HISTORIAS
Nicolás, el jubilado que canta para llegar a fin de mes
Con más de 70 años, Nicolás Panella, artista callejero, cantor de la peatonal, tiene una sonrisa honesta y unos ojos que hablan. Su mirada pareciera decir que a veces es mejor sonreír, aunque cueste, y no obstante sean tiempos difíciles, mejor enfrentarlos con una sonrisa. Sí, eso dice, al menos para mí la mirada de Nicolás que, con guitarra en mano, de lunes a sábado por la mañana, canta en el principal paseo de compras de la Ciudad.
Nacido en Rosario, hace 12 años que vive en la provincia con su esposa, una sanjuanina que lo hizo elegir esta tierra como su nuevo hogar. Nicolás es uno de los casi 6 millones de argentinos (a marzo del 2024) que reciben su jubilación, aunque ambos, él y su esposa, cobran la mínima que, para febrero de este 2025, llegó a $273.086,50. Si hacemos números más finos, Nicolás es uno de los 279.874 pobres que viven en el Gran San Juan. Y es que el último informe del INDEC que figura en la página oficial del 1° semestre del 2024, en el Gran San Juan había un 50.5 % de pobres. Sí, dos puntos por debajo de la media nacional. Comparado con el mismo semestre del año anterior, que registró un 35.8% para el Gran San Juan, este ítem medido por el organismo oficial, significó que en un año la pobreza había crecido casi un 15%. Ese mismo informe estadístico oficial indica que durante los primeros 6 meses del año pasado, el 12.5 % de la población argentina con más de 65 años, era pobre y el 2.7%, indigente. De todos modos, Sandra Pettovello anunció antes de Navidad que un informe del Ministerio de Capital Humano que ella dirige, en el tercer trimestre del 2024 la pobreza había caído hasta el 38,9%. Los que no salieron de ese porcentaje que no muestra caras, ni sabe sus historias, son Nicolás y su esposa. Ellos siguen allí.
Entre tantos números sigo con este jubilado y su guitarra que canta “de todo, me gusta todo tipo de música”, nuevamente con una sonrisa dibujada en su rostro. Una caja de cartón sirve para juntar los billetes a sus pies, mientras suenan los acordes, y se escucha la letra de un valsecito criollo. Una señora detiene la marcha, abre la cartera y saca un billete. Entre la letra de la canción se escucha un “dios la bendiga madre” para seguir con los versos. El día que descubrí a Nicolás, hacía calor. Mucho. Casi todos caminaban con una botella de agua en la mano. Él también tenía una, de esas que se meten al freezer para que se hagan hielo, así el calor no le impedía seguir con su canto.
Reconociendo las dificultades económicas, casi para que no se escuche, el hombre dice que por esto también se vio obligado a salir a cantar. Porque con lo que gana en la peatonal con su música, más lo que suma junto a su mujer, así, solo así, llegan ambos a fin de mes. “Alquilamos, así que es difícil”. Y de vuelta me regala una sonrisa. Mientras lo escucho contar su historia, vuelven los números a la cabeza y pienso que, entre su esposa y él, con dos jubilaciones mínimas, no alcanzan la canasta básica total que, en diciembre, para una familia de 3 integrantes fue de $815.570. Y se me ocurre que los billetes que van dejando en esa caja, suman para el alquiler o para los 5 remedios de PAMI, que antes eran gratis y ahora no. Haciendo un móvil desde el local de avenida Córdoba y Mendoza para Demasiada Información, el programa radial de Julio Turcumán, hablé con varios jubilados que hacían el trámite para mantener remedios gratuitos o porcentajes de descuento. En promedio hablaban de gastos de 100 mil pesos al no tener ya la ayuda social. Todos tenían la mínima que, en diciembre, con bono incluido, llegaba $335.907.
Cuando le pregunté si estaba feliz y le gustaba cantar en la peatonal, nuevamente la curva de su sonrisa honesta, esa que se dibuja y achina un poco los ojos, volvió a aparecer para responder: “Me encanta. La gente me quiere mucho”.
Y así Nicolás, sin saberlo, me contagia la sonrisa. En medio del agobio del calor, del bullicio de la peatonal más el que habita la cabeza, me voy tarareando el valsecito criollo y pensando en su jubilación mínima, en su canto y en esa caja de cartón y esos billetes que allí dejan. Y me llevo grabada como un mantra esa sonrisa de mirada triste, porque estoy segura de que Nicolás, nunca se imaginó en su vida, agarrando su guitarra, cantando con su voz ronca, un valsecito criollo, solo para llegar a fin de mes.