2024-12-01

OPINIÓN

El odio que une a Milei y Cristina

¿Son más graves estos ataques del presidente Javier Milei y su entorno contra medios y periodistas que los que emprendía siendo presidenta o vice, Cristina Fernández? Mal de muchos, consuelo de tontos: no importa el nombre del violento, ni el género, lo que irrita y asusta a la vez, es que ejercen violencia cuando ostentan el cargo institucional más alto de la República. Si hay algo que une a estos dos personajes de la política argentina, es justamente, el evidente odio hacia la libertad de opinión y la comunicación crítica. Ella intentó amordazar empresas y hasta creó hordas de aduladores televisivos, financiados con plata del Estado. Él hace lo mismo, pero en formato redes sociales; una especie de modernización de lo que ella ya había iniciado. La violencia cibernética contra periodistas tras revelarse el evidente acuerdo político entre el Presidente y Cristina, expuesto desde hace semanas por profesionales con acceso a información de peso, es un clarísimo ejemplo de cómo la chusma oficialista ataca cuando el mensaje no les conviene o viene a destiempo de sus pretensiones. No agreden porque el periodista mienta, exagere o tergiverse, vicios conocidos entre los colegas, lo hacen porque no les resulta conveniente la hora o la forma en la que los periodistas exponen la mugre del poder. Para colmo de males todo ocurrió después de que Milei le gritara “¡Afuera!” a su Vicepresidenta, confinándola en el ostracismo de la casta, término maldito para estos fanáticos de la violencia. Los “Gordo” Dan de la retórica, los aburridos niños bien que, en lugar de ir al club a despuntar fanatismo, se quedan en casa a vapulear gente en redes, creyéndose hasta las propias mentiras. Una especie de La Cámpora sin más mística que la marca del celu, la remera ajustada con leyendas "freak", una extraña competencia por el trono de violento, y miles de likes como espada y escudo a la vez.

El tema es serio, más allá de la escasa seriedad de quienes empuñan el arma. ¿Arma? Sí, Daniel Parisini (Gordo Dan), habló de armas. Lidera un grupo armado, según sus propias palabras. En marzo, cuando se cumplían 100 días de la administración nacional, el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) dio a conocer que “4 de cada 10 ataques contra el periodismo habían sido promovidos por el jefe de Estado o por sus ministros”. En los primeros ocho meses de 2024 se registraron 29 casos de ataques en línea contra periodistas, lo que implica casi un tercio de los 92 hechos de violencia vía redes sociales registrados desde 2016. En lo que va del año, FOPEA ya registró 143 agresiones de distinto tipo a periodistas y Milei fue protagonista en el 26 por ciento de ellos. Es, largamente, el más violento contra las opiniones de los otros, después de las fuerzas de seguridad que solamente llegan al 10 por ciento de las denuncias. Al libertario le va costar superar a Cristina en este punto. Según FOPEA, entre 2011 y 2015, último período de ella como Presidenta, se registraron 757 periodistas agredidos. En la presidencia de Mauricio Macri, ese número desciende a 396 y luego asciende a 450 mientras gobernaron el país Alberto Fernández y, justamente, Cristina. El monitoreo se hace desde 2008, lo que impide hacer una evaluación del primer período de Cristina como Presidenta. Pero se puede afirmar que el segundo mandato de la esposa de Néstor Kirchner fue el más violento para los periodistas argentinos. Milei va camino a romper el sitial de lujo de la exvicepresidenta.

En San Juan también hubo asuntos turbios entre periodistas y políticos: ya fuera del sillón de Sarmiento, José Luis Gioja se enojó con DIARIO DE CUYO e hizo una conferencia de prensa para amedrentar al medio, cosa que finalmente nunca ocurrió, por suerte. Hay versiones de que él financió un bloqueo a la planta impresora del mismo medio, la única vez que el diario no fue repartido por canillitas, porque se vendió y agotó su tirada gracias a la gente que lo fue a comprar a las oficinas de calle Mendoza. Wbaldino Acosta le prohibió a Leonardo Domínguez entrar a Casa de Gobierno, mientras reemplazaba al destituido Alfredo Avelín. Al maravilloso Rolo Chifel le destrozaron la tumba de un ser querido y le dejaron notar que había sido por su trabajo profesional. Celia Illanes tuvo que dedicarse a otras actividades durante un largo tiempo porque Jorge Escobar la marginó de los medios. Y esos son solo algunos casos. Hay muchos más.

De igual forma, y aunque algunas manifestaciones del Presidente duelan y haya que insistir en que las cambie, todavía la Argentina es un lugar donde se puede desarrollar el periodismo de manera más o menos tranquila. Hay países de la región, como Perú sin ir más lejos, donde los problemas institucionales y de política han impedido muy puntualmente que los medios se desarrollen con la libertad que merecen y necesitan. Más o menos lo mismo pasa en México, o en Colombia, por ejemplo, donde los grupos paramilitares han secuestrado, torturado y matado periodistas. En Argentina hay de esos casos, pero no en la medida de otros lugares del mundo, por fortuna. En San Juan los problemas de censura pueden ocurrir por cuestiones vinculadas a la economía de los medios, pero la violencia no se ejerce a diario como en el resto del país. De hecho, el Monitoreo de FOPEA indica que en esta provincia no hubo una sola denuncia de este tipo. Acá no es la “vida o muerte” de otros lugares de la región.

A la casta de turno le molesta, probablemente, que los medios cuenten que hay un acuerdo entre Cristina y Milei para eliminar las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), para convertir al polémico juez Ariel Lijo en miembro de la Corte Suprema, o para que Martín Menem siga presidiendo la Cámara de Diputados. La sesión de Ficha Limpia, al margen de que el proyecto parece que tiene varios huecos inconstitucionales, fue tan vergonzosa como reveladora. Los ocho legisladores de la Libertad Avanza que no jugaron para el quórum y hasta el diputado que comió fiambres, se descompuso de la panza, y después medio mostró un certificado médico en tele para justificarse, quedarán en la memoria de la Cámara de Diputados de la Nación por décadas. Lo mismo que el llanto ficcionado de Lourdes Arrieta, la legisladora que nació en San Juan, pero gracias a Dios (para nosotros) representa al pueblo de Mendoza.  

En medio de tanta crítica hacia los periodistas de parte de las dos personas más votadas en el país en las últimas elecciones, bien vale la pena recordarle al público que cuando la oposición y el oficialismo negaban un acuerdo político entre Cristina y Milei, los medios siguieron mostrando señales de lo contrario, como corresponde al trabajo de los periodistas. Eso no se encuentra en redes sociales. Sólo ocurre con profesionales. De paso, no estaría mal que los diputados y senadores defiendan un poco la libertad de expresión. Como vamos, un día ellos no van a poder decir lo que quieran.

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