2024-09-29

COLUMNA

Las elecciones en los Estados Unidos y los mitos en torno al voto latino

Hace exactamente veinte años el ensayista estadounidense Samuel Huntington publicaba su libro “¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense”. La obra, casi tan polémica y debatida como su antecesora “El choque de civilizaciones”, planteaba que el predominio de la cultura angloprotestante se encontraba desafiado por las nuevas oleadas de inmigrantes latinos y asiáticos; por la popularidad que doctrinas como el multiculturalismo y la diversidad estaban adquiriendo en los círculos intelectuales y políticos; y por la difusión del español como segunda lengua, con la consecuente hispanización de la sociedad estadounidense. 

Huntington se esforzaba por aclarar que reconocía que étnicamente los anglosajones podían convertirse en una minoría étnica, pero defendía la primacía de la cultura angloprotestante característica de los colonos fundadores. La entendía como moldeadora de una civilización exitosa, cuyos valores y pilares debían sostenerse.

La profecía de Huntington no ha hecho más que cumplirse en lo que respecta a los números, hoy los latinos constituyen la segunda minoría y aportarán 36 millones de votos en las próximas elecciones nacionales. La pregunta que queda pendiente es si esta minoría abrazará total o parcialmente los valores anglosajones o, si por el contrario, mantendrá firmemente sus valores, formas de vida y cultura de origen, lo que generaría un Estados Unidos “bifurcado”, uno de los posibles escenarios que planteaba el autor.

La lectura que se ha impuesto en el establishment intelectual, en el periodismo y en la opinión pública es la que hace referencia a la segunda de estas posibilidades, al punto de analizar el voto latino como si el mismo estuviese escindido de las problemáticas nacionales y solo atado a las coyunturas o necesidades que este grupo pueda presentar.

Esta interpretación ha terminado por consolidar lo que se podría llamar el “primer mito” del voto latino, y esta es la creencia de que el voto latino es absolutamente favorable al Partido Demócrata, mito sostenido por la creencia de que los migrantes latinos son mayoritariamente de centroizquierda y que los demócratas interpretan y resuelven mejor las necesidades de esta minoría, al tiempo que le brindan espacios para la participación política.

Sin embargo, atentan contra este mito las estadísticas. Los números demuestran que en las elecciones de 2020 poco más del 30% de los latinos votaron por el partido Republicano y que el porcentual se incrementó en las posteriores elecciones de medio término para renovar las cámaras.

Un ejemplo muy revelador del viraje de los latinos hacia la derecha lo tenemos en el caso de un representante por Texas, Ryan Antonhy Guillen, quien integraba el partido Demócrata. Guillen, de ascendencia mexicana, empezó a revelar posturas muy conservadoras, primero mostrándose partidario de que los latinos pudieran portar armas de fuego, y luego, lo que significó la definitiva ruptura con su partido, manifestándose decididamente en contra del aborto. El resultado fue que el representante abandonó a los demócratas y desembarcó en las filas republicanas con un 20% más de aprobación de la que tenía.

Hoy, si bien el voto latino se está poco a poco transfiriendo e identificando con los republicanos y con Trump, el sector que lo está haciendo es mayormente el de los hombres de mediana edad que trabajan, no es tan significativo en el caso de las mujeres y mucho menos en los jóvenes, los que prefieren ideas, como los debates de género, las luchas étnicas o la defensa del aborto, que están representadas por los demócratas. Las estadísticas actuales demuestran que el voto masculino de los latinos está dividido en partes iguales entre los dos grandes partidos, que las latinas votan a los demócratas en un 60% y que son los jóvenes los que le inclinan la balanza a favor de estos últimos. Como contraparte, el voto de los latinos con estudios universitarios se está volcando cada vez más hacia los republicanos, contrario a lo que se suponía.

El motivo del aumento progresivo del voto latino por los republicanos radica en una serie de factores: la creencia en que Donald Trump defiende mejor los intereses de los trabajadores; que los republicanos encarnan mejor valores compartidos por muchos latinos, como la propiedad privada, la libre empresa y las libertades individuales; y finalmente el crecimiento del voto religioso, donde el aumento de los sectores evangélicos neopentecostales y la aparición de líderes políticos republicanos muy religiosos, como el ex precandidato presidencial Marco Rubio, terminan representando mejor el voto “Biblia”. Hoy está muy difundida la idea de que el Partido Republicano, por conservador, suele defender mejor los valores religiosos que muchas familias latinas abrazan, como la condena al aborto.

Pero habría que detenerse en el primero de estos factores. El crecimiento del voto obrero latino a favor de Trump no es una exclusividad de este grupo étnico. No son solo los hombres latinos que tienen un empleo los que votan a Trump, este fenómeno alcanza a la población blanca de todos los Estados Unidos, al punto de convertirse en uno de los factores que explican la competitividad electoral del magnate.   

Otros de los factores que debe contemplarse del voto latino es su diversidad. Por ser una inmigración permanente, los latinos están marcados por las distintas realidades de sus países de origen y de sus pasados recientes. Por ejemplo, en los estados del sureste de los Estados Unidos, como Florida y Texas, el voto latino es masivamente republicano, ya que resulta de la llegada de inmigrantes cubanos -mayormente- pero también venezolanos y nicaragüenses. A estos inmigrantes, que han huido de países gobernados por dictaduras de izquierda, el partido que les ofrece el discurso más duro y atrayente con respecto a cómo tratar a los líderes de sus países de origen es el Republicano.

Por el contrario, el voto en la parte suroccidental, con estados como California, Nueva México, Arizona y Nevada, el voto latino es predominantemente mexicano, pero está acompañado por inmigrantes de otros países de América Central, como El Salvador y Honduras, e incluso del norte de Sudamérica, como Ecuador y Colombia, y en ese caso el voto es demócrata, al punto que el voto latino ha torcido, en décadas recientes, el destino político de Arizona y Nevada, estados antiguamente republicanos y que ahora son decididamente demócratas.

Un segundo mito a rebatir es la creencia que el voto latino es decisivo en las elecciones. Por supuesto que el voto latino no es desdeñable y muchos lo consideran muy importante a juzgar por las últimas y reñidas elecciones que se vienen sucediendo en el país del norte, como las de 2016 y 2020, pero en realidad solo representa el 14,7% del padrón. Su impacto es muy disímil ya que, como se puede apreciar, no es un voto compacto, siendo este voto muy importante en los Estados del sur, como en Nueva México -donde representa el 43% del padrón aproximadamente-, en California -el 31%-, Texas -30,5%-, Arizona -24%-, Florida -21%-, Nevada -20%-, Colorado -16%-, y en algunos estados del noreste, como Nueva Jersey -15,5%-, Nueva York -15%- y Connecticut, Rhode Island e Illinois -12%-.

Otro dato a tener en cuenta es que la dirigencia política latina en los Estados Unidos alcanza solo un 10%, una cifra baja si tenemos en cuenta que los latinos constituyen el 18% de la población. Sin embargo, en este contexto de relativa baja representación, el Partido Republicano tiene dirigentes latinos de mayor peso que el Demócrata, es el caso de los ex precandidatos presidenciales Ted Cruz y el ya citado Marco Rubio, pero también es verdad que los demócratas tuvieron en su anterior camada dirigencial -la de los Joe Biden, Nancy Pelosi y “Bill” y Hillary Clinton- al senador “Bob” Menéndez, recientemente caído en desgracia tras ser declarado culpable por haber aceptado sobornos pagados en oro y por no haber podido probar el origen de medio millón de dólares encontrado en su domicilio.

Hoy, hay motivaciones más grandes para explicar las tendencias del voto en los Estados Unidos. Por ejemplo el voto a Trump se explica mejor si se lo interpreta como la unión de los conservadores, entre los que se incluye el voto religioso y el de los identitarios que temen perder su histórico dominio desde la etapa fundacional, más el de los blancos marginados por el sistema económico, que ven en China y México la verdadera amenaza para los Estados Unidos. Los demócratas, en cambio, buscan más el voto definido por cuestiones étnicas y de género, pero el mismo no es suficiente para ganar una elección, por eso Biden, cuando era candidato, realizó múltiples actos para reivindicar a los obreros y el trabajo de los sindicatos con el único objetivo de buscar recuperar algún porcentual del voto de los trabajadores y evitar que mayoritariamente migre a Trump.

En definitiva, cada vez más el voto latino tiene que ser interpretado en el marco de los problemas reales de la economía y la sociedad estadounidense y dejar de ser leído en clave étnica.

 

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