen que hacer para mantener la buena convivencia política que rige hoy en San Juan. El primero que tensó la cuerda fue protagonizado por la cándida senadora sanjuanina Celeste Giménez, quien en declaraciones radiales dijo que “Milei y Orrego son lo mismo”. La frase, dicha en el contexto de una entrevista periodística, no cayó bien en ninguno de los dos bandos e inmediatamente fue minimizada por sus actores principales y hasta por los de reparto, buscando bajarle el tono a la afirmación. El segundo acontecimiento que provocó un leve sismo en el vínculo entre oficialistas y opositores fue un poco más subrepticio pero con potencial de daño cien veces mayor: una funcionaria de tercera línea se presentó en la Justicia denunciando irregularidades ocurridas en la gestión anterior. Habló de la plata que faltaba. Después, llamativamente (o no tanto), metió un escrito en Fiscalía argumentando que lo anterior había sido “sólo un error en el circuito administrativo” y que prefería llevar el tema en ese ámbito y evitar los tribunales. Lo importante ahora pasa por saber si los jefes sabían lo que iba a ocurrir o, como dicen, si ambas se mandaron solas. En política nada es casual.
Pero para llegar a esa conclusión habría que despuntar una pregunta más difícil todavía: ¿quiénes son los verdaderos jefes o jefas? Vamos por partes. La senadora sanjuanina es miembro de La Cámpora, como todo mundo sabe, el ala armada de la exvicepresidenta Cristina Fernández. Raro que el senador Sergio Uñac haya elegido a alguien de ese palo para semejante cargo, pero son las cosas de la política que luego, como ahora, son complejas de justificar. En el entorno del exgobernador la cuentan como una aliada más, o al menos eso quieren dejar traslucir públicamente, en un intento algo infantil, si se me permite la crítica, de ganar poder político. Más allá de las especulaciones en torno a Uñac el problema surge porque el senador quiere mantener el actual statu quo en San Juan y Cristina está apuntando cada vez con mayor violencia hacia el presidente Javier Milei y cualquier aliado de éste, como circunstancialmente le ocurre al gobernador Marcelo Orrego. Ahí hay un choque de intereses. Uñac quiere paz, Cristina quiere guerra. ¿Qué hace entonces Celeste Giménez? La respuesta es sencilla: lo que puede. A veces le responde a Uñac y a veces a Cristina, con las consecuencias que eso puede acarrear.
Por el lado del Gobierno también hay agujeros negros. La que presentó la denuncia contra la gestión de Uñac fue la directora del Registro Civil, María Verónica Benedetto. La dirigente es vicepresidenta del Pro sanjuanino, ¿otrora? mano derecha del exdiputado nacional Eduardo Cáceres. Benedetto dijo en Fiscalía que había notado un faltante de dinero, aparentemente, por la tramitación de pasaportes. Parece que indagó, la persona responsable no aparecía y, se cree, sin hacer ninguna consulta en altos mandos políticos, fue a la UFI Delitos Especiales y pidió investigar una posible transgresión contra la administración pública en la anterior gestión. Bomba atómica en medio de la paz. En el Pro sanjuanino, en el PJ y hasta en la Justicia dicen “se mandó sola”. Incluso en los dos partidos políticos agregaron un “no publiques por favor”. Agregan que la denuncia era “irrelevante”, por no mencionar otra frase menos radial. Es difícil de creer. Benedetto no es nueva en esta actividad y seguramente hizo el trámite de preguntar a un superior antes de avanzar, pero el problema puede surgir porque ese superior no sea el que todos creemos.
Para despuntar esa especulación podemos hacer miles más. Benedetto manejó la pobre campaña de Patricia Bullrich en San Juan, por ejemplo. Y, como en el PJ especulan con Giménez y Cristina, en este caso también se podría elucubrar que la actual Ministra de Seguridad de Milei se mete en la política sanjuanina. No hay que olvidar que Orrego jugó para Horacio Rodríguez Larreta en la interna del Pro porque seguramente en Buenos Aires no lo olvidan. De todas formas, lo anterior está más atado a especulaciones que a datos periodísticos. No es fácil conseguir información en Capital Federal, el lector comprenderá.
Por las dudas el viernes a las 12 Benedetto presentó un escrito en Fiscalía argumentando que “se ha podido advertir en la fecha, que los fondos objeto de la presente investigación han sido depositados, quedando solo determinar la documentación para poder rendir los mismos a Renaper, no existiría un perjuicio fiscal ni delito alguno, si no un error en el circuito administrativo que puede resolverse por la misma vía administrativa…”, dice el escrito al que pudo acceder este diario. Es decir, encontraron la plata pero no la documentación. Raro.
Para colmo de males todo ocurre en la antesala de lo que será la gran prueba de fuego para la buena convivencia entre orreguistas y uñaquistas. El Consejo de la Magistratura está terminando (si es que no lo ha hecho ya) las últimas entrevistas para armar las ternas para 21 cargos en el Poder Judicial de San Juan. Faltan algunos rezagados, y un par de inscriptos que, se cree, que se van a bajar finalmente, pero con plazos por respetar. Es decir, el embudo empieza a achicarse e inician las negociaciones políticas para las codiciadas designaciones en la Justicia. El PJ tiene mayoría en la Cámara de Diputados, pero el Gobierno reclama mando. Los aliados tiran del saco para obtener alguna que otra migaja. Todo se complejiza cuando se trata de sueldos vitalicios de dos, tres o cuatro millones de pesos; o más.
Es muy probable que Benedetto y Giménez no sepan el efecto que causaron en la convivencia política cuando hicieron lo que hicieron. Y es posible, aunque difícil creer, que ninguno de los jefes públicos de ambas dirigentes no hayan sabido lo que iban a hacer o decir. Los kamikazes de la Segunda Guerra Mundial actuaban bajo órdenes porque pertenecían a una unidad especialmente creada para tal fin; pero de vez en cuando aparecía uno que no estaba en las cuentas de nadie. Acá, nos quieren hacer creer que pasa algo similar.
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