A 50 años del golpe

Los Centros Clandestinos de Detención y Tortura que operaron para el “ablandamiento” y “la disposición final”

El Penal de Chimbas, La Marquesita, la ex Legislatura, el RIM 22 y la Central de Policía fueron los lugares utilizados durante la última dictadura.
Temible. La Marquesita se convirtió en el más tenebroso Centro Clandestino de Detención durante la dictadura. Fue señalizado como tal en 2013.
Temible. La Marquesita se convirtió en el más tenebroso Centro Clandestino de Detención durante la dictadura. Fue señalizado como tal en 2013.
martes 24 de marzo de 2026

Luego de las detenciones ilegales, los militares utilizaron Centros Clandestino de Detención y Tortura para “ablandar” a los “subversivos” y militantes para obtener información y, en los casos más salvajes, ejecutar la “disposición final”, la desaparición y el asesinato.

Entre esos centros, uno de los principales fue el propio Penal de Chimbas, en el que los apresados pasaron mayor cantidad de tiempo. En el pabellón 5, en un inicio, estuvo destinado a los detenidos políticos, muchos de los cuales fueron funcionarios del Gobierno derrocado y dirigentes gremiales. La custodia estuvo en manos de la Guardia de Infantería y su control fue definido como “menos riguroso”.

Lee también: La investigación y los megajuicios por delitos de Lesa Humanidad, sus protagonistas y los condenados

En cambio, el pabellón 6 albergó a los que se calificaban como “delincuentes subersivos”, cuyas condiciones de alojamiento eran de mayor dureza, dado que eran llevados a celdas individuales, la incomunicación era total durante meses y se les prohibía hablar.

Filtro. La ex Legislatura provincial también funcionó como Centro Clandestino de Detención. Actuó de filtro antes de la clasificación de los detenidos.

 

Pero, eso no era todo, ya había salas y lugares que tenían como fin los interrogatorios bajo tormentos, que se denominaban “La Escuelita”, “El Locutorio” o “La Biblioteca”. Dichos recintos estaban ubicados en el primer piso, cerca de la cocina o la administración. Los presos comunes debían limpiar la sangre de esas habitaciones y escuchaban los gritos de las sesiones de tortura, pese a que trataban de taparse con música a un fuerte volumen.

Ahora, el centro de detención definido como el de la etapa “más oscura” de la represión fue La Marquesita, el predio militar ubicado en las inmediaciones del RIM 22. Se utilizó con mayor frecuencia en la segunda mitad de 1976 y se caracterizaba por su absoluta clandestinidad, sin ningún tipo de registro oficial y con guardias que actuaban de civil.

Lee también: El plan de represión ilegal: un combo letal de tareas de inteligencia, detección de blancos y detenciones clandestinas

Fue señalado como el lugar de exterminio, en el que se decidía la desaparición o la ejecución de personas. De acuerdo a los fallos, se utilizaban carpas de campaña y construcciones precarias para las torturas más salvajes antes de la “disposición final”. El caso más emblemático fue el de la joven franco argentina Marie Anne Erize, quien es una de las desaparecidas en San Juan.

Además, el propio RIM 22 funcionó como el primer lugar de “ablandamiento” e inteligencia para obtener información. Muchos secuestrados arribaron para las sesiones de tortura. Eran alojados en calabozos de la entrada o “cuadras”, galpones originalmente destinados al alojamiento de la tropa. Ingresaban vendados y atados, y eran sometidos a la “parrilla”, una cama metálica para electrocución y a simulacros de fusilamientos. Luego de pasar por la sede del Ejército, el prisionero era liberado o enviado al Penal.

Como una ironía del sistema democrático, la ex Legislatura provincial, ubicada en las inmediaciones del Parque de Mayo, por calle Urquiza, también fue base de un Centro Clandestino de Detención. Se la usó “intensamente” en las semanas posteriores al golpe del 24 de marzo y servía como una especie de lugar de filtro o derivación. Los testimonios reflejaron un trato degradante, donde los detenidos eran arrojados como “bolsas de papas” en salones amplios, a los que no les daban comida ni agua y sufrieron los primeros interrogatorios violentos antes de ser “clasificados” y trasladados.

La investigación también reveló que la Central de Policía y, específicamente, el Departamento de Informaciones Policiales (D2), también fueron parte de escenarios de interrogatorios bajo tormentos. Incluso, los fallos indicaron que en las oficinas del D2 se cometieron abusos sexuales y violaciones a mujeres. El lugar tuvo un rol inicial antes del golpe.

Las sentencias también reflejan otros lugares más precarios y brutales de represión, llamados La Ripiera y el Polígono de tiro en Zonda, en el que se dispuso una estructura de chapa de zinc para torturas.