2025-11-30

OPINIÓN

Milei debe saber que equipo que gana, no se toca

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Claudio “Chiqui” Tapia me hace acordar al José Luis Gioja de los casi 70 puntos en la elección a Gobernador de 2011. El exmandatario provincial creyó que podía hacer lo que quisiera luego de esa contienda histórica, pero el diario del lunes le daría con los años una sorpresa poco feliz. La siguiente cita electoral, la legislativa de 2013, fue 55,36 a 22,87, muy lejos del 68,16 por ciento de votos a los que llegó el peronismo giojista en ese histórico 2011. En 2015 Gioja ya no pudo ser candidato a Gobernador y de ahí el cuento conocido por todos. La AFA de Tapia ganó la Copa América de 2021, en 2022 la del mundo, y en 2024 se convirtió en bicampeón del continente. Cuatro años dorados, con la finalísima en el medio. Todo matizado con un detalle que, a esta altura, es la frutilla del postre: esa selección súper ganadora fue (y es, por suerte) conducida en la cancha por un joven Lionel Scaloni, blanco de despiadadas, tempraneras y erróneas críticas de casi todo el establishment del fútbol argentino, pero sostenido por Tapia; al inicio y ahora. Es decir, “Chiqui” ganó todo haciendo lo que quiso, algo que entrega un dato relevante de su personalidad. Es muy probable que este mandamás del deporte más popular del país haya creído que ese palmarés, el de los logros de 2021 a 2024, le regaló el peso suficiente como para hacer cualquier cosa; parecido, quizás, a lo que le pasó a Gioja. Incluso darle un título a un club entre cuatro paredes o desoír las incesantes críticas por armar un torneo con tantos equipos, cuando en el resto del mundo no es así. Tapia pudo haberse embriagado de poder y provocar la reedición de una vieja pelea. El enemigo, Javier Milei, olfateó sangre y va con todo otra vez. Para alquilar balcones.

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Para contextualizar: ¿qué es Argentina en el mundo del fútbol? Un informe de CIES (Centro Internacional de Estudios del Deporte) publicado hace poco por varios diarios de acá y otros continentes, ubican a la Argentina (2.171) en tercer lugar de los países con mayor exportación de jugadores, detrás de Brasil (3.020) y de Francia (2.293). Otro informe que pulula también en varios medios, aunque ninguno indica la fuente, asegura que esa cifra de exportaciones implica un mercado de unos 995 millones de dólares al año. Una locura. Todo el negocio de la vitivinicultura de Cuyo en 2024 exportó 936 millones de dólares, por ejemplo. El dato viene con yapa que hará enojar a más de uno: esa cifra de 2024 de la industria vitivinícola (936 millones de dólares) tuvo un crecimiento irregular en positivo del 15,2% con respecto a 2023. Es decir, normalmente no es tan alta. Algún economista podría decir que la comparación es muy caprichosa, y puede tener razón, porque ambas actividades, el fútbol y la producción vitivinícola no tienen nada que ver entre sí. El dato no es económico si no sólo a efectos de tomar envergadura de lo que implica esa pequeña porción del negocio del fútbol para Argentina. Contexto. Acá no están los ingresos por publicidad, streaming, televisación, marcas de ropa, y todo lo que el lector se imagine. Es un gigante en crecimiento, no hay dudas.

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Es probable que el interés del presidente Javier Milei tenga que ver con el poco manejo que tiene sobre esos miles de millones de dólares. Y es posible, casi seguro, que la resistencia de Tapia a las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) sea por lo mismo. Hay un dato que “salva” a Tapia. El sanjuanino nacido en Concepción, tiene a todo el ascenso a su favor. Viene de ese palo. Mira el interior, y sus decisiones así lo indican.

Ante los críticos, Tapia argumenta que este torneo de 30 equipos es más federal que uno de 20 como ocurre en Italia, España o Inglaterra. Los que están en su contra afirman que, al competir con organizaciones de inferior categoría, las marcas más grandes (River, Boca, Independiente, y otros) se erosionan y terminan bajando el nivel.

Pero, ¿cómo y por qué se llegó a este tipo de torneo? En 2015, tras un certamen corto de transición sin descensos, AFA decidió ascender a 10 equipos en una sola temporada, para formar una competición con 30 clubes y solo un campeón por año. Después hubo varios cambios en la cantidad de descensos y ascensos, lo que derivó en este torneo de 30 equipos que rige actualmente.

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En los últimos 10 años hubo 17 campeones: Boca (7 veces) y River (2 veces) son los más ganadores, pero también han llegado a lo más alto Lanús (Torneo Transición 2016), Racing (Superliga Argentina 2018/19), Tigre (Copa de la Liga 2019), Colón (Copa de la Liga 2021), Rosario Central (Copa de la Liga 2023), Estudiantes de La Plata (Copa de la Liga 2024), Vélez (Liga Profesional 2024), Platense (Torneo Apertura 2025) que venció a Huracán, otro “chico”, en una final. Y este Rosario Central de la polémica, que fue llamado oficialmente por AFA como “Liga Profesional Campeón Tabla Anual 2025”. Es decir, salvo Boca, que es el único de los grandes que demostró su poderío, los otros gigantes del fútbol argentino han aparecido muy poco, y son los más chicos los que tuvieron bastante protagonismo. Punto para Tapia, entonces, a no ser que se quiera centralizar también el fútbol solo en los más renombrados. Ojalá que no.

Para explicar por qué esta liga no despierta interés en el mundo, además del torneo “raro” que armó la AFA, habría que ir un poco más allá del fútbol y mirar la economía del país. Hasta hace pocos años, y ahora también, los empresarios debían hacer malabares para sacar dólares del país. Los vaivenes políticos y el mal clima social influyeron para que nadie quiera invertir acá, mucho menos venir a vivir. No pasa lo mismo en Brasil, por ejemplo, o Francia, que están más arriba en el podio de exportación de jugadores. En un artículo en el diario La Nación, el español Javier Tebas, presidente de LaLiga, fue muy crítico de Tapia: “Primero, lo que siento es pena. No entiendo cómo un país con tanta pasión, tantos aficionados y un sentido de pertenencia único, que no hay igual en el mundo, no tenga clubes con ese rendimiento para convertirse en potencia mundial. Argentina ha ganado la Copa del Mundo, eso es cierto. Pero esos jugadores deberían estar compitiendo en este país”, dijo el español. Y continuó: “Tendrían que estar entre las seis o siete primeras [ligas] del mundo. A mi consideración, algo no se está haciendo bien”. Es verdad. Pero todos, no solamente los que están vinculados al negocio. Hay un país que no hace fáciles las cosas y mucho más cuando el mercado está en otro lugar.

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La intromisión del Gobierno nacional en este asunto no es preocupación por la salud del fútbol que, por cierto, tiene muchas cosas por mejorar. Milei está  empecinado en que los clubes argentinos se conviertan en las SAD, abandonando las actuales asociaciones civiles que rigen a los clubes asociados en la AFA. ¿Cuál es la diferencia? Una asociación civil no busca ganar plata, las SAD sí.

Para recordar, el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) número 70 del 2023 del Ejecutivo nacional, modificaba dos puntos centrales en la dirección que Milei  quiere imponer: disponía que las organizaciones deportivas no podrán “impedir, dificultar, privar o menoscabar cualquier derecho a una organización deportiva, incluyendo su derecho de afiliación a una confederación, federación, asociación, liga o unión”. Además, el DNU obligaba a todas “las asociaciones, federaciones y confederaciones deportivas” a cambiar sus estatutos y a “adecuarse a los términos previstos por aquel”. En pocas palabras, las organizaciones del deporte tenían que cambiar los estatutos para permitir que un club conducido por una SAD sea parte de una liga.

A pesar de esa decisión, un juzgado Federal suspendió el efecto de los artículos del decreto. Después, una Cámara Federal, instancia superior, confirmó la resolución del juzgado. El Estado apeló nuevamente y el caso está a resolverse en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En resumen, hoy las famosas SAD están en veremos. No pueden entrar, pero albergan cierta esperanza en la decisión del politizado máximo tribunal de Justicia del país. Hay quienes piensan que el planteo del Gobierno es entrometerse en la vida de las asociaciones privadas y que, si hay algún cambio, deben ser los mismos clubes los que lo propongan. Y que ningún juzgado avalaría eso. Pero estando la Corte y el Gobierno en el medio, todo puede pasar.

Los actores de la reedición de esta historia, casualmente o no, estuvieron de un lado y del otro de la discusión de las SAD. Juan Sebastián Verón, presidente de Estudiantes, aceptó en su momento discutir la posibilidad de la existencia de las sociedades comerciales, en coincidencia con Milei. Lo que reavivó el fuego ahora es la sanción a Estudiantes por haber recibido a Rosario Central (campeón de escritorio de la AFA) de espaldas en un partido de primera división. Tapia dice que el título a Rosario se lo otorgó una asamblea, Verón que no se votó. Más allá de que haya sido como haya sido, desde afuera todo el entuerto se ve como pelea de egos en un almacén de barrio. Rosario Central fue el mejor equipo del torneo. Pero la forma no es la correcta. Tapia maneja la AFA como quiere, Verón insiste con el negocio del fútbol, y Milei quiere voltear un enemigo. En eso se resume todo este lío.

Si el presidente es investigado (más afuera que acá) por haber ayudado a una empresa fantasma de criptomonedas a estafar a miles de personas, es posible pensar entonces que está jugando a favor de algún capital extranjero o local que quiere meterse en el millonario negocio del fútbol argentino. La marca Selección Argentina creció en términos económicos como nunca en su historia. ¿Milei jugará para algún grupo empresario? Es llamativa su insistencia. Todos sabemos que Milei es un presidente al que le gustan las empresas y la plata. Y todos sabemos que de filantrópico tiene poco. Nadie cree eso de que con las SAD van a crecer los clubes, y que por eso es el interés.

Y hay otro punto que no hay que dejar de mencionar: el centralismo porteño. Ya conocemos los sanjuaninos de esa ambición de quienes viven cerca del puerto de Buenos Aires. Lo hemos sufrido con la minería, y desde hace mucho tiempo con la injusta distribución de recursos que hace el Gobierno federal, que no produce absolutamente nada y se lleva la tajada más importante. Mucho más ahora que ha dejado a las provincias a su suerte eliminando aportes para obra pública, salud, y muchas otras áreas. Si las SAD entran al país, como pretenden Milei y Verón, van a invertir en las marcas más importantes y dejarán en desventaja a los más chicos, y ni que hablar de los clubes del interior. “Todos tendrán que competir” dice Milei. Claro, para San Martín o Desamparados, por nombrar los más grandes de San Juan, será un placer competir con Boca o River, por ejemplo. Sin pensarlo demasiado, si ese formato triunfa, puede llegar a ser la muerte de los equipos del interior del país.

Y después está la política partidaria, que también separa a Milei de Tapia. El sanjuanino es peronista. No sé si kirchnerista. Jugó para el peronismo sanjuanino en la última elección y para Sergio Massa en la de 2023. Está volcado a ese palo. Fue basurero y gremialista. Es decir, más lejos del Gobierno nacional no puede estar. Tapia, del otro lado, quizás debería inclinar la balanza de los favores un poco más hacia la justicia. San Juan lo vivió: con un estadio diminuto de 25.000 personas, esta provincia recibió un Argentina-Brasil, con Messi y Vinícius Júnior, por Eliminatorias. Eso no lo paga la plata, que la hubo seguramente. Ahí hay otras cosas. Para que el negocio funcione, es probable que Tapia deba ganarse menos enemigos y hacer esperar a los amigos.

En definitiva, muchos creíamos que el fútbol era de lo poco que funcionaba bien, pero apareció Milei para complicarla. Es tierra desconocida para la Presidencia esto. Messi y compañía ya le dijeron que no a un presidente y eso marcó un futuro. Puede volver a pasar. Es una carta que el sanjuanino juega cuando quiere. Si el presidente es futbolero sabe que equipo que gana no se toca. Más bien hacerse amigo.

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