A 50 años del golpe
El plan de represión ilegal: un combo letal de tareas de inteligencia, detección de blancos y detenciones clandestinas
La columna vertebral del plan sistemático de represión ilegal y extermino de la última dictadura fue lo que se denominó "Comunidad informativa”, un órgano que funcionó con el concepto de “accionar conjunto” de todas las fuerzas armadas y de seguridad, bajo “el control operacional del Ejército Argentino” y que estuvo bajo el mando de Jorge Antonio Olivera. Tal mecanismo aglutinó las tareas de inteligencia y sirvió para la detección de “blancos” y disparó las detenciones clandestinas de miembros de la organización Montoneros, dirigentes políticos, gremiales y universitarios.
La piedra basal del sistema de represión fue detallada durante los tres megajuicios por delitos de Lesa Humanidad que se llevaron adelante en la provincia, cuyo último proceso finalizó hace dos años y medio.
Luego de que se produjera el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, del cual se cumplen 50 años, San Juan conformó el área 332, bajo la órbita de la Subzona (33), con sede en Mendoza, y de la Zona de Defensa 3, en la que el máximo mando correspondía al general Luciano Benjamín Menéndez. El centro de ejecución fue el Regimiento de Infantería de Montaña (RIM) N°22, cuya autoridad era el coronel Juan Bautista Menvielle.
En ese marco, operó la llamada “Comunidad informativa”, cuya cabeza era el Servicio de Inteligencia (S2) del RIM 22. Bajo la premisa del “accionar conjunto”, se nutrió de los aportes que brindaba el Departamento de Inteligencia (D2) de la Policía de San Juan. Su contribución no fue menor, ya que brindó información ligada al seguimiento militantes políticos, gremiales y estudiantiles para identificarlos como “enemigos”.
El órgano también contó con el apoyo de fuentes que provenían de la Policía Federal, del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE) y el Destacamento de Inteligencia 144, con base en Mendoza.
Con el entrecruzamiento de información, se identificaban los “blancos” y se llevaban a cabo los operativos de detención. Como sucedió en todo el país, los procedimientos se hacían mayoritariamente de noche y en la clandestinidad, por grupos de tareas conformados por miembros de las distintas fuerzas. Los secuestros se efectuaban sin orden judicial y las víctimas eran maniatadas, vendadas y encapuchadas (tabicamiento), con el objetivo de evitar la identificación de los captores.
Así, los detenidos eran llevados a distintos Centros Clandestinos, en los que la tarea central del Ejército era realizar interrogatorios para obtener información, la que se compartía en la “Comunidad informativa”. De esa forma, se disparaba nuevos secuestros.
Otras fuentes de información surgían de tareas de inteligencia con infiltrados en la Universidad Nacional de San Juan y el seguimiento de vehículos para detectar encuentros de los miembros de agrupaciones o de la organización Montoneros. También se interceptaba la correspondencia y el correo en Encotel (Empresa Nacional de Correos y Telégrafos).